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Opinión

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Ricardo SerranoRicardo Serrano: Licenciado en Administración y Negocios Internacionales. Maestría en Desarrollo Social. Director de Desarrollo Social Universidad Panamericana Bonaterra. Miembro del Consejo Consultivo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

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Ciudadanos, al grito de guerra
Una discusión sobre el derecho a la vida
  Ricardo Alfredo Serrano Rangel
rserrano@up.edu.mx
  • Las políticas abortistas, dictados de organismos globales
  • El aborto, además de crimen, representa un gran negocio
  • Para defender la vida necesitamos mentes… y manos
Aguascalientes, Ags., a 24 de marzo del 2010

A pesar de que en recientes años la vida ha sido acorralada, violentada y en términos generales puesta en un escaparate político e ideológico, es necesario reconocer nuestro papel en el cuidado de este valioso patrimonio del Siglo 21.

Estimado lector, este jueves 25 de marzo, se celebra otro día internacional de la vida principalmente para muchos creyentes en que la celebración del Día de la Encarnación, precisamente el 25 de marzo, se considera un día particular para la fe judeocristiana.

Retomando este tema tan crucial, no sólo para los creyentes, sino precisamente a partir de los no creyentes, ya que la vida no es un asunto de creer o no creer, porque sin vida no tiene caso creer, no creer, querer, amar, etc., ya que la vida es un principio fundamental de la existencia humana. Sin embargo, la sociedad ha tomado a la ligera el tema y resulta que se ha puesto a discusión como si se tratara de un asunto de mayorías o de votos. Como si la vida estuviera supeditada a la voluntad del ser humano y por supuesto a su “inteligencia” para decidir a quién dársela o quitársela. Esta rebaja de discurso en que se dispone de la vida como algo trivial, ha convertido a la sociedad en un ser suicida que camina hacia la catástrofe.

Mientras por un lado, surgen movimientos científicos sobre la necesidad de cuidar la naturaleza y el planeta para evitar el calentamiento global, por otro lado surge una especie de humanos capaz de mutilar la sociedad para “mantener el control” y la libertad. Lo que no ha surgido es un estudio serio, al menos a la luz pública que indique en qué momento comienza la vida humana. Carlos Llano en su argumento frente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para defender la vida afirma que aunque o existiera existir certeza plena de que se trate de un se, se cometería una atrocidad al permitir que un embrión fuera extraído de manera criminal. Esto se dio ante aquel juicio de inconstitucionalidad respecto al tema del aborto en el Distrito Federal. El asunto es que no se dio el ánimo de investigar a ciencia cierta el tema de la vida porque no es conveniente para algunos.

Pero por si esto fuera poco, esos “tontos útiles” que retoman el asunto de la vida y la libertad para promover un derecho de las mujeres para abortar, solamente contribuyen a los objetivos obscuros de este mecanismo contra la existencia humana. Es decir, más allá de sus inquietudes ideológicas y de promover “derechos”, se esconde un negocio multimillonario para médicos—si es que pudiera llamárseles así—que escondidos en el anonimato se enriquecen a costa de matar individuos inocentes.

Según estudios realizados por la organización Derecho a Vivir, en España desde que se permitió el aborto para algunos supuestos, es decir desde 1985, han muerto más de un millón y medio de seres inocentes. ¡Imagínese usted! Un estado como Aguascalientes donde habitamos alrededor de un millón cien mil personas, habría sido devastado en menos de 30 años sin dejar ni un solo rastro. De este tamaño es el fenómeno del aborto. Ahora multiplique este número de asesinatos por un promedio de 1,500 dólares.

Si el tema económico no le parece suficiente, analicemos el tema de las políticas públicas. Revisando los planes y programas de la Agenda 21 de la Organización de las Naciones Unidas, así como los Objetivos del Milenio, implícitamente dentro de los temas de salud reproductiva y cuidados para la mujer, se habla de una salud sexual y reproductiva, y además temas de educación sexual en los que se promueve bajo la sombra temas como el aborto y el uso indiscriminado de prácticas anticonceptivas y abortivas. A nadie le es desconocido el caso de mujeres que sin su consentimiento son “esterilizadas” en clínicas y hospitales pagados con recursos públicos. Cabe señalar que los países miembros de la ONU poco a poco deben ir incorporando estos temas a las políticas públicas de sus programas de gobierno, por ello no le asombre que el gobierno tome decisiones que parecen salidas de la nada.

Y si no lo cree, analicemos el caso de la Cartilla de Salud propuesta por la SEP donde se promueven los anticonceptivos y las relaciones sexuales para niños desde los 9 años. A lo que me refiero, es que la participación de ideologías contrahumanas no se queda en los radicales de izquierda que dominan las organizaciones nacionales, sino que son grupos internacionales que se manejan bajo un esquema de creencias que atentan contra las sociedades.

Ya lo dijo Teresa de Calcuta, en una sociedad que permite que una mujer mate a su hijo, cualquier cosa puede pasar. Y precisamente eso es lo que está pasando en nuestro país. A pesar de los esfuerzos realizados ya por 18 estados del país para proteger el patrimonio más valioso de la sociedad que es el derecho a la vida, siguen avanzando aquellas ideologías que promueven los falsos derechos de las mujeres como una salida fácil a un asunto como el embarazo y que además no sólo se quedan ahí, sino que avanzan en otros temas como el matrimonio entre personas del mismo sexo, etc., en un asunto de libertad. Asuntos que por lo general tienen un trasfondo educativo y económico. Promover el aborto es dar aspirinas para un problema de fondo.

Quisiera mencionar que la libertad según se entiende, es la elección entre dos alternativas con el fin de elegir la mejor. Y que la mejor se refiere a lo que es más bueno. Y lo bueno se comprende por sus consecuencias: hace crecer a quien lo toma como decisión. Es pues un asunto fácil de entender: aquello que se decide y no lleva a buen fin, no puede ser bueno. Si el aborto tuviera un buen fin para la madre que aborta en términos sicológicos, físicos, sociales, espirituales, todos promoveríamos este hecho, como hacemos con promover las campañas para sembrar un árbol. Pero no, la realidad es distinta, alguien que aborta, se podrá ocultar en una máscara de indiferencia, pero por dentro sufre, algo que hace sufrir de por vida, y que no es para deseárselo a nadie.

Usted y yo sabemos que el mal avanza cuando la gente buena se sienta a ver el panorama. Es necesario pues, que los ciudadanos que entendemos en la vida el eje central de la existencia humana, nos pongamos a trabajar. Para muestra un botón.

El domingo 21 de marzo, un grupo de organizaciones locales se conjuntaron para hacer una caminata a favor de la vida. Me cuento entre los asistentes y organizadores y agradezco a todos los que voluntariamente asistieron. Sepan que este es solo un aviso de lo que debe ser la sociedad organizada.

Este es un tema complejo pero es necesario retomarlo, a todos nos importa—al menos en este estado—que las mujeres tengan una vida digna, que no sufran violencia y que no se vean obligadas a tomar decisiones que afectarán sus vidas de manera negativa. Como dijo Carlos Abascal en ese mismo foro en la Suprema Corte, queremos que vivan los dos, la mamá y el bebé. Debemos ponernos a trabajar para que eso suceda. Podríamos comenzar por:

  • Promover valores dignificantes entre los jóvenes para que respeten sus naturalezas a la luz del sentido común. Para que les importe su cuerpo y su mente. Para que se formen correctamente.
  • Educar a la familia para que asuma la responsabilidad de la paternidad. Es necesario que las familias eduquen responsablemente a sus hijos y que estas familias se conformen con un número de hijos que responsablemente puedan educar y procrear.
  • Hay que promover una iniciativa a favor de la vida para proteger a los no nacidos, a los nacidos, a los viejos, a los discapacitados. En la razón humana, no entra la selección natural porque los humanos somos capaces de amar, no solamente de reproducirnos. Entonces, no podemos comenzar a creer que algunos merecen nacer y otros no, que unos ya no merecen vivir porque son un estorbo. Es importante educar, pero también legislar.
  • Finalmente convoco a toda la sociedad a que asuma su responsabilidad. Los que quieren ver convertida la vida en un objeto de poco valor todos los días se levantan y trabajan por lograr sus objetivos. ¿Qué estamos haciendo nosotros?

Si se quiere unir a esta causa, por favor escríbame, aquí lo que faltan son mentes… y manos.

 

Escríbame a: rserrano@up.edu.mx

 
 
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