logo

¿Tiene Usted "hijos con carácter"?
  • Las ventajas de ser persona de carácter
  • Las diferencias entre tener carácter y ser intransigentes
  • Cuatro pasos para formar hijos de carácter
Aguascalientes, MÉXICO, a 08 de julio del 2010

 
 

Algunas otras notas que puede leer en DESDElared

¿Ya planearon sus vacaciones?


Qué teoría pedagógica debo seguir


Curso breve de lo que es el matrimonio


De nada sirve ponerse de malas ante las dificultades


Mujeres al borde de un ataque de...

     
  Enviar comentario Imprimir Enviar a un amigo Buscar en DESDElared
 

Por Carlos Fonz

Una vez terminado el revuelo que causa en cualquier ciudad del tamaño de la nuestra un proceso electoral como el que acabamos de pasar, retomo nuestros comentarios en relación a la familia y a los hijos.

Hace unos días, conversaba con uno de mis amigos y me comentó que estaba orgulloso porque se había enterado que a su hijo lo consideraban como “persona de carácter”. Me da gusto que así sea, me dijo, ya que mi esposa y yo hemos tratado de educarlo para eso.

Y a lo largo de un par de tazas de café, platicamos de ese proceso de educar para que los hijos resulten personas de carácter.

Advierto antes que nada que tener carácter no puede identificarse como ser una persona intransigente, autoritaria o impositiva. En el buen sentido se dice que alguien es fuerte de carácter cuando siempre y en toda circunstancia responde a los fundamentos y a los lineamientos que él mismo se ha fijado. Y no lo mueven de ahí ni las circunstancias momentáneas, ni las ventajas que pudiera tener por cambiar sus principios, ni las dificultades que pudieran surgir a causa de los mismo, ni otro tipo de cuestiones aleatorias.

Todos hemos conocido a personas de carácter. Por lo general, son aquéllos que tienen un impulso desde su interior y que no se mueven o se dejan mover por lo que sucede exteriormente y de manera circunstancial. Me explico: una persona de carácter asumirá sus responsabilidades cuando le resulte fácil cumplirlas y cuando le resulta cuesta arriba.

El hombre o la mujer de carácter, por ejemplo, acudirán a su trabajo y cumplirán su responsabilidad con independencia de que llueva, de que haga frio o calor y de que tengan o no ganas de hacerlo. Cualquiera que hayamos tenido algún nivel del mando en una empresa o en una institución, seguramente nos hemos dado cuenta que hay personas en las que podemos confiar y otras en los que es preferible no hacerlo.

Bueno, pues generalmente los confiables, los que siempre sacan las cosas que tienen encomendadas, esos son los que tienen carácter. Los que no se doblegan a la primera adversidad, sino que ponen todo lo que esté de su parte aunque las circunstancias resulten adversas.

Insisto que el hombre o la mujer de carácter no son una barra de plastilina, que cualquiera puede moldear a su antojo, pero que sirve de poco; aunque tampoco son una pieza de plástico rígido que se rompa al tratar de darle forma. La persona de carácter se asemeja más a una barra de acero que es sólida y que sirve para hacer palanca o para perforar hasta una roca, pero que en las condiciones adecuadas puede moldearse y cambiar de forma.

Pienso que todos quisiéramos tener hijos así: respetados, de sólidas convicciones, de una fuerza interior que los haga resistir los vendavales de la vida, pero al mismo tiempo capaces de convivir, de entender a los demás y de cambiar de forma cuando se les demuestra que es conveniente hacerlo.

El tema nos da para más y seguiremos con él en la próxima colaboración. Sólo quiero adelantarles unas ideas que repasé recientemente en un autor especializado en estos temas. Forjar hijos de carácter es sencillo si se sigue paso a paso un proceso de cuatro etapas.

  1. Hacer de los hijos personas de pensamientos. Cuando se les inculcan ideales nobles y ambiciosos y se les aportan ideas a su alcance, conseguimos ese primer paso para forjar personas de carácter.
  2. Como consecuencia lógica de lo anterior, luego de los ideales vendrá el deseo de hacer algo para cumplir ese ideal y hacer realidad ese pensamiento.
  3. Y después del deseo de hacer algo viene la motivación para realizar esa acción. No basta con desear ser o hacer algo, hay que decidirse a serlo o a hacerlo.
  4. Cuando la decisión de poner por obra nuestros deseos se hace de manera consistente y habitual, hacemos de ella un hábito, una costumbre. Y de esa manera completamos el círculo virtuoso de formar hijos o colaboradores de carácter.

Ya entraremos en cada uno de esos pasos que nos ayudarán a formar hijos sólidos y fuertes, pero no intransigentes. Comprensivos, pero no objetos que cada quien mueve a su antojo. Firmes, pero al mismo tiempo comprensivos. Inflexibles, al tiempo que son compasivos. Que combaten decididamente los errores, pero que entienden y ayudan a las personas que los cometen. Y especialmente hijos capaces de poder enfrentar el mundo difícil que les espera.

 
 
Twitter
Linkedin
 
 
 
 
 
 
 
Si alguno de los anuncios que aparecen en nuestro portal llegara a parecerle inadecuado de un medio de este tipo, le agradeceremos
que nos lo haga saber en el apartado Comentarios que aparece en cada una de las informaciones, y nos diga cuál es el URL correspondiente.

desdelared.com.mx

4

3

2

1

Desarrollo: Desde Aguascalientes, S.A. de C.V.
© Para la reproducción parcial o total de DESDELARED.COM.MX, en cualquier medio, se requiere citar la fuente.