Si Usted pasó la Navidad en casa, rodeado de personas a las que quiere, con el afecto y las llamadas o mensajes de personas que lo tienen presente, es un afortunado.
Hay muchas otras personas para quienes estos días de intensa carga emocional y de convivencia solamente agudizan su sufrimiento a causa de lo que es su principal problema: la soledad.
Quizá en algún momento de la vida todos nos hemos sentido solos, sin alguien a quien acudir en petición de ayuda o sin alguien quien nos escuche, pero eso ha sido una situación pasajera. Cuando la soledad se vuelve crónica, entonces muestra su peor cara.
Hay personas poco sociables, o que quizá disfruten de ratos de tranquilidad en los que el hecho de estar solas les permita trabajar mejor, disfrutar de la música y la lectura o descansar. En ese caso, unos minutos de soledad pueden llevar a encontrarse consigo mismo, a tener una cierta sensación de libertad. Pero los seres humanos somos por naturaleza sociables y siempre se requiere de la relación con otras personas.
Una cosa es estar solo y otra muy diferente, sentirse soloAdemás, una cosa es el hecho de estar solo, es decir, que no se tenga compañía, y otra muy diferente es el sentirse solo. La primera es fácilmente comprobable pero cuando hay la sensación de que se está solo, ello implica un elevado grado de subjetividad.
Cuando una persona no desea estar sola y diversas circunstancias la obligan a estarlo, puede venir un sentimiento de frustración, de tristeza al pensar que no le importa a nadie, y aún de angustia.
¿Qué hacer contra la soledad?
Cuando no se trata de un tipo de soledad estrictamente objetivo en el que una persona no tenga físicamente quién le haga compañía física, los especialistas recomiendan en primer lugar fomentar esa especie de redes de apoyo que son las relaciones para conseguir que pasen a ser amistades.
Después, mientras más contacto y más trato se tenga con más personas, será más difícil sentirse en soledad. Claro que hay diversos tipos de contactos con una profundidad diversa: desde los superficiales que implican las relaciones de negocios o sociales, hasta las relaciones de amistad sólidas que son las que tienen mayores posibilidades de perdurar en el tiempo y aún a la distancia.
Sin embargo, los estudiosos de la conducta humana reconocen que la verdadera forma de acabar con la soledad es interesarse realmente por los demás, salir del aislamiento, trabajar en iniciativas con altos ideales y pensar más en lo que les hace falta a los demás que en lo propio.
Curiosamente, la mejor forma de vencer la soledad es romper el interés inmediato por lo propio para interesarse y ocuparse en solucionar lo que inquieta a los demás.
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