Un segundo ingrediente en el rediseño de la percepción sobre el PRI se relaciona con la definición de la agenda.
Si se considera que la gente supone que en el PRI están los políticos más astutos y que la atmósfera pública se ha cargado ya de manera tóxica en la cuestión de seguridad, hay una ventana que el PRI debe ocupar y es proponer una agenda integral para México (no un catálogo de discursos de ocasión ni de declaraciones de banqueta) que incluya los asuntos cruciales para el mediano y largo plazos: crecimiento, competitividad, educación y equidad.
Destaca la ausencia del tema seguridad por la sencilla razón de que tácticamente es preferible dejárselo al gobierno federal y porque muy posiblemente no se tenga una visión práctica de qué hacer realmente con él.
Y un tercer componente es tratar de reinventar su pasado. Si existe lo que en otras transiciones de regímenes semiautoritarios se ha llamado “la nostalgia de los logros”, conviene hacer un ejercicio de recuperación de éstos en el sentido en que lo describió un antiguo corresponsal de The Economist: “México tuvo su perestroika durante los años noventa. Cuando el PRI perdió finalmente el poder, ya había cambiado al país hasta dejarlo irreconocible”.
Es decir, la percepción actual ha privilegiado la visión más negativa del PRI y éste debe oponer, con evidencia, una narrativa de los aciertos que intente diseminar en el electorado la idea de que las cosas no se hicieron tan mal. A fin de cuentas, diría Héctor Aguilar Camín, “la historia no es lo que sucedió sino lo que recordamos”.
Como es obvio, hay dentro del universo priista cosas que es imposible capitalizar —algunos gobernadores impresentables, mala gestión estatal en otros casos, enfoques intelectuales arcaicos, debilidades argumentales, entre otras—, pero una buena comunicación y una cierta disciplina conceptual pueden realzar los activos por sobre los pasivos existentes.
Por último, la peculiar historia del PRI y la globalización informativa y tecnológica hacen inevitable que, a medida que se acerque 2012, la hipótesis del regreso del PRI se volverá un tema de alta sensibilidad y muy controvertido en América Latina, en España y en Estados Unidos, en especial en los círculos académicos, intelectuales, económicos y políticos interesados en los asuntos mexicanos —entre ellos qué ocurriría con el narco bajo un nuevo gobierno priista—, parte de los cuales se moverá activamente en contra de que tal posibilidad ocurra.
Por ende, el PRI necesita establecer una agenda internacional ordenada y precisa que incluya una participación inteligente y selectiva tanto en foros internacionales como en acercamientos sistemáticos con miembros y comités clave del Congreso norteamericano, think tanks de prestigio, medios de comunicación, fundaciones influyentes y organizaciones empresariales, entre otros interlocutores.
El PRI tiene que estar muy consciente de que, si vuelve al poder, no debe ser por la puerta de atrás, la de ser de los males el menor. Recuérdese que también en la victoria puede haber deshonor |