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Ricardo SerranoRicardo Serrano: Licenciado en Administración y Negocios Internacionales. Maestría en Desarrollo Social. Director de Desarrollo Social Universidad Panamericana Bonaterra. Miembro del Consejo Consultivo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

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Semana Santa:
tiempo también para recordar
  Ricardo Alfredo Serrano Rangel
rserrano@up.edu.mx
  • Conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección del Salvador
  • La manera de vivir la Semana Santa en comunidades rurales
  • La Semana Santa lleva a cambiar de vida
Aguascalientes, Ags., a 31 de marzo del 2010

La diversidad religiosa ha crecido de manera determinante en las últimas décadas. Esto debido también a una especie de explosión demográfica del conocimiento. Hoy algunos mezclan incluso diferentes ritos y culturas espirituales en una misma ruta, haciendo de las creencias muchas veces, un asunto de “religiones de supermercado”. Sin embargo, por cientos de años, la religión católica se ha mantenido vigente y creciente, cimentada sobre tres pilares: las Sagradas Escrituras, las Tradición que ha permanecido por siglos y el Magisterio de la Iglesia.

Esta semana, para la Iglesia Católica—de la que soy orgulloso miembro, aunque no sé qué tan orgullosa pueda estar esa grey de un humilde servidor—es sin duda una de las más importantes del año, si no es que la más importante. Se celebra la Semana Santa. Una serie de actos y oficios litúrgicos, que reviven la Pasión de Cristo. Esto sigue marcando la diferencia entre muchas creencias, porque en esta semana, nos unimos a un Dios—hombre que vivió y murió, pero sobretodo que resucitó.

Conozco a muchos que vivieron experiencias extraordinarias, pero no recuerdo ahora a algún personaje de la historia que haya resucitado por sí sólo, además de Jesús.
Este hecho se remonta a diversos antecedentes. Primeramente, se sabe que desde el año 1250 A.C. los judíos celebraban algo conocido como el pesaj para conmemorar la salida de Egipto y el fin de la esclavitud de los egipcios. Luego se mezclaron distintas tradiciones judeocristianas, hasta reunir la tradición judía con la Resurrección del Señor, que sucedió en la Pascua de los hebreos.

Sin embargo, a pesar de las diferencias históricas, se sabe que la Semana Santa y luego las “Felices Pascuas de Resurrección”, han sido un momento privilegiado para los creyentes católicos, un momento en el que hacen un compromiso espiritual Un alto en el camino para reflexionar el intercambio: un Dios—Hombre que cambió su vida por la vida y salvación de la especie humana.

Este intercambio inequitativo (Un Dios a cambio de los hombres), es una obra de misericordia que debe corresponderse de la misma forma. La Semana Santa, es precisamente ese momento de reinicio, de reconversión.

La Semana Santa se compone de elementos históricos distantes: tradiciones tomadas de distintos tiempos, que se agrupan de la siguiente manera: el Jueves Santo, se celebran eventos muy importantes. Por un lado, se impone a los apóstoles, el sacramento del OIrden Sacerdotal, función que a partir de ese momento se constituye en “el puente” entre Dios y los hombres para el perdón de los pecados. Por otro lado, Jesús entrega un mandamiento nuevo que es el la caridad fraterna.

Finalmente se instituye el misterio de la Eucaristía, razón y justificación del acto de la Misa.

El Viernes Santo, la conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesús, remite a dos documentos antiguos: la Traditio Apostólica y la Didaskalia Apostolorum, que se refieren a una práctica cristiana antigua, el ayuno de viernes y sábado previos a la Vigilia Pascual. Pero apenas en el siglo IV d. C. se encuentran documentadas las primeras celebraciones litúrgicas de la Pasión del Señor. Se refieren a tradiciones como la veneración de la columna de la flagelación y la visita al Gólgota—donde fue crucificado el señor. Actualmente se refiere esta tradición a guardar el ayuno y a la adoración de la

Santa Cruz por la noche. Aunque algunas comunidades donde he participado de labores de promoción rural en estos días, acostumbran la celebración de la Procesión del Silencio que es una caminata nocturna cargando al cuerpo de Jesús por las calles del poblado y se leen una serie de lecturas que van clarificando el devenir del Triduo Pascual, que es como se conoce también a estos días de Semana Santa. Un momento de recogimiento muy intenso.

El Sábado Santo o Sábado de Gloria como se le conocía anteriormente, se refiere a antiguas tradiciones que hablan también del ayuno y la oración acompañando a la Virgen María en su dolor. A partir del siglo XVI se cambia a la forma que lo conocemos hoy: un día más cercano a la vigilia pascual y con una mala costumbre, una celebración equivocada, ya que esa vigilia—vigilar, cuidar—se refiere más bien a la espera vigilante de los cristianos ante el sepulcro del Señor esperando que vuelva de los infiernos como se les conocía a los sepulcros bajo tierra. En la noche del sábado, los católicos celebramos un oficio que conocemos como la Vigilia Pascual y la Celebración de la Resurrección del Señor que se inicia al encender el Fuego Nuevo del cual se encienden a su vez los “cirios pascuales” de diversos tipos y tamaños que se utilizarán durante el resto del año litúrgico. Es una experiencia muy enriquecedora y bonita.

El domingo ya es una celebración universal. Celebramos que hay un Hombre que rompió la barrera de la muerte y que resucitó para mostrar su grandeza y para hacernos una promesa: volver, en lo que se conoce como la Segunda Venida del Salvador. Además celebramos su paso por la tierra en un acto de humildad. Con la Vigilia Pascual, el Triduo Pascual encuentra su punto culminante puesto que el Hijo de Dios se hizo hombre y vino a recordarle a los hombres su origen y su destino. Alfa y Omega. Por eso se refieren algunos al desear “felices pascuas”, es decir, desear una feliz conmemoración del paso del Señor. Que ese paso sea un acto de detenimiento para la reconversión espiritual. Que sirva para un nuevo comenzar.

Tiempo también para recordar

La Semana Santa para mí, es un momento muy especial. Desde que era un adolescente, me dio por irme de misiones a comunidades rurales. A convivir con la gente y a colaborar en sus actividades, para que nos permitieran compartirles las lecturas de la Semana Santa. Al paso de los años, esta ha sido una actividad que no he dejado de hacer, incluso hoy que tengo hijos pequeños y otros compromisos.

Recuerdo por ejemplo, la primera vez que fui de misiones, fui a un lugar llamado El Reparo, en la zona de El Llano, allá por Betulia, Jalisco. Luego me tocó ir en Los Campos, a un ranchito llamado Coyotes de donde tengo recuerdos muy memorables. Me acuerdo por ejemplo de Don Pedro, un labriego a la antigua que sabía y disfrutaba de tocar el violín.
Con el tiempo, aprendí a compartir lo que sabía, y sobretodo a valorar las experiencias que nos de la gente de pocos estudios académicos: su filosofía de vida, su manera de hablar que denota un profundo conocimiento de su fe y de su religión.

Recuerdo también aquel lugar en Villa de Arriaga, San Luis Potosí que se llama Las Palomas y donde pasamos grandes momentos en la Semana Santa. Luego, me ha tocado ir a Tierrajena, Jalisco, con Don Teófilo Guzmán y sus hijos que hacen de la generosidad una ley perpetua. Estuve en Tierra Blanca Zacatecas, en un ranchito llamado La Victoria. Hace pocos años, fuimos al Caquixtle de Arriba, en Encarnación, Jalisco, a la que todos nos referimos con el cariñoso nombre de La Chona.

Cada pueblo cuenta con su historia, pero que en estas fechas, todas concurren en el mismo objetivo: disponerse a admirar el Paso del Señor.

La verdad, a mí la Semana Santa, me ha cambiado la vida. ¿Y a usted? Lo invito a reflexionar….y le deseo felices Pascuas.

 

Escríbame a: rserrano@up.edu.mx

 
 
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