Por Carlos Fonz
Aquí estamos de regreso con ustedes después de un par de semanas de vacaciones que aprovechamos para convivir con la familia, con hermanos, cuñados, cuñadas, sobrinos y con la abuela que es el pivote que refuerza la unión. Donde ella esté, ahí nos reunimos todos.
Dado que parte de la familia está en la Ciudad de México, estuvimos por allá unos días y el tema de conversación resultó en varias ocasiones el de las leyes aprobadas al vapor por la Asamblea Legislativa para validar el “matrimonio” entre personas del mismo sexo y la posibilidad de adoptar que se otorgó a esas uniones que serán cualquier cosa, excepto matrimonios.
Hace algunos meses, la misma asamblea en la que hacen mayoría los legisladores del partido amarillo con el sol azteca, aprobó otra ley que permite el aborto sin mayor indagación si el embarazo tiene menos de 12 semanas.
Al parecer, los partidos “de izquierda” en el mundo se quedaron sin banderas de lucha como lo habían sido buscar la justicia y las mejores condiciones de vida, y ahora se ocupan de cuestiones no prioritarias por las que luchan a brazo partido.
En el año en que más mexicanos se esfuerzan por sobrevivir en el desempleo, la inseguridad, la falta de ingreso o del ingreso insuficiente para cubrir hasta las necesidades básicas, lo prioritario para ese partido no es atacar las causas de la pobreza ni encontrar al menos la manera de paliarla, sino sacar adelante esas uniones y dejar abierta la posibilidad de que las personas en esa situación puedan afectar a otros con la adopción.
Otro caso del desenfoque de esos partidos considerados “de izquierda”, se dio por estos días en España, un país gobernado por los socialistas, ya que se aprobó el aborto a petición incluso para adolescentes de 16 años y sin la obligación de que los padres de ellas estén enterados y de acuerdo.
Los contrasentidos de la obsesión por aprobar ese tipo de leyes
En España, un menor de edad no puede fumar, no puede beber alcohol, su imagen está protegida de aparecer en los medios de comunicación sin la autorización de los padres, pero puede libremente acudir a que le practiquen un aborto y sin que los padres de familia se enteren.
De nada valieron las manifestaciones de un millón y medio de personas en el centro de Madrid y la ley del aborto se aprobó con el mayoriteo de los socialistas. Y mientras, el desempleo en España alcanza la cuota más alta de Europa, la economía española es la única que continúa en recesión mientras que en el resto de la Comunidad comienza el repunte de la crisis y se dan los primeros crecimientos.
La sociedad española, al parecer, les cobrará a los socialistas esa frivolidad, ya que las encuestas de opinión más recientes dan cinco puntos de ventaja a otro partido por sobre los socialistas, que pudieran quitarlos del poder en las próximas elecciones.
Y en México, las encuestas de opinión conceden cuando mucho un 7% de opinión favorable al partido amarillo. La sociedad les cobra sus belicosidades y sus frivolidades.
El común denominador: atacar a la familia
El común denominador de los socialistas o de los considerados “de izquierda” parece ser todo aquello de represente un ataque a la familia.
En España, parecía que tenían resueltos los problemas económicos y sociales y que la vida les era fácil. Bastaron unos meses de crisis para que la economía y el empleo se desplomaran, dejando a millones de personas, no digamos que en el desamparo y en la miseria, pero sí en graves situaciones de estrechez, de limitaciones y hasta de necesidad.
En México, donde no hemos logrado resolver, ni siquiera atemperar, los problemas de subsistencia para una cuarta parte de la población, lo urgente, lo prioritario, sería atender a la salud, a la sustentación, a la educación de quienes viven en los diversos niveles de pobreza. No debieran distraerse esfuerzos ni quemarse cartuchos en tratar de debilitar a la familia con medidas que implícita o explícitamente llevan a eso, como son las leyes aprobadas en el Distrito Federal.
Ello, especialmente porque en México la familia es algo sumamente importante y de alta trascendencia social: es la única institución que brinda apoyo, seguridad, comprensión, solidaridad y subsidiariedad.
Hace unos días, en esas tardes de los días de vacaciones, vimos en casa una película donde la protagonista es una mujer ejecutiva que disfruta de alto ingreso, comodidades, poder, prestigio, pero que carece de una familia. Y se sorprende cuando encuentra en la familia de un subordinado el apoyo, el afecto, la comprensión que a ella le falta.
En ese tenor, los mexicanos, aún con las dificultades y limitaciones económicas que nos impone la crisis, tenemos la gran riqueza que representa la familia. Por ello no juguemos al brujo atentando contra ella y busquemos fortalecer y consolidar a la familia.
Ese es el verdadero compromiso social, el que parecen haber olvidado los legisladores del Distrito Federal. |