Días después de la muerte de Eluana que ha conmovido al mundo, han comenzado a aparecer los trasfondos de la historia.
Medios europeos, publicaron que en realidad fueron unas monjas quienes cuidaron y atendieron a la mujer italiana que a los 21 años entró en coma y que 17 años después, a petición de su padre, fue llevada a una clínica donde aceptaron quitarle los únicos auxilios necesarios para mantenerla con vida: alimentos y líquidos.
Sor Albina Corti, Directora de la Clínica Beato Luigui Talamoni, en Lecco, que es atendida por las Hermanas de la Misericordia, comentó que cuidaron a Eluana en los últimos 14 años y que para ellas, “lejos de ser un caso, se trató siempre de una persona viva... Nos hemos quedado muy afectadas al no poder atender ya a Eluana, a la que considerábamos de nuestra familia. Ella no necesitaba nada, sólo nuestro amor”.
Escúchenla, véanla… llegarán a quererla
Cuando el padre de Eluana decidió llevarla a una clínica donde estaban dispuestos a dejarla morir al retirarle los alimentos y líquidos, Sor Albina les hacía una recomendación a quienes habrían de tenerla en la nueva clínica: “Quisiera decirles que la acaricien, que observen su respiración, que escuchen los latidos de su corazón; son tres elementos que los llevarán a amarla”… pero en la nueva clínica no se dieron tiempo para eso.
Contra lo que pudiera pensarse, las religiosas dicen que las relaciones con el padre de Eluana siempre fueron de respeto y de cortesía recíprocos. Varias veces le dijeron “si considera que su hija ya está muerta, déjenosla a nosotras”.
Era como de nuestra propia familia
Por muchos años, ellas atendieron a Eluana como si fuera alguien de la propia familia. “En la Navidad, la llevamos a la capilla para la Misa. Y cuando se la llevaron a la clínica donde le quitarían lo indispensable para la vida, la despedimos con un beso y le dijimos:
- No tengas miedo de lo que te sucederá; estamos a tu lado. Y sobre todo está cerca de ti un Padre que te acogerá en sus brazos y un día nos reencontraremos para compartir la alegría de estar juntas.
Casos tan extremos nunca son fáciles
"Su padre de la tierra, añadió Sor Albina, tenía otra idea de lo que era mejor para su hija, y hay que comprender también su dolor y la dura carga de 17 años con una hija en estado vegetativo. Casos tan extremos y prolongados como éste nunca son fáciles ni nítidos".
Sin embargo, la atención y el cariño que dan a los más débiles y desprotegidos personas como las Hermanas de la Misericordia han quedado evidente en este caso. Y no han faltado los comentarios en el sentido de que los que propugnan el “derecho a una muerte digna mediante la eutanasia” no son los que han dado a los enfermos la atención, el cuidado y el cariño que necesitan.
Su posición, dicen, sería más creíble si se hubieran ocupado en hacer algo por esos mismos enfermos cuando aún están con vida. |