Por ahora la percepción acerca del PRI sigue siendo la misma que en el pasado reciente.
Por un lado, que es un partido integrado por profesionales, a la vez inteligentes y mañosos, experimentados y corruptos, en el que conviven políticos de diversas generaciones pero todos cortados más o menos por la misma tijera.
Por otro, que, ante la incompetencia del PAN y la inexistencia de un presidente priista, ha emergido tanto una nueva clase política territorial —una especie de barones regionales— muy fuerte y con amplios recursos e instrumentos, como un consejo que administra el poder federal desde las cámaras legislativas y la dirigencia nacional integrando un gran comité central.
Con independencia de la exactitud de tal figuración, lo que no aparece en ella, en cambio, es una lectura explícita de la clase de partido que quiere ser, la agenda que propone para el país y lo que podría hacer como gobierno en caso de ganar las elecciones presidenciales en 2012. Estas aparentes carencias, paradójicamente, pueden ser áreas de oportunidad para construir una narrativa atractiva.
Partamos de lo siguiente: por razones históricas, culturales y hasta psicológicas, es muy difícil, si no imposible, presentar al PRI como un partido distinto de lo que revela su biografía. En consecuencia, la originalidad de una nueva estrategia quizá resida en hacer de los vicios virtud y traducirlos, a ojos de la ciudadanía, en las características que son ahora necesarias para gobernar un país tan enredado y en medio de una situación tan delicada. En suma: con excepción del tema “corrupción”, esos otros rasgos que se le reconocen pueden ser rentables para el PRI.
Hay tres componentes de esa narrativa.
Una primera vertiente tiene que mostrar que la combinación de “experiencia-habilidad-decisión”
—indispensable para gobernar con efectividad— sólo la reúne el PRI. Esto sugiere buscar dónde esas cualidades están reflejándose exitosamente en la gestión de gobierno en algunas entidades, probar con datos duros que así está ocurriendo y documentar los hechos para afirmarlo.
Por ejemplo, de los 12 estados más competitivos del país y con mayor atracción de inversión extranjera directa en los últimos diez años, 7 son gobernados por el PRI; de los 12 estados con gobiernos más eficientes 9 son también gobernados por el PRI; de los 12 estados mejor calificados en los Índices de Desempeño Educativo para Primaria y Secundaria, 7 y 8, respectivamente, son gobernados por el PRI, y así sucesivamente.
En una palabra: si el PRI piensa con más profundidad en sus opciones, tiene que probar no sólo eficacia para ganar elecciones, sino también, y sobre todo, para gobernar con resultados.
El viernes veremos los otros dos componentes |