En las semanas pasadas, los universitarios presentaron trabajos finales de semestre.
Si fuiste uno de ellos y tuviste problemas con quienes formaste equipo, a la mejor no es consuelo saberlo, pero esas mismas dificultades las enfrentaron casi todos los estudiantes universitarios, pues son una constante cuando dos o más personas se reúnen para hacer un mismo trabajo.
Pero tal vez si te detienes unos minutos a considerar qué te aportaron esos trabajos, caerás en la cuenta de que no sólo aprendiste algo más sobre la materia sino también sobre ti y sobre tus compañeros y compañeras.
Y es que trabajar en equipo, como lo experimentaron estas últimas semanas varios estudiantes de la Universidad Interamericana para el Desarrollo (UNID) puede ser la oportunidad de aprender que trabajar en equipo es difícil pero que para lograr grandes resultados se necesita de la pequeña colaboración de todos.
Alumnos del décimo cuatrimestre de la materia de Seminario de Mercadotecnia Social de la Licenciatura en Mercadotecnia de la UNID debieron implementar, como trabajo final, proyectos concretos en asociaciones civiles del estado de Aguascalientes.
Se trató básicamente de hacer un diagnóstico de las necesidades manifestadas por la asociación elegida y a partir de ahí proponer y ejecutar una campaña. Y así fue como se formaron 5 grupos.
Equipo 1: cubrimos el objetivo
Sandra Montoya Castorena, Norma Patricia Montoya Castorena y Concepción de las Nieves Tovar Gómez trabajaron con la asociación Grupo Kurange en la campaña “Viste a un niño”.
El objetivo fue diseñar un logotipo más amigable y reunir ropa para donarla a colonias pobres. Para lograr esto último elaboraron muñecos con papel unicel que colocaron en los pasillos de la universidad sin dar más explicación. Una semana después les agregaron frases y visitaron los diferentes salones para explicar de qué se trataba. Más adelante, a los pies de cada muñeco colocaron cajas, donde fue depositada la ropa.
Las tres recuerdan: “Los muñecos nos parecieron hermosos, pero a la coordinadora de la carrera como que no le gustaron mucho; pero con todo y los defectos de nuestros muñecos se logró el objetivo de recabar la ropa”.
Comentan que fue divertido conseguir los objetivos, y que se dieron cuenta que para lograr grandes resultados se necesita de la pequeña colaboración de todos. “Vale la pena trabajar cuando sabes que tienes un beneficio para ti y para otros”.
Equipo 2: dar y apoyar sin esperar nada a tiempo
Grecia Escobar López, Stefany Vallejo, Karla Castañón Guerrero y Alan se decidieron por realizar una campaña que comprendía hacer una obra de teatro con niños de una primaria de Rincón de Romos para recolectar alimentos a favor de la Fundación Emmanuel.
El propósito se cumplió, y sobre eso nos dicen que se dieron cuenta que es necesario “dar y apoyar sin esperar nada a cambio”
Equipo 3: satisfacción de
ayudar a los más necesitados
Valeria Ramírez Escobedo y Cecilia Narváez Gómez trabajaron con el Asilo de Ancianos María Auxiliadora en dos frentes: hacerse de más bienhechores que se comprometieran a dar una aportación mensual y modificar tanto el logo como el slogan.
Esta experiencia no sólo les permitió enfrentarse por primera vez a la realidad laboral sino también les dio pie a “ayudar al municipio donde residimos” y a advertir que “ una de las satisfacciones más grandes en la vida es ayudar a los más necesitados”.
Equipo 4: aprendimos a valorar nuestra salud
Luisa Serna Tamariz, Alma Huerta Venegas y Mariana Rojas Esparza se empeñaron en renovar la imagen gráfica de la Asociación Unidos por la Salud Renal de Calvillo, pero también crear conciencia sobre lo que ésta hace para así obtener recursos de apoyo.
El que una de ellas se animase a caminar por el jardín central del Municipio como botarga en forma de riñones sirvió para dar a conocer a la Asociación y que la gente diera apoyo en dinero.
Explican que esta campaña las enfrentó a tropiezos que nunca contemplaron antes de iniciarla, pero los superaron. Además, “aprendimos a apreciar nuestra salud”.
Equipo 5: conciliar opiniones
Sully Guevara Negrete, Claudia Ruvalcaba Padilla, Cristina Ortiz Rodríguez y Nicolás Esparza Ventura ayudaron a la Fundación Abuelo a mejorar su imagen corporativa, a desarrollar un video de publicidad y a generar una cultura del reciclaje a través de la recolección de botellas de plástico.
Se enfrentaron a diversos problemas, entre ellos conciliar la diferencia de opiniones. Pero al final se percataron de que si bien se requiere de mucho esfuerzo para sacar adelante un proyecto, “si se trabaja por un mismo objetivo las cosas pueden salir muy bien”.
Más que una calificación
Para varios de estos jóvenes, los proyectos no sólo les fueron necesarios para aprobar la materia, sino dieron pie a que más de uno de ellos se haya planteado comprometerse con alguna de las muchas asociaciones que en nuestro estado necesitan de voluntarios para cumplir con sus objetivos. |