En lo que va de la semana, México ha estado al menos en dos ocasiones en los medios de comunicación de todo el planeta.
La primera, al resultar ganadora una mexicana del concurso de Miss Universo. La noticia habla de la belleza de la mujer mexicana, de la tenacidad, preparación y decisión que requiere una participante para superar las diversas fases y evaluaciones del concurso. Agradable noticia, aunque prácticamente anecdótica, que habrá de generarnos buena voluntad que se traducirá en promoción turística y tal vez en visitantes al país.
La segunda, el descubrimiento en Tamaulipas de un rancho con 72 personas que fueron asesinadas, al parecer por grupos de sicarios. Terrible noticia, de las que dejan huella y tardan en borrarse de la mente de quienes la escuchan o la leen.
Habrá de confirmar lo que ya se sabe en todo el mundo, que vivimos una situación extraordinariamente difícil de pobreza, de inseguridad, impunidad de los delincuentes y de incapacidad de las autoridades en todos los niveles para hacer cumplir las leyes. Y habrá de producir tal vez la cancelación de algunas reservaciones para vacacionar en México, pero seguramente el que muchos norteamericanos, europeos y asiáticos que tenían entre sus planes futuros visitar México, nos hayan borrado de su lista por la realidad vigente.
La inversión en imagen y el gasto en promoción
se anulan con noticias negativas
Así es el mundo en nuestros días. De poco valen los esfuerzos y las inversiones que realice un gobierno para promocionar a su país,ante las noticias repetidas y alarmantes como las que reportan inseguridad.
Según se ha conocido, un grupo de 73 inmigrantes sudamericanos, hondureños, ecuatorianos, brasileños y de otras nacionalidades, fue detenido por sicarios en Tamaulipas, cerca ya de alcanzar el objetivo buscado: la frontera con Estados Unidos.
Parece imposible que ni la autoridad migratoria, ni autoridad alguna a lo largo de más de 2,000 kilómetros de trayecto fuera capaz de detectar un vehículo (no se ha dicho si camión o autobús) en el que viajaban hacinadas 73 personas, y en cambio sí lo fueron los sicarios.
Un hecho así refleja mucha incapacidad, pero también mucha corrupción. Para reunir a 73 indocumentados y hacerlos cruzar todo el territorio nacional se requiere de una organización grande y estructurada, capaz de promover sus servicios en Centro y Sudamérica o al menos en la zona fronteriza con Guatemala. Se necesitan, además, contactos para ayudarlos a cruzar la frontera, y para viajar miles de kilómetros sin ser detectados ni por policías estatales, ni por federales.
Corrupción, uno de los grandes males de México
Quizá el factor que más ha aportado al atraso, la inseguridad y la pobreza de México ha sido justamente el afán de irse por la vía corta, de corromper a quienes deben aplicar las leyes en lugar de acatarlas. Y eso no es nuevo. Testimonios de los primeros años del México independiente nos hablan de ello, aunque también hay esos testimonios desde la época colonial.
200 años después de la Independencia, la corrupción sigue siendo constante y una las cadenas que nos impide levantar el vuelo hacia el desarrollo. Está en todos los niveles y en todos los poderes, desde el policía de tránsito hasta lo más alto que quiera imaginarse.
Ojalá que, a consecuencia de las celebraciones del Bicentenario, entendiéramos que en la medida en que subsista la corrupción, subsistirá la pobreza, la desigualdad, la impunidad, el subdesarrollo, la migración a otros países y tantas otras carencias de México.
Lástima por esos hombres y mujeres sudamericanos que en la búsqueda de solucionar sus necesidades emprendieron el largo camino hacia el sueño americano, y que terminó en la pesadilla mexicana.
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