Por Carlos Fonz
Desde hace años llevo una buena amistad con un consultor norteamericano que es gran aficionado al golf, ya que no deja semana sin jugar al menos dos tardes. Hace unos días me escribió para comentarme de la cobertura que han dado los medios de su país al escándalo del jugador número uno del mundo de ese deporte cada vez más difundido. Como seguramente Ustedes sabrán, Woods estrelló su vehículo contra un árbol y una instalación hidráulica y algunos testigos vieron a la esposa del jugador romper los cristales de la camioneta en un intento (no queda claro) de rescatar al Tiger o de descargar su ira contra él.
Los días siguientes al accidente surgieron en los medios todo tipo de especulaciones en el sentido de un conflicto entre los esposos por las infidelidades del golfista y en las últimas horas se ha conocido que varios de los patrocinadores cancelaron sus contratos porque Woods no representaba ya una imagen confiable para promover sus productos o servicios. Ante esto, el jugador ha decidido suspender su actividad profesional de manera indefinida y avisar que se dedicará por un tiempo exclusivamente a su familia para tratar de recomponer las cosas.
Ante esta situación, los comentarios de mi amigo son válidos y esclarecedores. Los describo de una manera condensada.
Los medios se escandalizan de lo que provocan
En primer lugar, mi amigo dice que muchos de los medios norteamericanos han sido considerados como hipócritas por condenar a Woods ante lo que ellos mismos promueven a diario: la infidelidad.
No hay programa, y si lo hay resulta difícil encontrarlo, en que la TV y el cine norteamericano no presenten infidelidades matrimoniales: la hacen ver como si fuera lo más normal del mundo y como característica de gente “exitosa”:actrices y actores, políticos, hombres de negocios, profesionistas destacados.
Las situaciones de ese tipo son consideradas como inevitables o incluso hasta deseables ya que “no tienen nada de malo mientras no afecten a otros”. Pero el hecho es que siempre y en todos los casos hay alguien afectado (la esposa o el esposo engañados, los hijos de uno o de ambos participantes de la aventura, la sociedad y siempre los propios involucrados).
Si los medios norteamericanos (al menos buena parte de ellos, para no generalizar) han socavado las bases del matrimonio, que no se llamen sorprendidos ahora que una celebridad es descubierta en aventuras amorosas extramaritales: “se cosecha lo que se siembra”. Hacerlo así, en lugar de reconocer que han promovido lo que les sorprende, sería una actitud incongruente, por no decir que hipócrita y farisaica.
La fama o la riqueza no dan derecho a la infidelidad
El hecho de que Tiger sea el deportista mejor pagado, que desde niño haya estado sujeto a una disciplina que le ha impedido tener la diversión propia de sus compañeros (cine, paseos, turismo, convivencia familiar) no implica que al llegar a la plenitud de su vida profesional y cuando todo parecía sonreírle, tuviera derecho a “darse sus escapadas” y liberar las tensiones del deporte de ese modo.
Ni el exitoso ni el agobiado tienen derecho a ese tipo de liberaciones si es que quieren sostener lo que prometieron: ser fieles en lo próspero y en lo adverso. Definitivamente es una incongruencia del jugador; no existe otro nombre.
El deseo de recomponer las cosas
Además de una máquina de fabricar dólares para sí mismo, para los patrocinadores, la TV y otros medios y para los clubes donde juega, Tiger es un engranaje más (el más conocido, pero un engranaje al fin de cuentas) de la maquinaria de mercadotecnia deportiva.
Y, ya sea de primera intención o acosado por las circunstancias, decidió retirarse un tiempo para tratar de restañar las heridas y reconquistar a su familia. Se habla incluso de que adquirió ya una propiedad en una isla cercana a Estocolmo o de que viajaría a los Emiratos Árabes en busca de privacidad. Eso habla de querer, al menos, recomponer las cosas.
Ni la fama ni la riqueza hacen mejor a la persona
Woods podrá ser un “superhombre del golf”, un extraterrestre si se quiere, pero sigue siendo un hombre con los defectos y las pasiones a las que está sujeto el político, el empresario, el profesionista y cualquier persona sobre la tierra.
Reconocer la limitación y darse cuenta de que cualquiera puede ser protagonista de hechos como los del Tiger, es el primer paso para no confiarse, descuidarse y terminar en lo mismo.
Ignoro, dice mi amigo, si Woods es creyente o no. Pero indudablemente que las aventuras le han salido caras: está en la picota en todo el mundo, hay empresas que no quieren ver su imagen ligada a la de un tramposo incapaz de tener dominio sobre sí mismo, engañador y que no puede ponerse como ejemplo a nadie: ni a los jóvenes y niños que juegan golf, ni a cualquier persona. Incluso el dinero que llegó con el esfuerzo y el paso de los años, pudiera retirarse en cuestión de días y hasta de horas.
La fama resulta efímera cuando no tiene sustento en una solidez de convicciones, me decía mi amigo y terminaba con una reflexión: mejor que espantarse de lo que provocamos hay que cuidarnos de tener principios y de esforzarse en seguirlos.
|