Por Carlos Fonz
Tengo un amigo al que estimo mucho, entre otras cosas, porque es de los que más inquietud tienen en reunir al grupo de amigos, convocándonos con frecuencia a su casa donde se esmera en atendernos. Se ve que le nace hacerlo, que le gusta y lo disfruta, y que cuenta para ello con la complicidad de su esposa y de los hijos y además de las personas que le ayudan en las tareas de la casa. Y es que una invitación a cenar a un grupo de matrimonios, por más sencillo que se haga, representa ciertas complicaciones al trabajo habitual.
Este amigo al que me refiero, desde que nos recibe en la puerta de su casa, suele estar ya ataviado con un mandil largo que se presta a las bromas de todos en el sentido de que ese atuendo es “el uniforme oficial de la casa”, o es su “ropa de trabajo” o mil chascarrillos más que los mexicanos suelen sacar para hacer mofa del marido que ayuda en la casa. El hecho es que mi amigo encaja bien las bromas y en nada se afecta su autoestima por el hecho de que lo consideren socio prominente de “la cofradía del mandil”.
Hace unos días leí en la prensa europea algo que me pareció interesante, curioso y digno de tratar en estos comentarios, ahora que las familias están en el tiempo del verano que de alguna manera implica un estilo menos tenso y complicado que lo habitual.
Eso que leí hablada de la relación que existe entre la estabilidad y la armonía de los matrimonios ingleses con el grado en que ayudan en casa los maridos. Al parecer, hay elementos estadísticos para decir que a maridos más comedidos en las tareas del hogar, corresponden matrimonios más estables y felices, aunque esa regla no puede llevarse al extremo ya que serían las propias esposas quienes se oponen, según esa noticia, a tener en casa a un marido que se haga cargo del todo.
El estudio proviene de una institución tan seria como la London School of Economics y fue desarrollado por el Departamento de Política Social. Pero a decir verdad, no es necesario contar con el aval académico de una institución tan seria como la London School para darnos cuenta de que las cosas marchan mejor en una familia donde todos cooperan haciendo algo en beneficio del conjunto. Es cierto que todos tenemos, afortunadamente, muchas tareas por hacer, pero todos podemos hacer siempre mucho en beneficio de los demás, que es decir en beneficio de la familia y finalmente de nosotros mismos.
Cada quien debe tener labores asignadas en la casa
No habla mal de un padre de familia el hecho de que además de trabajar en la oficina o en el consultorio, se eche a cuestas pequeñas labores domésticas como vigilar el mantenimiento de los coches y tener cuidado de llevarlos al servicio o al taller cuando lo requieran, o hacerse responsable de sacar a pasear al perro, y mantener el orden en la cochera o arreglar una lámpara, cambiar los focos averiados y muchos ejemplos más que cada uno puede aportar. Lo importante es que no se considere eximido de apoyar en la casa y se sienta con derecho de simplemente apoltronarse en el sillón a ver la TV al regresar de la jornada laboral fuera de casa.
Afortunadamente en la actual generación de mujeres muchas combinan la responsabilidad de la casa y con un trabajo profesional ya sea una jornada de tiempo completo o una media jornada. Ellas, por lo general, no consideran concluida su labor al regresar a casa o al suspender el trabajo profesional realizada desde su misma casa, sino que vuelven al hogar con mil pendientes por hacer y los suelen concretar de manera tan efectiva como decidida y con afán de resolverlo de una vez por todas, es decir a fondo
Por lo que hace a los hijos, si no los enseñamos desde niños a que se es más feliz en la medida en que más se involucran en ayudar a los demás, comenzando por los de la casa, eso difícilmente podrán aprenderlo fuera del hogar. Al volver de clases cada uno debería tener bien marcadas sus responsabilidades, de manera que aún le quede tiempo para el deporte, la distracción y la interacción con amigos y amigas.
El afán de servicio produce alegría
Tenemos otro matrimonio amigo con cuatro hijos pequeños, de doce años el mayor y de un año y medio la pequeña. Tanto papá como mamá trabajan profesionalmente fuera de casa y por las tardes siguen con la labor externa aunque varios días a la semana pueden desarrollarla conectándose a su empresa mediante el internet. Pues los días en que ambos están fuera de casa por las tardes, el hijo de mayor edad además de hacer sus tareas, recoge la mesa y pone la lavadora de ropa auxiliado por los dos que le siguen. Todos en esa casa están ocupados, por no decir ocupadísimos; pero no digo que siempre están contentos sino contentísimos. Esa familia entera serían los mejores modelos para filmar comerciales de pasta de dientes, de esos en los que todos aparecen siempre con una inmensa sonrisa.
Hay una frase que se le atribuye a la Madre Teresa de Calcuta en la que habla de que la alegría es una consecuencia natural de afán de servicio. Por ello, no resulta extraño el hecho de que los hogares donde los cónyuges y los hijos, cuando los hay, apoyan las tareas de la casa, viven más felices. Y por regla natural nadie trata de acabar con el lugar donde se obtiene esa alegría y esa felicidad. Por ello, en consecuencia, en las familias donde hay cooperación del papá y de todos en las tareas comunes, es lógico y natural que se viva mejor y que se ahuyente el fantasma del divorcio.
Y, como lo hace mi amigo el que nos convoca con frecuencia a su casa, no debe darnos miedo lucir el mandil. Si ningún trabajo, por humilde que sea resulta vergonzoso cuando es honesto y digno, me pregunto si habrá alguien más digno de que le prestemos servicios que nuestra propia familia?.
Visto de ese modo, los señores deberían estar de acuerdo conmigo.
¿Y las señoras?. Ni se diga, ellas seguramente estarán ¡de acuerdísimo!. |