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¿Pero es que alguna vez hubo un debate?
  Jorge Uribe Ugalde
jsuribe@prodigy.net.mx
 
Aguascalientes, MÉXICO., a 10 de junio, 2010
 

Según el diccionario de La Real Academia de la Lengua Española ( Ed. 2002), el término debate significa “ controversia, contienda, discusión”. La palabra debate siempre está relacionada con la confrontación de ideas sobre un tema de interés público, que atañe a la sociedad y sobre el cual existen diferentes posturas partidistas para atenderlo.

Un debate es una discusión sobre una o varias ideas y entre dos o más personas, que buscan el favor del auditorio para su causa. La palabra proviene del latín “battere” que significa golpear, por lo que bien puede considerarse una lucha verbal, cuyo fin es derrotar al adversario. Las armas son las palabras y la dialéctica, o sea la habilidad para el diálogo que capta conceptos y elabora respuestas para imponer el punto de vista propio.

El debate es parte de la oratoria y como tal maneja conceptos retóricos, estilos y lenguajes corporales, que definen la percepción que el público pueda formarse de los sujetos que se exponen en el proceso de intercambiar ideas.

Los debates parlamentarios en países desarrollados no son cosa nueva y constituyen parte importante de su vida política. En América sobre todo en la del norte, los debates entre candidatos a ocupar puestos de elección popular, no son cosa nueva y son casi obligados entre sus políticos. Dando a los electores la posibilidad de conocer sus ideas y comportamiento ante cuestionamientos contrarios, cosa que define el voto.

Desde que en 1960 se enfrentaron Nixon y Kennedy, quedó en claro que estas confrontaciones, constituían un poderoso elemento de mercadotecnia, la mezcla de imagen y manejo dialéctico, era capaz de definir una elección, constituyendo al mismo tiempo un arma de afilados filos, capaz de herir en ambos sentidos.

En nuestro país se han iniciado estos debates, con una marcada propensión a evitar enfrentar abiertamente al contrincante, un ejemplo más de la tan cuestionable cortesía nacional, que en ocasiones me parece más cortedad o sumisión, que verdadera cortesía. La mercadotecnia es agresiva, sea a la pasiva o a la activa y en este caso de los debates, si aceptamos que son mercadotecnia política, estos no pueden ir en contra de su naturaleza, que es la de ganar porciones de mercado.

En días pasados y con motivo de las próximas elecciones del cuatro de julio, en la que la apuesta mayor se llama gobierno del Estado, el Instituto Electoral Estatal, promovió un debate entre los aspirantes al cargo para dicho puesto, dadas las circunstancias del ambiente electoral, este fue esperado con interés y quien esto escribe, puntualmente sintonizó la estación televisiva. Estaban los que debían estar y podía esperarse una buena discusión. Pero desde que se presentó el esquema con el que se desarrollaría, se mostró que este distaba mucho de verdaderamente ser un debate.

Teniendo la oportunidad de ver y escuchar a personas destacadas, presentando propuestas, defendiéndolas y atacando a las de su contraparte, nos tuvimos que conformar con una serie de exposiciones de motivos e ideas expuestas de forma lineal, que no contemplaba la interacción con los otros candidatos. Con la salvedad de algunas puyas personales, que fueron de lo corrosivo a lo personal, fue nula la posibilidad de contraposición.

Como ciudadano me siento defraudado por el evento, que bien se pudo haber hecho de manera individual con cada uno de ellos, de manera gris y gastada. Fue un desperdicio de tiempo y talento, que de haber existido la posibilidad de confrontación, hubiera sido enriquecedor en grado extremo para la ciudadanía, de modo de poder definir un voto razonado. Incluso los contendientes lo merecían, en respeto a su capacidad intelectual.

En el canal televisivo de TVE, se pasa un programa que se llama 59 segundos, en el que acuden periodistas y políticos para tratar algún tema de interés en la vida de España, existe una auténtica moderadora que da únicamente 59 segundos ( de ahí el nombre del programa) a cada participante para exponer sus ideas y verdaderamente hay un debate entre las distintas facciones ahí representadas. Quizá por ver este programa con frecuencia, esperaba algo así, lo que explica mi desencanto y malestar. Con la mejor de las intenciones, me permito invitar a los organizadores, que consulten el diccionario para comprender el término y segundo que algún día vean el programa al que me he referido, creo que todos ganaríamos y mucho.

         
       
 
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