“..una que le escuché a Josefina…”
Ayer viajaba en un taxi y en un noticiero de la mañana escuché a una candidata a diputada federal cuando la entrevistaban sobre las posibles propuestas que haría si llegara a ganar.
Me gustó la idea porque no es la primera vez, ni la única persona a quien he escuchado decirlo: menos diputados, cero plurinominales que de por sí son un gasto más que una inversión. Además, alargar el periodo de tres a seis años o más, con lo que podrían darle seguimiento a más temas e iniciativas para legislar (yo los pondría a trabajar más tiempo también) y para finalizar que los diputados trabajen como por contrato: si funcionan pueden seguir y vivir ahí muchos años trabajando por la gente, y si no, pues a su casa a buscarse otro quehacer.
A mí me gustaron las ideas porque además no es una cosa de gustos, sino de necesidad. Hoy los políticos se dan cuenta que la sociedad está más despierta, y tomen o no esas propuestas como sus banderas, la gente tarde que temprano se los podrá ir exigiendo.
Plebiscito, candidatos independientes, referéndum
A ello, súmele esos correos y comentarios de algunos estudiosos que añaden otras cuestiones: plebiscito, candidatos independientes, referéndum, como temas que también le importan a la gente, al menos a la gente que siempre le ha importado esto de la vida pública y cívica de México. Que por cierto, somos pocos, pero cada vez más.
Entonces, aunque pareciera que las banderas políticas electoreras antes mencionadas son un asunto de trampolín, mi opinión es que no. No, porque en realidad, estas propuestas son necesidades que la gente cada vez ve con mayor claridad. Me explico.
El Plan Nacional de Desarrollo del Presidente Calderón se hizo conforme a una consulta ciudadana en algunos estados del país, y fueron consultados intelectuales, académicos, científicos y ciudadanos comunes y corrientes como usted y como yo. Ahí, según los resultados, estas propuestas de menos diputados, que trabajen más, que podamos participar en la política no sólo a través de las mafias de un partido, entre otras como las de seguridad y salud, fueron los clamores más solícitos. Es un ejemplo sencillo, pero real. Que el gobierno los cumpla o diga que los incluye sólo para acallar a los que pidieron estos cambios, es distinto.
La población ya no está sólo para despensas y bolillos
Lo que es real, es que la población ya no está para despensas y bolillos en cada campaña. Sé que en este momento todos andan haciendo lo propio (es decir, repartiendo bolillos y despensas, y es más en cierto estado de la República hasta bicicletas de montaña, “quesque” para la obesidad), pero cada vez más, estos repartidores de “felicidad inmediata” y no futura, se ven más mal.
El otro día alguien me comentó al respecto que se ven “desesperados y descarados” por tener en este siglo de pleno desarrollo tecnológico y de avances de la ciencia, estas ideas de repartición tipo rural, tan obsoletas y primitivas. Siguen funcionando, pero el impacto en las urnas es una ilusión para esos repartidores porque la gente toma lo que le dan, pero vota por su favorito al final.
Las promesas “baratas” dejan mucho que desear
Hoy, la política debe ser pensada como una herramienta útil para todos: el gobierno, la sociedad y el globo en que vivimos.
Por eso algunos políticos (no sé si de manera sincera) han decidido por apostarle a propuestas que cumplan tres características: de acuerdo a una población que está cada vez más preparada, reales y no soñadoras como estas de dar trabajos y bajar fondos para el estado, en términos cuantitativos o sea en resultados y no en promesas.
Los candidatos deben pensar en propuestas que pongan a pensar a la gente, porque hoy con propuestas baratas, sólo dejan mucho que desear.
Finalizo invitando nuevamente a usted estimado lector, a que hagamos la lucha por ir a votar e invitar a nuestros cercanos a hacer lo mismo. Déjese de cosas, que es por México y no por su colonia o ciudad por quien hemos de ejercer nuestra obligación del voto. |