Si los adultos supiéramos lo útil que puede llegar a ser en la vida el posponer una gratificación, tal vez pondríamos atención en desarrollar esa capacidad en nuestros hijos.
Está comprobado que las personas capaces de sacrificar algo para alcanzar un propósito tienen más posibilidades de llegar a las metas que se fijan.
A finales de la década de los años 1960 la Universidad de Stanford realizó un experimento que se conoce como la “Prueba del Malvavisco”. Desde entonces, ha sido repetido en varias ocasiones. Consiste en dar una de estas golosinas a niños de 4 años a 8 años de edad bajo la advertencia de que si no se la comen sino hasta que regrese el instructor se les entregará un segundo malvavisco.
Por 18 años se siguió el desempeño académico de los niños que participaron en ese primer experimento y se detectó que los que no se comieron el primer malvavisco sino hasta que se les dio permiso lograron desempeñarse con más éxito en sus estudios.
Pero eso no es todo, resulta que ahora que son adultos son personas con una autodisciplina tal que les ha permitido a muchos ellos conseguir lo que se proponen, aún cuando ello ha significado sacrificar tiempo y esfuerzo.
La prueba aplicada más recientemente llevó a los investigadores a concluir, como sucedió hace más de 40 años, que hay personas que desde sus primeros años se imponen a sí mismas una autodisciplina tal que les permite más adelante conseguir lo que quieren.
Los psicólogos que participaron en la última Prueba del Malvavisco precisaron que si un pequeño no es por naturaleza autodisciplinado sus papás pueden ayudarle a desarrollar esta capacidad. Y para ello no es necesario realizar hazañas, sino basta con fijar límites en cosas necesarias y ser firmes.
“Si a un niño se le niega inicialmente una golosina pero luego se le da porque insiste o hace berrinche, entonces se le estará enseñando que no hay que esperar ni esforzarse por conseguir lo que se quiere", comentó uno de los investigadores.
En ocasiones a los hijos no les resulta fácil la autodisciplina, pero es labor de los padres ayudarles a desarrollarla ya que de ello depende buena parte de su actitud ante la vida, el trabajo, el consumo, el ahorro. Ya de mayores esa actitud de autodisciplina ayudará mucho a trabajar intensamente para poder luego disfrutar del descanso, a ahorrar (que no es otra cosa más que diferir el consumo) para poder luego disfrutar de ese ahorro, a ser pacientes con las personas para poder formarlas y ayudarles de manera efectiva, a ser templados (moderados) en la comida, en la bebida y en las relaciones personales, a seguir un tratamiento para recuperar posteriormente la salud.
La disciplina aplicada y aprendida por uno mismo es una herramienta sumamente útil en la vida.
Y el final de la historia del malvavisco es que tres niños de cada cinco fueron capaces de esperar en consumir su golosina ante la esperanza de obtener una más al fin del período de prueba. |