Ante las circunstancias más adversas en lo económico, lo político y lo social, tres hombres optimistas y visionarios intuyeron la oportunidad y cambiaron su entorno en unos pocos años.
Aquello era un desastre: no sólo la economía estaba por los suelos sino que las fábricas y los medios de producción estaban destrozados. La infraestructura de comunicaciones no existía, escaseaban los alimentos, los capitales se habían dispersado, la confianza estaba rota…
En aquella gran crisis, hubo tres amigos que vieron oportunidades. Y cincuenta años después, el sueño se ha traducido en realidades patentes.
Robert Schuman, un francés que entendía a Alemania
Schuman nació en Luxemburgo con nacionalidad alemana ya que su padre era originario de la región de Lorena que había sido anexionada a Alemania.
Estudió Derecho en Bonn, Munich, Berlín y Estrasburgo. Después de la Primera Guerra Mundial y la derrota alemana, las regiones de Alsacia y Lorena regresaron a ser parte de Francia, y Schuman tuvo su primer cargo público: diputado en el Parlamento francés.
A pesar de que se consideraba como “francés de corazón”, Schuman conoció como pocos la lengua y la cultura alemana.
De Gasperi, un héroe italiano
Alcide de Gasperi nació en Pieve Tesino Trento, que entonces formaba parte del Imperio Austrohúngaro, aunque en la zona se hablaba italiano. Estudió en Viena y conoció a fondo la cultura austriaca, aunque encabezó el movimiento de anexión a Italia. Cuando al final de la Primera Guerra Mundial la región trentina se une a Italia, de Gasperi es aclamado como un héroe.
Konrad Adenauer, alemán abierto a Europa
Konrad Adenauer nació en Alemania y vivió siempre en la región del Río Rhin que es uno de los ejes europeos, razón por la que pudo conocer la cultura de otros países.
Estos tres hombres tienen en común el ser los padres de la Europa actual, y recientemente, al cumplirse los primeros 50 años de la Comisión Europea, fueron muy recordados por la visión y por haber puesto las bases de una comunidad de países que luego de ser enemigos irreconciliables, se convirtieron en socios sin fronteras.
Tuvieron muchas cosas más en común: sufrieron en carne propia la prisión, el desprecio y la persecución. Sin embargo, tal vez a causa de ello mismo, desarrollaron ideales de paz, de unidad entre personas y pueblos, y de fraternidad.
La prueba de la prisión
A Schuman lo encarcelaron durante la ocupación alemana de Francia, pero al haberse ganado el respeto de sus opresores, le permitieron leer. Cuando le propusieron dejar la prisión para vivir aislado en un pueblo, a condición de que diera su palabra de que no intentaría escapar, su respuesta fue “haré todo lo posible por escapar”, lo que finalmente hizo.
Paso tres años en la clandestinidad, pero lejos de guardar rencor a los alemanes trabajó en estructurar la futura amistad entre Francia y Alemania.
“Quien siembra con lágrimas cosechará cantando”
De Gasperi estuvo varias veces en la cárcel. La primera de ellas a raíz de un enfrentamiento entre estudiantes italianos con alemanes. Durante la Primera Guerra Mundial estuvo desterrado y proscrito y en el régimen fascista de Mussolini fue condenado a cuatro años de prisión. Su lema en ese tiempo fue “Quien siembra con lágrimas cosechará cantando” y desarrolló la doctrina de que la fraternidad sería la premisa básica de una Europa Unida.
“Disminuídos, pero no aniquilados”
Adenauer fue a dar a una celda por primera vez cuando era alcalde de Colonia. Le confiscaron su casa y lo declararon “enemigo del pueblo.” Años después, los nazis lo detuvieron nuevamente luego de un atentado contra Hitler.
Al terminar la guerra fue de nueva cuenta alcalde de Colonia, pero la administración inglesa lo destituyó y lo calilficó de “alcalde indigno”. Su reacción ante esas dificutades siempre fue optimista y la frase “Disminuídos, pero no aniquilados” se convirtió en su lema de trabajo.
Otras características comunes a los tres fueron el sentido del humor, la sobriedad y la humildad. No buscaron enaltecerse a sí mismos, fueron austeros en sus gastos personales y en los gastos oficiales, supieron reconocer sus errores, disculparse y rectificar el camino.
Convertir en hermano al enemigo
Todo parecía estar en contra, pero aquellos tres amigos no se dieron por vencidos.Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, Schuman promovió que el Consejo de Ministros de Francia aprobara una iniciativa hasta entonces impensable: encargar la producción francesa y alemana del carbón y del acero (insumos estratégicos y básicos para la industria pesada y para la industria de la guerra) a un Comunidad que se abriera a otros países y que fuera administrada por una autoridad común. Schuman gozaba de tal prestigio que todos le decían “Usted puede proponer lo que quiera, que siempre le creerán”.
Al conocer la iniciativa, Adenauer afirmó que el plan Schuman correspondía plenamente a sus ideas, ya que “tenemos el deber de consagrar nuestras fuerzas espirituales, morales y económicas a la creación de una Europa que sea elemento de paz.
Por su parte, De Gasperi y el gobierno de Italia manifestaron su adhesión al plan en cuestión de horas.
Aquellos tres amigos que vieron al futuro sin importar las dificultades del presente, sentaron las bases de una comunidad de paz, de crecimiento económico compartido y de un gran desarrollo para todos los países miembros.
La situación era un caos en la posguerra. Todo parecía estar en contra, pero aquellos tres amigos no se dieron por vencidos. |