Le Monde, el periódico parisino que es uno de los medios europeos más influyentes, dice en su edición de ayer que la llegada del PAN al poder en México voló en pedazos el “pacto tácito” que el viejo régimen autoritario del PRI había alcanzado con los barones de la droga.
Dice, además, que el electorado mexicano se encuentra en el “dilema poco feliz” de elegir entre “la libertad” que ofrece el PAN y la “seguridad” que ofrece el PRI.
Esa es la realidad de México. Siempre al borde del abismo y siempre ante la disyuntiva de elegir entre dos malas alternativas.
Durante siglos, México se debatió en la lucha entre conservadores y liberales, que representaron las primeras cadenas en un país teóricamente libre desde 1810. Y en la lucha entre dos corrientes masónicas (escoceses y yorkinos) que detentaron el poder y tomaron de rehén al país entero. Y en la pugna entre la influencia de un imperio en extinción (Francia) y otro en surgimiento (Estados Unidos) ya que uno de los escenarios de ese combate fue nuestro suelo. Y cuando se pudo acabar con la inseguridad, fue al precio de la dictadura porfirista, preludio a su vez de una revolución sangrienta.
Después, 70 años de partidos revolucionarios, que medio pacificaron y medio desarrollaron al país, a cambio de conceder una libertad a medias en lo económico, en las creencias y en el pensamiento.
La esperanza de muchos pareció verse cumplida en el 2000, con la llegada al poder de un partido distinto pero que resultó igual: incapaz de satisfacer del todo. Y, una vez más, los mexicanos tuvimos que pagar el costo de gobernantes frívolos y vacíos, que dilapidaron de manera absurda el respaldo popular y el tiempo de un país que parece estar en una carrera desesperada contra el tiempo: encontrar nuestro camino al desarrollo antes de que el destino nos alcance al agotar el bono poblacional sin tener la certeza de poder financiar el envejecimiento de la población.
Mal aprovechamos el bono poblacional cuando los jóvenes con poca preparación se van a hacer trabajos pesados, difíciles y riesgosos en los Estados Unidos, y los jóvenes con talento y estudios superiores avanzados encuentran las oportunidades que buscan en aquel mismo país, en la Comunidad Europea o en Asia.
Ahora, estamos ante una alternativa nuevamente viciada: continuar con la ineptitud conocida de unos o caer en la perversidad comprobada de otros. Como dice el refrán castellano: “saltar de la sartén para caer en el fuego”, o en este caso mejor lo expresa el habla popular mexicana:“son como la yunta de Silao: tan malo el pinto como el colorao”.
La verdadera solución sería que, como sociedad en conjunto y cada uno en lo particular, nos decidamos a romper los dilemas que no llevan a ninguna parte, y asumamos lo que nos corresponde hacer: trabajar, participar, comprometerse, aportar, además de exigir, exigir. Y exigir.
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