Así como las gallinas empollan huevos, y proveen a éstos de condiciones propicias para su crecimiento, y así como se da oxígeno extra a los recién nacidos en un ambiente controlado y libre de virus y bacterias, una idea de negocio puede protegerse de ciertos riesgos iniciales a través de una incubadora de empresas.
La incubación, desde cualquier ángulo o enfoque que se le analice, implica proveer condiciones controladas para favorecer el nacimiento y crecimiento de una nueva vida. El controlar las condiciones conduce a conocer previamente los factores que pueden incidir sobre las probabilidades de sobrevivencia del nuevo ser o entidad.
Para el caso de una nueva empresa, asumiendo que existe un mercado rentable para el producto de la misma, los factores fundamentales para reducir la tasa de mortalidad están relacionados con la creación de una identidad, detallando la forma como habrá de instituirse y organizarse, el acceso a los servicios básicos necesarios para la operación, y la obtención de fuentes de financiamiento y otros servicios de alto valor agregado que varían de acuerdo con la línea de negocios a la que se dedicará la nueva empresa.
Definido por la Asociación Nacional de Incubadoras de Negocios de los Estados Unidos (NBIA, por sus siglas en inglés) como un proceso dinámico de desarrollo empresarial, la incubación de empresas no es un concepto nuevo, si acaso, el detalle radica en que su incorporación a los países en desarrollo se ha dado con cierta lentitud.
Un poco de historia
A finales de la década de los cincuenta, se dio un los Estados Unidos un fenómeno que habría de transformar el pensamiento empresarial en los años posteriores. La primera incubadora de empresas de la que se tiene documentación arrancó en Batavia, Nueva York, como parte de un esfuerzo para reactivar la economía de la región.
En 1957, la compañía Massey-Ferguson, con casi 2,000 personas empleadas en la comunidad de Batavia, anunció el cierre de sus operaciones como resultado de una serie de fusiones y adquisiciones que la industria manufacturera estaba experimentando. Las consecuencias para la economía local no pudieron ser más devastadoras, pues el pequeño poblado dependía fuertemente de esa compañía en extinción y de una agricultura que pasaba por sus mejores días.
Ante la oportunidad de hacer negocio, los Mancuso, una familia local de emprendedores especializados en los bienes raíces, compró las instalaciones que antes ocupaba Massey-Ferguson, con la idea de rentar la propiedad a cualquier otra empresa que decidiera instalarse ahí. Para su mala fortuna, la industria manufacturera no era la única que pasaba por un mal momento, pues no había empresas interesadas en rentar y los Mancuso, poco a poco, vieron esfumarse las posibilidades de que alguien más llegara a ocupar esos terrenos.
La oportunidad que hay detrás de todo problema
Detrás de todo problema hay un gran oportunidad, y los Mancuso, al no contar con ninguna compañía dispuesta a rentar los 85,000 metros cuadrados del edificio, decidieron llenarlo dividiéndolo en espacios más pequeños que albergaran a toda aquella empresa dispuesta a iniciar operaciones en esas instalaciones bajo un cómodo esquema de arrendamiento y, lo más importante, con la orientación y guía de la familia para desarrollar su idea de negocio. Estos esfuerzos se vieron recompensados por una oleada de negocios dispuestos a crecer y formalizar sus actividades empresariales bajo el modelo de incubación de los Mancuso. Se daba comienzo así a la primera incubadora de empresas, el Centro Industrial Batavia, en 1959.
En 1964, el concepto de incubación de negocios se expandió en los Estados Unidos, cuando un consorcio de 28 universidades y escuelas de educación superior inició operaciones bajo el nombre de Centro de Ciencias de la Ciudad Universitaria (CCCU) en Filadelfia, Pennsylvania. Como parte de sus esfuerzos, el CCCU arrancó un programa para apoyar el establecimiento y el crecimiento, en sus etapas iniciales, de empresas orientadas a la investigación y desarrollo, siendo éste el primer parque industrial con ese enfoque en los Estados Unidos.
La expansión de las incubadoras por el mundo
Las redes de incubadoras fueron expandiéndose en los Estados Unidos y el modelo de incubación se empezó a popularizar en otros países, de lo cual hay evidencia al constatar que la primera incubadora de empresas británica data de 1972. Este gran fenómeno llegó a Rusia y a los países de Europa del Este tras la caída del comunismo, y a los países de América Latina hacia principios de los noventa. En el caso de México, la primera incubadora de negocios de base tecnológica nació en Ensenada, Baja California, tras lo cual siguieron esfuerzos a lo largo de todo el territorio nacional.
En 2001, había ya en México 15 incubadoras formalmente registradas; para 2002, ya operaban 20 incubadoras más. En la actualidad, existen en México más de 50 incubadoras de empresas reconocidas por la Secretaría de Economía, auspiciadas, la mayor parte de las veces, por gobiernos municipales o estatales, por el sector privado, o por universidades. El Estado de Aguascalientes cuenta, a la fecha, con tres de ellas: la Incubadora de Empresas del Tecnológico de Monterrey, el Centro de Innovación Empresarial de Aguascalientes (CEINNOVA) y el Centro de Innovación y Desarrollo Empresarial (CIDE).
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