Por Carlos Fonz
Hace unos días hablamos de la aprobación de leyes que representan un atentado contra la institución de la familia por parte de legisladores del mismo partido cuyo candidato presidencial mandó “al diablo las instituciones”. No es de extrañar, pues, que procedan así.
En una charla reciente con varios matrimonios, salió el tema. Y nos preguntábamos ¿qué es lo esencial en un matrimonio y en una familia?
Porque como sucede casi en todo, hay aspectos que forman parte de la esencia misma de algo y otros que son accesorios o accidentales. Y cuando a algo o a alguien se le quita lo que es esencial, pues simplemente deja de ser.
Pocas cosas son esenciales al Matrimonio y a la Familia. Entre las esenciales, está el amor entre un hombre y una mujer, que no solamente les ayude a complementarse y apoyarse, sino que esté abierto a la trascendencia y a la vida, es decir, que haya la posibilidad natural y la disposición de tener hijos. Lo que venga después ya es accesorio: el amor emotivo se transforma en algo más racional y tal vez menos entusiasta; la salud y otras circunstancias pueden frustrar ese deseo de que el amor trascienda en los hijos, pero las bases están sólidas y por ello un hombre y una mujer que no pueden tener descendencia siguen siendo familia.
En esos casos, y si la generosidad se impone, buscarán la forma de adoptar hijos que se beneficien de la familia. Pero en estricto sentido, y aún siendo deseable, no puede hablarse de que esas personas “tengan derecho” a los hijos. Expresarlo en esos términos sería poner a los hijos en calidad de bienes, como puede serlo un objeto cualquiera. Y los hijos son mucho más que bienes, son personas, con igual dignidad que los padres.
En cambio, los hijos sí que tienen el derecho a tener padres. Esto resulta sencillo de entender al pensar que hay muchas personas que no tienen hijos, pero no existe ninguna persona que no haya tenido padre y madre.
Está en la naturaleza de las personas el haber nacido de unos padres, pero no está en la naturaleza de nadie el tener hijos, aunque resulte lo más común o lo más deseable para la mayor parte de las personas.
Por ello, decir que las uniones entre personas del mismo sexo sean familias es falso, ya que –por naturaleza no pueden estar abiertos a la procreación. Pero tampoco puede decirse que las personas del mismo sexo que se unen tengan derecho a tener hijos y que cómo no pueden tenerlos naturalmente, deben tener al menos la posibilidad de adoptarlos.
Eso atenta contra el derecho de cualquiera de tener padre y madre. Si algún niño, por cuestiones que van desde el abandono hasta el fallecimiento de sus padres se encontrara desvalido, lo más lógico sería permitirle que otra familia lo acepte y sustituya a su padre y a su madre para cuidarlo, sostenerlo, educarlo y formarlo.
Las parejas de un mismo sexo, pues, no tienen en sentido estricto, "derecho a tener hijos”, como pudiera decirse que tienen derecho a una vivienda digna, o a buscar la satisfacción de sus necesidades de subsistencia.
Otras cuestiones que son básicas en la familia son las relativas a la fidelidad y al compromiso contraído inicialmente de amarse y respetarse en las buenas y en las malas hasta que la muerte los separe.
Hay cuatro relaciones que solamente se establecen dentro de una familia de manera natural. La “Conyugalidad” (entre los esposos), la Paternidad (de los padres hacia los hijos), la Filiación (de los hijos hacia sus padres) y la Fraternidad (de los hermanos entre sí).
La familia, pues tiene aspectos hacia adentro de sí misma y otros que van al exterior. Me gusta recordar un documento del Siglo II de nuestra era en el que se habla de familias que tenían apertura en la Mesa (eran hospitalarias y generosas al compartir los bienes) pero no lo eran en el lecho: no caían en las costumbres depravadas y promiscuas de la época.
Hay una frase muy recordada de un político mexicano que al tratar de aclarar una confusión les decía a sus oyentes: “No se hagan bolas…”. Pues en el caso de las leyes recién aprobadas en el DF conviene no hacerse bolas, sino concretar las ideas:
- Lo que aprobaron los legisladores de la Asamblea respecto a las uniones de personas del mismo sexo podrán ser cualquier cosa pero no un matrimonio y esa convivencia no constituye la base de una familia.
- Otorgar a las parejas homosexuales la posibilidad de adoptar niños no responde a “un derecho” de esas personas. Nadie tiene ese derecho.
- Es un hecho que las medidas aprobadas buscan atacar a los esquemas de matrimonio y de familia que siguen la inmensa mayoría de los mexicanos. Como es también un hecho que no puede obligarse a los católicos a aceptar cuestiones que van contra su manera de pensar, ni se puede impedir el “derecho a opinar.”
- Los legisladores del DF aprobaron algo que va contra la creencia de la mayoría. Y está claro que fue una línea de su partido, pero jamás consultaron a los ciudadanos sobre esos temas
Los católicos no podemos aceptar que se nos trate de encajonar y se quiera impedirnos hablar. Debemos decir las cosas como son; seguramente habrá quien no esté de acuerdo, pero no puede impedir que hablemos libremente. Aunque los católicos fuéramos una minoría tendríamos ese derecho de hablar… pero el caso es que no somos una minoría sino una inmensa mayoría. |