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Opinión

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Otto Granados RoldánOtto Granados Roldán:
- Licenciatura en Derecho, por la Universidad Nacional Autónoma de México
- Maestría en Ciencia Política, por el Colegio de México

Actualmente
- Profesor-investigador de tiempo completo en el Tecnológico de Monterrey
- Co-dirige programas académicos de capacitación para funcionarios públicos en el Centro de Estudios sobre México de la Unión Europea y la Fundación Ortega y Gasset
- Director del Instituto de Administración Pública del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), a nivel de todo el sistema.
- Imparte conferencias y seminarios en México y en el extranjero, y realiza actividades editoriales y de consultoría.

Cargos ocupados
en el Sector Público

- Consejero del Fondo de Cultura Económica y de BANOBRAS
- Secretario Particular del Secretario de Educación Pública
- Oficial Mayor de la Secretaría de Programación y Presupuesto
- Director General de Comunicación Social de la Presidencia de la República
- Gobernador del estado de Aguascalientes (1992 a 1998)
- Consejero de la Embajada de México en España
- Embajador de México en Chile

 
 
 
 
 
     
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HETERODOXIAS
Reformas, enredos y trampas
  Otto Granados
  og1956@gmail.com
Aguascalientes, MÉXICO, a 26 de febrero del 2010

Si bien hay algo de ingenuo (y hasta de contraproducente) en la opinión de los “abajofirmantes” de turno en relación con la nueva reforma política, que consiste en que rara vez los legisladores suelen hacer caso de los desplegados porque prefieren la política de los intereses, pactos y complicidades, el problema es que las diversas iniciativas han entrado en una fase de enredos y de trampas de la que saldrá, si acaso, un engendro, como pasó en estos años en los terrenos fiscal, energético y electoral.

El primer equívoco es que tras un sinfín de foros sobre qué hacer con México, así en general, no se elaboró una verdadera agenda que le diera prelación y prioridad a los temas que le importan al país porque, por un lado, la administración Calderón perdió tempranamente la energía y el empuje necesarios para decirle a los actores políticos relevantes lo que quería que fuera su gobierno o su modelo de país, y, por otro, éstos, más maliciosos, eligieron el camino del minimalismo, el feudalismo y la distribución territorial en lugar de emprender un proceso ambicioso y variado de reformas de gran calado.

A estas alturas, con 12 elecciones estatales en puerta, la del Estado de México y otras importantes al siguiente año, y luego la madre de todas las batallas en 2012, no están claros los incentivos que tienen los tomadores de decisión para meterse a una reingeniería política y constitucional de fondo que, si es ortodoxa, debiera arrojar un modelo más eficiente y, por tanto, más equilibrado de competencia y de acceso al poder.

El segundo espejismo es la suposición de que estas iniciativas organicen una moderna arquitectura democrática. No hay tal. Lo que subyace en ellas es un conjunto de medidas que tienen como finalidad acotar a los partidos y a los próximos candidatos a fin de que, gane quien gane, gobiernen sobre una estructura donde el poder esté mejor repartido tanto entre las formaciones políticas como al interior del gobierno que resulte y, en especial, de la propia presidencia. ¿Es esto, por sí mismo, un rasgo negativo? No, es pragmatismo puro y duro y ésa es su genuina naturaleza.

Y la tercera trampa es que, como ha ocurrido en el pasado, enfrascados en la política, cuya importancia nadie discute, dejaremos de lado las otras reformas que tienen que ver con crecer, con la construcción de una economía moderna y competitiva. Aun cuando pasara una u otra de las iniciativas planteadas o una mezcla de ambas, inferir de ello que surgirán gobiernos estables y con mayorías amplias que emprenderán, mágicamente, la desintegración de los monopolios, la apertura del sector energético o la modificación del modelo vigente de política social, es excesivamente optimista, a menos que estemos hablando de Noruega.

Bienvenida desde luego la discusión legislativa de las reformas políticas y su aprobación. Pero que no la usen como pretexto para incumplir sus obligaciones respecto de los otros asuntos urgentes para México

Se reproduce con la autorización del diario La Razón www.razon.com.mx

 

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