Desde chico, he sido, creo yo, un buen aficionado a la fiesta más grande. Me gustan los toros porque me lo inculcó mi padre, quien también gusta del arte de la tauromaquia.
Según mi papá, han transitado por los ruedos, desde doctores en la ciencia taurina, hasta toreros que son simplemente valientes. El hecho es que los toreros en nuestro país, por nuestra idiosincrasia, han sido reconocidos como ídolos, aunque muchas veces estén faltos de talento y arte taurino. Son valientes y nada más.
Así pues, desde chico he conocido a un “chaparrito” de oro, regio por cierto y valiente. En sus años mozos buen espada y mejor torero. Usted bien sabe que me refiero a Eloy, de quien incluso en nuestros días hay una estación del Metro que lleva su nombre en Monterrey. No quiero dejar fuera tampoco a otros dos grandes regiomontanos que para mí son el triángulo de oro de toda una generación regia de toreros regios: el maestro Manuel Martínez y Lorenzo Garza, el “Ave de las tempestades”.
Bueno, después de este breviario cultural y taurino, quisiera asomar el tema por el que se me ocurrió referirme en el título de este comentario al gran torero Cavazos. Ese mismo apellido que lleva otro “torero”, pero con un segundo que es Lerma y cuya llegada a esta ciudad como delegado del PRI para la elección del candidato a gobernador fue más anunciada que la carrera atlética de usted ya sabe quién.
Es pues Cavazos Lerma “el Torero” otro norteño, aunque éste de Matamoros que quiere hacer honor a su ciudad natal: matando moros con tranchetes a donde lo mandan, y dando “seguridad de transparencia” en los procesos priìstas. Al menos eso era hasta hace algunos días, cuando el ex partido oficial eligió a su candidato para gobernador: Carlos Lozano de la Torre, quien ha de estar más contento que Fidel Herrera cuando literalmente se sacó la lotería en Veracruz.
Así pues, al “Torero” le encomendaron que viniera a aplacar las aguas, y no sé si ahora que regrese con doña Beatriz lo vaya a recibir con palmas y honores, puesto que nomás se supo lo de CLT, y todo mundo concluyó que en el PRI hay una nueva nomenclatura para referirse a las mismas cosas del viejo sistema: ahora al dedazo se le llama “candidato de unidad”.
Asimismo, ese “candidato de unidad” ha provocado la ira incontenible de otros que se sentían más seguros, especialmente por la forma de capotear de Cavazos, quien al ser cuestionado por una flamante reportera sobre los números precisos de la supuesta encuesta realizada por el partido para elegir al “candidato mejor posicionado”, se limitó a comentar:- “No queremos herir a quien quedó en segundo lugar”. ¡Hágame usted el favor!.
Es pues ésta la “nueva política” a la que se refiere el PRI, en la que se siguen haciendo las cosas del mismo modo. Es la nueva cultura y adoctrinamiento político tanto para los viejos de la escuela priísta, como para los jóvenes que desconocen la historia y las argucias para conseguir el logotipo del poder.
Por el lado de Gabriel, le comento que sí está muy enojado. Lo está porque se sentía seguro, pero lo he venido diciendo aquí y lo repito: los puentes no fueron suficientes.
El secreto para llegar a candidato se llama herencia. Y aquellos herederos lo son, porque han estado en ese partido, aguantando y aguantando hasta que les tocó algo bueno. Me apena un poco que al ingeniero Arellano le faltó pericia para negociar. Creo que ahí está el color de su enojo, pero bueno, ya estoy hablando como político, entonces mejor ahí le dejamos.
Finalmente y como comencé este comentario, venga pues mi felicitación al “Torero” Cavazos Lerma, por su estrategia de venir a “unir” a su partido, y después de aguantar algunos capotazos, seguro que lo entregará más poroso que el pan de queso que venden en el cruce de tren y la carretera libre a Saltillo. |