Tienen mayores ingresos, más posibilidades de educación, son más reconocidas… el cuidado de la casa les ocupa mucho menos tiempo que antes, disponen de más tiempo libre para sus aficiones, pueden salir frecuentemente, existen muchos más satisfactores, trabajan profesionalmente, pueden votar y ser elegidas para cargos públicos, hay más igualdad, están “liberadas”, pero las mujeres son menos felices ahora que antes.
Así lo comprueba el estudio Las paradojas del declive en la felicidad de las mujeres, realizado por dos economistas de la Wharton School en la norteamericana Universidad de Pennsilvania.
Hace años, las mujeres norteamericanas declaraban ser más felices que los hombres de aquel país. Actualmente, los hombres declaran ser felices en un grado superior a como lo hacen las mujeres norteamericanas.
El estudio de Betsey Stevenson y Justin Wolfers se hizo en base a encuestas realizadas en los Estados Unidos y en Europa en las que se preguntó si están satisfechas o descontentas con su trabajo, su familia, su situación económica y con otros aspectos de la vida.
Las conclusiones son claras: aunque hayan mejorado las condiciones de educación, de desarrollo profesional, de ingreso, de aceptación social, las mujeres se sienten menos felices ahora de lo que eran hace décadas.
Aunque el estudio en sí no da mayores explicaciones a la insatisfacción de las mujeres que se traduce en infelicidad, algunos comentaristas en medios norteamericanos han profundizado en las causas de la felicidad en declive.
Hacer compatibles el trabajo con la familia
Ross Douthat dice en The New York Times que a la vista del estudio, tanto las corrientes progresistas como las conservadoras pudieran estar de acuerdo en dos cosas: en que es preciso esforzarse para que sea más fácil hacer compatible el trabajo y la atención a la familia, lo que en la actualidad constituye una fuente de frustraciones para muchas mujeres; y la otra es el hecho de que al haber menos matrimonios con padre y madre, las madres se ven obligadas a educar solas a los hijos y en muchos de los casos a sostener el hogar, lo cual las agobia de ocupaciones.
El individualismo nos dejó más solas
La psicóloga Lisa Graham McMinn estima que la menor felicidad de las mujeres guarda relación con las altas expectativas que generó el movimiento feminista y sus interpretaciones que han llevado a un excesivo individualismo.
“Compramos la idea de que merecíamos una vida fácil y feliz y ejercimos el derecho a ser todo lo que quisiéramos ser con tal de sentirnos realizadas. Incluso aunque eso nos llevara a romper compromisos, a dejar relaciones y a apartarnos de la Fe en que crecimos. Sin embargo, este enfoque individualista no nos hizo felices, sino que nos dejó más solas.”
Ayudar a otros: la liberación que sí hace feliz
Para alcanzar una realización personal que lleve aparejada la felicidad, Graham McMinn propone un modelo de realización personal que tenga como eje la ayuda a otras personas. “Coincido, dice, con los pensadores de la Ilustración en que hay que liberar a todos los miembros de la sociedad para que puedan desarrollar sus posibilidades, y coincido con el movimiento feminista en que esta liberación incluya a las mujeres. Pero el individualismo sólo redime cuando se admite que el deseo de realización personal va unido a la idea de hacer algo bueno por los demás".
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