Cuando estaba en la universidad, un profesor de negocios me enseñó un jueguito sobre unir puntos con la menor cantidad de líneas posibles. Este truco, que es bien conocido por muchos, se llama “pensar fuera de la caja”, no estar supeditados a los límites impuestos por lo que sea (por la condición social, por la imposibilidad de la ciencia, por los prejuicios, etc.) pensar más allá de los límites de la creatividad. Creo que ese ha sido el mecanismo de los que en la historia han pasado como genios o visionarios. A mí me gusta relacionar este hecho de “pensar fuera de la caja”, con aquella frase de Bernard Shaw que dice “La gente ve cosas y se pregunta por qué; yo sueño cosas y me pregunto por qué no”. En fin, son cuestiones que hacen a uno pensarlo mejor cada vez que se tiene que tomar alguna decisión.
Así como ese pensar fuera de la caja nos ayuda a ir más allá de nuestra imaginación, así también hay hombres que parecen hechos para pensar y para actuar “fuera de la caja”, es decir que se salen del paradigma “estándar” de los seres humanos y que se distinguen por su actuar personal a lo largo de la vida o por su trabajo concreto en un ámbito determinado.
Algunos de esos hombres han hecho de su vida un libro multicitado o incluso han merecido ser recordados en estatuas que permanecerán por mucho tiempo. Otros, que fueron también triunfadores sobre la mediocridad, pasan su vida en un anonimato anunciado, es decir, que dejan huella sobre aquellos a quienes han conocido aunque no lleguen a ser célebres o famosos. Tanto los muy conocidos como los que no han llegado a serlo, constituyen un gran beneficio para la humanidad.
He tenido el gusto de conocer a uno de esos hombres “fuera de la caja”, que por su sencillez me ha dejado más que convencido de que para ser grande hay que hacerse pequeño. Uno que es tan sencillo como para recibir a un reducido grupo de universitarios inquietos por el desarrollo social y preguntar a uno por uno
- ¿ Cómo estás?, cuando los que le rodeamos, quisiéramos más bien saber cosas de su trayectoria y su experiencia. Me refiero a mi ahora amigo —con la expresa autorización de él mismo, para llamarme su amigo—don Lorenzo Servitje Sendra a quien conocí de manera personal recientemente y del que no acabaré de sorprenderme por su calidad como un gran ser humano que es y que ha sido siempre.
Me recibió en su oficina, junto con el pequeño grupo de compañeros míos, en el edificio corporativo de la empresa que ayudó a fundar y a construir, porque como él mismo dice: “las obras humanas exitosas, son producto de la colectividad, nunca de una sola persona”; me refiero a Bimbo. Nos platicó su historia, sus quehaceres, sus inquietudes y sus deseos. Tuve la oportunidad de conocer no al industrial exitoso, ni al hombre de negocios famoso, sino al joven que atendió la caja de la pastelería “El Molino” allá en los 20’s cuando ayudaba a su padre y a su madre en la empresa familiar, ubicada en el Centro de la Ciudad de México.
Conocí al padre de familia y a sus alegrías; nos compartió algunos de sus conflictos personales con la vida, y del amor impregnado de nostalgia por su querida esposa que falleció hace algunos años, y a quien le sigue dedicando sus pensamientos y poemas. Es un hombre extraordinario, más allá de que siempre ha sido un visionario de la empresa.
Es gratificante conocer personas como don Lorenzo, además saber que coincidimos, él, yo y muchos millones de mexicanos en el convencimiento de que hay que comprometerse con el prójimo. Al final de nuestra visita le dije:
- Don Lorenzo, ¿Qué me recomienda para mejorar nuestra actividad social en Aguascalientes? (refiriéndome a las labores sociales realizadas por la Universidad Panamericana en comunidades marginadas y al Movimiento sí a la Vida en donde actualmente colaboro) y me dijo muy seguro: yo recomiendo solamente una cosa: tratar con cariño a la gente con la que se trabaja. Son palabras simples pero de ejecución compleja.
Agradezco a Don Lorenzo Servitje, ese hombre “fuera de la caja”, el haberse tomado el tiempo para escuchar, y sobre todo la confianza de compartir inquietudes y recuerdos muy personales conmigo y con mis compañeros de afanes, que lo visitamos hace unos días. Desde este espacio, le envío un cordial saludo, con el deseo de saludarlo pronto otra vez, para continuar aprendiendo de ese hombre que no quiso ser mediocre, y que por ello mismo se convirtió en uno de los que fueron hechos para pensar y para vivir “fuera de la caja”.
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