Los noticieros hablan pestes de todo, del gobierno, de la economía, de la violencia—más cuando es contra periodistas—de los resultados en deportes, etc.. El ambiente de fervor es en contra de las cosas positivas. Los noticieros han creado una atmósfera de pesimismo que poco a poco ha mermado la conciencia de los ciudadanos “teledirigidos” que ya han creído que la batalla por el desarrollo está perdida.
Otros medios, los menos poderosos, publican noticias positivas. Por ejemplo, hace unos días, un medio de circulación nacional habló de las patentes de la Universidad Panamericana, cosas extraordinarias que vale la pena conocer, como los micromotores auto recargables.
Pero sigamos con este recorrido. La televisión muestra escenas de asesinatos y secuestrados en todo el país. Recuerdo el poema de Sabines sobre el televisor, “… me preocupa el televisor, da imágenes distorsionadas últimamente...” y es cierto, da imágenes distorsionadas últimamente. Tal vez por un asunto de vender, o por “informar”.
Por otro lado, de esos mismos medios surge una iniciativa para premiar a los organismos sociales que se dedican al trabajo comunitario o a cualquier causa que amerite ser seguida y difundida. Se me viene a la mente aquellas palabras de mi maestra de inglés en la Secundaria Técnica 20, cuando nos hablaba en “spanglish” … a Little mariposita… un lenguaje doble. Un doble lenguaje.
Por un lado, las televisoras denuncian una realidad parcial sobre la violencia y la tristeza que podría causar vivir en México. Por el otro, emergen como los salvadores que dan dinero para encontrar respuestas a los problemas sociales. Pero yo insisto en el tema: todo comienza por la percepción.
La vida es un asunto de percepciones, al menos en cualquier comienzo: en una relación amistosa, en la lectura de un currículo profesional de alguien que se presenta a pedir trabajo. En la forma en que se viste una persona. Luego, con el tiempo, se profundiza en ello y se sabe la coincidencia o las diferencias con lo que fue el primer juicio de valor ante la situación en particular.
Los medios, son un arma poderosa. El secreto está en venderlos correctamente. Primero, la actitud pesimista y derrotista—que no quiere decir que no exista el mal, es una locura negarlo—pero segundo, el tema es por qué mostrar a través de un proyecto, como Iniciativa México, el otro lado de las realidades. ¿Qué a caso tiene que haber una convocatoria de éstas para difundir las buenas causas que muchos mexicanos estamos realizando en todos los rincones del país?
Más las causas buenas que los hechos de violencia
Estoy seguro que si juntamos todas las causas buenas que muchos mexicanos realizan en toda la República, son más que las imágenes de violencia que asoman en los medios de comunicación.
Sí es cierto, no nos está yendo bien en la lucha contra el narco, tampoco en el asunto económico con la crisis mundial, ni siquiera se sabe a ciencia cierta si la influenza ya se fue. Tenemos muchos problemas: pobreza, indiferencia política y social. Pero me pregunto si en la historia mexicana ha habido algún día terso y verso que pudiera contarse con singular alegría.
Cuando se inició la lucha por la Independencia, fue una guerra sangrienta a pesar de que el objetivo era legítimo y noble. La Revolución Mexicana no contó diferencia en cuanto a la violencia. Es más, la toma del poder durante el Siglo XIX es una muestra de la vida violenta y lúgubre que ha tenido nuestra patria. El movimiento del 68 convocó a la muerte de estudiantes inocentes engañados por ideólogos de izquierda. El temblor del 85 provocó miles de pérdidas económicas y humanas. La guerrilla de Lucio Cabañas y la del sub comandante Marcos. La devaluación del 95 provocó que miles de familias perdieran su patrimonio.
En fin, cada día de esta historia ha sido violenta y no fácil. La historia aparenta haber sido triste e incluso ensañada con el pueblo. Pero por otro lado, en cada evento que he citado, en cada uno, ha habido una respuesta positiva: tras la violenta lucha independentista vino la libertad. Tras la Revolución vino nuestro actual sistema de gobierno, la Constitución y los valores que le dan civismo a este territorio llamado México. Tras las distintas tomas de poder del Siglo XIX supimos bordear las diferencias para enconar los comunes y construir. El movimiento del 68 dio ejemplo de líderes juveniles que actuaron valientemente y habló de la necesidad de participar para evitar el autoritarismo gubernamental. Tras el temblor del 85, la solidaridad de la población fue inaudita y ejemplar. La guerrilla siempre denuncia las injusticias y por otro lado, nos ha enseñado que la construcción social debe ser siempre mediante el diálogo. La devaluación nos enseño que el involucramiento ciudadano es básico para evitar la corrupción. Nos enseñó que los créditos son buenos, pero ahorrar es mejor. La violencia actual nos muestra que o nos decidimos a participar o alguien más, por lo general con intereses oscuros, lo hará por nosotros.
En fin podría seguirme aquí hasta agotar las letras del teclado, pero lo que es evidente es que nuestras fuerzas son mayores que nuestros problemas.
La patria no está en venta como algunos quisieran. Lo que ha faltado es involucramiento. Es perder el miedo. Es hablar y criticar, pero también proponer. Por qué esperarnos a que los monopolios comunicativos hagan una falacia de la entrega ciudadana, cuando ellos en sus manos tienen una labor cívica que no han cumplido, dedicándose a instruir a la gente para que no hable y no se mueva.
Comencé diciendo con el título que la patria se vende toda o en partes. Lo hice porque el otro día comenté esto mismo en la red social Facebook, y respondieron pronto varios conocidos, sobre si era una venta del gobierno o del crimen organizado, o de los políticos. La patria está siendo vendida por los ciudadanos que no participan, los que se callan o se esconden en su trabajo para no involucrarse en la vida pública. Está en venta por aquellos indiferentes que han logrado que el timón sea tomado por unos cuantos.
Esto es un exhorto a los mexicanos en el año del Bicentenario del inicio de la lucha independentista y del centenario de la Revolución. La patria no se vende. Hace falta participar. Participemos más. |