En vista de que los autos movidos por motores de combustión interna colaboran al calentamiento global se comenzó a hablar de autos híbridos: parte impulsados por electricidad y parte por los hidrocarburos.
Pues ahora comienza a hablarse de las “universidades híbridas”, en las que una parte de la formación se recibe en sesiones presenciales y la mayor parte por medio de sesiones virtuales por Internet. En estricto sentido, el concepto existe desde hace tiempo, lo nuevo-nuevo es que se hable ya del concepto de “universidad híbrida”.
Ante el recrudecimiento de la competencia profesional a nivel global, cada vez más personas requieren de una educación universitaria, pero resulta muy difícil construir las aulas e instalaciones y desarrollar a los profesores capacitados para atender esa enorme demanda. De ahí que gana cada día más adeptos el sistema de multiplicar las instalaciones y los profesores mediante las llamadas “sesiones virtuales” que hacen posible atender a las enseñanzas desde la pantalla de una computadora. Si el sistema se complementa con sesiones presenciales en las que el profesor pueda hacer ajustes, corregir defectos y hacer una valoración personal de los avances de cada alumno, entonces la solución está más cercana a la realidad.
Así que estudiar en línea varias horas a la semana y asistir a clases presenciales unas pocas horas al mes apunta a convertirse en los próximos años en una forma común de cursar la universidad, tanto a nivel licenciatura, como maestría y doctorado.
El Departamento de Educación de los Estados Unidos encargó a varias instituciones realizar un estudio sobre la “universidad híbrida”. Y las conclusiones son para tomarse en cuenta ante la demanda creciente de educación superior en todos los países. Se calcula que tan solo la India necesitaría abrir en los próximos 25 años alrededor de 2,400 universidades para satisfacer dicha demanda.
Lo que el estudio reveló es que cuando se estructuran programas sólidos que combinan la educación en línea con la presencial se obtienen buenos resultados. Así que la “universidad híbrida” se perfila como una de las mejores herramientas para llevar la educación superior a más gente. De lo que se trata básicamente es aprovechar tanto los beneficios de estudiar por Internet como las ventajas que aporta el sentarse frente a un profesor.
Cuando surgieron las primeras “universidades virtuales”, sus detractores argumentaban que sus alcances eran muy cortos pues los alumnos adoptaban una actitud pasiva que se limitaba a memorizar el material o a ver videos.
Todo indica que no sucede lo mismo cuando la “universidad híbrida” descansa en un sólido programa pedagógico. Esto, porque los alumnos se ven obligados a ser personas activas mientras estudian, pero además tienen la oportunidad de intercambiar con los profesores, durante algunas horas y cara a cara, tanto conocimientos como experiencias.
Algo que la investigación detectó es que quienes combinan las dos metodologías de estudio tienen en promedio un mejor desempeño académico que aquellas personas que sólo asisten a clases presenciales. Esto parece obedecer a que asumen una actitud de mayor compromiso y por lo mismo le sacan más provecho al tiempo que dedican al estudio.
Sin embargo, esta formación en línea y presencial parece no ser la adecuada para la población de los niveles básicos y medio superior, ya que se considera que en esas edades la persona no tiene ni la motivación ni la suficiente fuerza de voluntad para comprometerse con la metodología.
Hay universidades virtuales que montan en sus sitios videos y cuestionarios y creen que esto es suficiente. El problema con los videos, dice el estudio, es que generan una actitud pasiva en el alumno. De ahí que más bien hay que desarrollar métodos que lleven al estudiante a investigar por su cuenta, a intercambiar opiniones con otras personas y así generar sus propias conclusiones. Entonces, al maestro del aula le corresponderá corregir las desviaciones, guiar a los alumnos y despertar en ellos nuevas inquietudes. |