Aguascalientes, Ags. Hay personas que marcan a una ciudad y a una época, que no pasan inadvertidos por la vida. Jesús Rivera Franco fue de esos.
El día de hoy se realizan los funerales por un hombre que no nació en Aguascalientes, pero muchas de las cosas de Aguascalientes nacieron con él.
Llegó a esta ciudad cuando tenía apenas 6 años de edad. Por esa misma época, los años 20´s, varias familias de Jalisco buscaron en Aguascalientes la seguridad y tranquilidad perdidas en la zona de Los Altos por la persecución religiosa y la llamada Guerra Cristera.
La familia Rivera, originaria de Teocaltiche, Jalisco, eligió a Aguascalientes para traer la fábrica de sombreros que era el negocio familiar. Pasado un tiempo, sin embargo, tuvieron que regresar a su tierra, ya que no encontraron aquí a los operarios capaces de tejer la trenza con la que se elaboraban aquellos sombreros.
Sin embargo, a los 15 años, Jesús Rivera regresó a nuestra ciudad y en la Feria de San Marcos se encontró a un conocido que le propuso enseñarle a tejer sarapes. Tiempo después, comenzó a trabajar en una fábrica de sarapes ya establecida cuyo propietario era Don Anselmo López Arámbula.
Rechazó un trabajo seguro, para emprender por su cuenta
Después de algunos meses de trabajar en otra fábrica del mismo tipo establecida en San Luis Potosí, y cuando estaban por darle una plaza sindical que le aseguraría el trabajo, decidió regresar a Aguascalientes para trabajar con Don Inocencio Herrera en El Sarape Azteca (negocio que pervive en nuestros días y que está instalado en la calle de Alarcón, en la misma cuadra que el Templo de La Merced). Pero ya había nacido en él la inquietud por emprender su propio camino en el ramo de la industria textil y de la confección.
Su primer taller lo instaló en la calle de Rivera, cerca del jardín de San Marcos, y por esas fechas se casó con Belén Lozano, hija de una de las familias que vivían en esa misma calle. En adelante, todo fue trabajo y progreso. El taller creció, se compraron nuevos terrenos y se construyeron nuevas naves.
Un Grupo con 10 plantas y 4 mil trabajadores
Uno de los méritos reconocidos de Jesús Rivera Franco fue haber entendido el inevitable proceso de industrialización y modernización. Desde el inicio de su actividad ya como empresario, apostó sus utilidades a invertir en la maquinaria más innovadora y actual y a capacitar a las personas que trabajaban con él. Y eso fue ya una constante en el resto de su vida: eran frecuentes sus viajes a las Expos y Ferias Industriales, de las que regresaba con nueva maquinaria y con muchas ideas por aplicar.
El Grupo Textil San Marcos, que así se llamó su empresa, llegó a tener más de 10 plantas industriales en el estado y más de 4 mil colaboradores. En la década de 1990, el Grupo fue adquirido por CYDSA, un consorcio de Monterrey, Nuevo león, con divisiones industriales en hilos acrílicos, en productos químicos y en fertilizantes.
Incansable promotor inmobiliario
Pero Jesús Rivera Franco ya había descubierto otra faceta de su capacidad emprendedora: la promoción inmobiliaria y la construcción. Y al igual que en la rama textil, fue también pionero.
Varios de los primeros fraccionamientos y desarrollos habitacionales fuera de lo que era el Centro de la ciudad de Aguascalientes, se deben a su iniciativa: el Fraccionamiento del Valle (una de las primeras colonias residenciales de la ciudad), el Fraccionamiento Modelo, El Fraccionamiento Bosques del Prado y Bosques del Prado Oriente, el Fraccionamiento Residencial del Rio San Pedro.
Por aquellos años 90´s emprendió otro proyecto audaz, un edificio con zona comercial, amplio estacionamiento y oficinas. Torreplaza Bosques fue un icono de Aguascalientes por muchos años y sigue siendo una referencia en el norte de la ciudad.
Entre sus últimos proyectos estuvo el Centro de Abastos Viñedos San Marcos, que buscó sacar del área urbana a las bodegas de abarrotes, verduras y frutas que abastecen a nuestra ciudad. Con unas instalaciones amplias y funcionales, dejó patente una vez más su capacidad de entender el futuro y de anticiparse a él.
Desde luego que tuvo fracasos profesionales, el más sonado de ellos fue Novatex destinada a la fabricación de cobertores acrílicos, que ante la entrada al mercado de la competencia asiática, se vio obligada a cerrar. Los conflictos laborales que aún no se concluyen fueron sin duda una de las principales preocupaciones de sus últimos tiempos.
Promotor de proyectos educativos, y generoso donante
Apoyó proyectos educativos como la instalación en nuestra ciudad del Colegio Marista; construyó y costeó algunos templos y apoyó a muchas personas indigentes. Miembro del Consejo de Caballeros de Colón, tuvo entre sus dones el de mantener muchas amistades en su vida.
Hace algunos años había quedado viudo al fallecer Doña Belén, aunque estuvo hasta el final acompañado de sus hijos José Luis, Arturo y Jorge y de sus hijas Graciela y Alicia, lo mismo que de los cónyuges de sus hijos e hijas, de los muchos nietos y bisnietos.
Era frecuente verlo en el Templo del Rosario, mejor conocido como La Merced acompañado de su familia, ya que la mayor parte de su vida se desarrolló en la calle Venustiano Carranza, a unos metros de ese templo. En las últimas semanas, después de un leve accidente doméstico, su salud de vio deteriorada y luego de breves estancias hospitalarias falleció el día 29 de abril.
Don Jesús Rivera Franco llegó a Aguascalientes para quedarse y para marcar a nuestra ciudad. Dejó huella a su paso. Y después de él, Aguascalientes no volvió a ser igual. |