Aunque ha habido grandes avances en el manejo del tema de la discapacidad, la pregunta sigue en el aire ¿Qué lugar ocupan hoy los discapacitados en nuestra sociedad? Una pregunta así no es fácil de resolver ni siquiera en la literatura o en la teoría, menos lo es en una realidad rápida y cambiante como la que vivimos.
En primer lugar, y ante la complejidad de clasificar a las personas con discapacidad, es preciso preguntarnos ¿Por qué el ser humano señala diferentes tipos de personas? ¿Quién soy yo para catalogar quien vale menos o vale más? Actualmente esto se contesta por la forma de incursión a una sociedad que ha puesto en la productividad, la principal y única característica de vida.
Así pues, quisiera compartir con usted estimado lector, la idea de que para poder entender estas diferencias justas o no, es necesario primero comprender el significado de la discapacidad. Se entiende por discapacidad “una limitación física o mental de manera permanente o por más de seis meses que le impide desarrollar sus actividades en forma que se considera normal para el ser humano” (INEGI, 2010).
Por otro lado, el Consejo Nacional para Personas con Discapacidad define a los discapacitados como aquellas “personas con deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, pueden impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los demás”. (Consejo Nacional para Personas con Discapacidad, 2010).
Sin embargo, este entendimiento de las diferencias por el sentido de la capacidad de participación activa en una sociedad, está diezmada por los prejuicios en un país donde la discapacidad se ha visto como un problema total. Es decir, un discapacitado desde el momento de “ser clasificado así”, se enfrenta a la cerrazón de todos los que no lo son, impidiéndole poner lo que con alto esfuerzo realiza en la sociedad en la que se desarrolla.
Así pues, en algunos casos se les considera apenas como una carga, y a veces de manera expresarse de ellos es corrosiva. Pero la realidad es que en el mundo, la discapacidad se abre a todos los campos de la vida social: cada vez más empresas contratan los servicios de personas con diversos tipos de discapacidades. Por ejemplo, el tan usado telemarketing es el caso más sencillo. Con una tecnología de sonidos, las personas invidentes pueden contestar teléfonos, leer instrucciones, contestar a usuarios y vender productos. Eso es poco para lo que hay.
En Guadalajara tuve recientemente la oportunidad de conocer una empresa llamada Jabil que entre otras cosas se dedica a manufacturar los celulares BlackBerry, y que en las líneas de producción más sensibles y delicadas como las de circuitos contrata a invidentes ya que realizan un trabajo muchas veces mejor y de detalles más perfectos que los operarios que gozan de todas sus capacidades.
En la Universidad Panamericana existe el proyecto COLABORE, una labor social realizada para conseguir la inserción laboral de personas con discapacidad en empresas socialmente responsables.
Con esta inserción laboral—que no es la única que puede darse con los discapacitados—se logran varios objetivos: en primer lugar los empresarios contribuyen a generar en sus colaboradores la sensibilidad de buscar la interacción social y posteriormente la integración con personas discapacitadas.
Por otra parte, se eleva la estima de los discapacitados y además se cumple también con una función económica: la empresa gana y los trabajadores discapacitados también. Con la integración de los discapacitados a la vida social todos ganamos. El ser humano se hace más humano y en términos prácticos la economía también avanza. Además de todo, hay leyes que benefician a las empresas que contratan adultos mayores o personas con discapacidad.
Existen otros muchos campos como las artes, la educación, la ciencia y hasta el deporte en los que personas con algún tipo de discapacidad han mostrado su fuerza y valor. Reconocerlo y aceptarlos así, no implica integrarlos a la sociedad sino simplemente reconocer el lugar que les corresponde por pleno derecho.
Mi inquietud es si en Aguascalientes ya se entendió el tema. Para ello le hago la pregunta ¿Qué está haciendo usted para mejorar las condiciones de los discapacitados? Y le sugiero que se haga además otra pregunta ¿Cómo puedo contribuir a dignificar a estas personas?
Yo por ejemplo, estoy escribiendo esto para invitarlo a participar. |