Si don Miguel logra que su trabajo prospere, dentro de poco desde Peñuelas pudiera estar exportando a Canadá y a España juegos de 16 piezas con las que es posible armar más de 200 imágenes diferentes. Sin embargo, el sueño de este hombre no se queda ahí, pues también aspira a que sus cubos lleguen a figurar en el Récord Guinness.
Cuando don Miguel, se retiró en el 2003 del trabajo que durante 26 años desempeñó en diversas aduanas y agencias aduanales del país, buscó dónde emplearse en Peñuelas Aguascalientes donde ha vivido desde hace muchos añños, pero nadie lo contrató. “Una noche soñé cubos pintados con colores muy vivos que se movían por el cielo y formaban figuras. Me levanté y los dibujé en un papel. Subí a la azotea, donde tenía algunos tiras de madera, y corté cubitos. Como quería representar los cubos que vi en el sueño, los pinté a mano, los moví de un lado a otro y formé con ellos diferentes figuras”, recuerda.
Empezó a vender sus juegos de cubos por 10 pesos a los niños de Peñuelas, y un padre de familia le sugirió que se acercara al gobierno para solicitar apoyo.
Apoyo del Servicio Estatal de Empleo
En un “miércoles ciudadano”, frente a un funcionario,Don Miguel Angel Herrera armó varias figuras con sus cubitos. Días después le llamaron del Servicio Estatal de Empleo y le pidieron que se presentara en Palacio de Gobierno. Como no le dieron explicación alguna, su sorpresa fue grande cuando le informaron que se le entregaría maquinaria y equipo para desarrollar su proyecto. Corría el año del 2004.
Contar con un compresor, una sierra y un aerógrafo le permitió aumentar su producción diaria de 2 a 10 rompecabezas, que para entonces ya vendía a 150 pesos cada uno.
Fue entonces que su hija, quien entonces estudiaba cerca de Monterrey, le pidió que se fuera a vivir con ella. Don Miguel preguntó al Servicio Estatal de Empleo del estado de Aguascalientes si podía llevar con él la maquinaria. Le respondieron que no era posible porque estaba dada en comodato.
En Monterrey entró a trabajar en una carpintería, y con los sobrantes de madera siguió haciendo sus cubitos los fines de semana. Un día llegó al negocio una clienta. “¿Qué son?”, le preguntó al ver las 16 piezas. El le mostró cómo se podían armar con ellas hasta 200 figuras diferentes.
En el Festival de Ciudades Hermanas
Días después, “vino a la carpintería un licenciado, y me dijo que era esposo de esa señora. Se presentó como el titular de Relaciones Exteriores. Me dijo que fuera a Turismo de su parte para que me invitaran al Festival de Ciudades Hermanas que se iba a realizar en Laredo, Tejas”.
Para esas fechas, don Miguel trabajaba ya en una imprenta, cuyos dueños le habían asegurado que le apoyarían con su proyecto. El negocio desapareció de un día a otro, pero él ya había aprendido mucho de lo relacionado con la serigrafía.
En enero del 2006, se instaló en el Civic Center del Festival de Ciudades Hermanas, y cuando la alcaldesa de Laredo pasó frente al puesto donde él estaba, se detuvo a observar las piezas de vivos colores. El le mostró las diferentes figuras que podían armarse con sólo 16 cubos. “Ella comentó que las quería para todo el sistema educativo de Laredo”.
Imposible conseguir un crédito
Minutos después se presentó la secretaria de la alcaldesa. Entre las cosas que le dijo estaba aquella de que para vender al gobierno, el producto debía estar patentado. Como no era el caso, ya de regreso en Monterrey, don Miguel se ocupó en tramitar la patente y en conseguir un crédito para aumentar la producción.
Como no tenía una empresa formalmente constituida y tampoco poseía bienes raíces, le fue imposible obtener un préstamo bancario. Al ver que nada podía hacer en este sentido, se regreso a Peñuelas en agosto del 2006.
Ya en Aguascalientes, contactó al Servicio Estatal del Empleo, pero ahí le dijeron que no podían apoyarlo por segunda ocasión. Le sugirieron ir al Fondo Aguascalientes, pero aquí le pidieron los mismos requisitos que antes le habían exigido los bancos.
“Otra vez, la decepción fue absoluta. Así que empecé a hacer muebles en Peñuelas. Una vecina me propuso que me fuera para los Estados Unidos. Allá trabajé en diferentes oficios, desde recoger basura hasta cortar jardines. Pero eso sí, me llevé conmigo los cubitos, que nunca me han dejado”.
Estuvo en Austin, Tejas, de enero a agosto del 2007. El factor que lo hizo regresar a su tierra fue “la permanente inquietud de ser deportado. Diario sabía de algún conocido al que habían regresado”.
A defender su creación
En Peñuelas, recibió una llamada desde Monterrey en la que le indicaban que debía presentarse en la ciudad de México ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial.
“La licenciada que me recibió en el IMPI me dijo que habían encontrado dos juegos parecidos al mío en el Reino Unido y que tenía que hacer la defensa de mi juego. Le demostré por qué no eran lo mismo. Ahora ya está el registro en trámite”.
Don Miguel empezó a ver un futuro con más posibilidades un día en que caminaba por Primer Anillo buscando una tienda de juegos educativos. Casi esquina con Avenida de los Maestros, se detuvo a leer el letrero de la Incubadora Social del Tecnológico de Monterrey.
"Me empezaron a abrir los ojos"
“Ya había agotado todas las posibilidades, así que decidí entrar. Me atendió un joven, quien me dijo que se pondría en contacto conmigo. Pensé que iba a suceder lo mismo que siempre, es decir, nada. Sin embargo, pocas semanas después me llamó y me informó que mi proyecto había sido autorizado. Me asignaron a dos asesores en diciembre del 2007, a Alan y a Juan Pablo. Ellos me ayudaron a entender lo que debía modificar para ser más productivo, a buscar otros materiales para que fuera más barato hacer los cubos. En otras palabras, me empezaron a abrir los ojos”.
En agosto del 2008, don Miguel inició la segunda etapa del programa de la Incubadora. Hugo, Cassandra y Rocío le orientaron en cuanto a reducir tiempos en la producción, pero además, lo impulsaron para que fuera apoyado por el Tecnológico de Monterrey para asistir a la Semana Nacional PYME en el Centro Banamex de la Ciudad de México. A principios de noviembre, presentó ahí sus 16 piezas. “Se me acercaron empresarios canadienses y españoles, que están interesados en comprar mis rompecabezas”.
“Ahora sí me van a apoyar con un crédito”, dice este hombre que a pesar de los problemas nunca abandonó a sus cubos. Sueña para ellos una nueva etapa: “quiero que quienes compren los rompecabezas reciban una clave para entrar a una página en Internet, con el propósito de que propongan nuevas figuras y así lograr que 16 cubitos lleguen al Libro Guinness por la gran cantidad de figuras que se pueden hacer con ellos”.
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