Como si fuera una superproducción de Hollywood, la Selección Mexicana ha tenido que lidiar con tropiezos en sus resultados eliminatorios, los cuales crearon un suspenso digno de una película de terror, ya que se tendría que llegar hasta la última fecha para decidir la participación en el Mundial. Pero como en todo buen largometraje, el héroe apareció y Javier Aguirre logró enderezar el rumbo de un equipo que parecía hundirse como el Titanic.
El próximo sábado, el denominado “TRI” tiene tres puntos importantes que demostrar. El primero es un accionar aceptable, mostrar por fin una conjunción de equipo y no de individualidades, que por cierto sea de paso Giovanni dos Santos y Cuauhtémoc Blanco no jugarán, por lo cual el equipo tendrá que aparecer en la cancha del Estadio Azteca y demostrar la (supuesta para algunos u obvia para otros) superioridad que el fútbol mexicano tiene sobre el fútbol salvadoreño.
El jugar bien, no sólo significa meter muchos goles; también es tocar de primera intención, crear espacios, realizar paredes, tener paciencia y liderazgo. Todos estos factores deberán mostrar los futbolistas mexicanos, pues desde la Copa Confederaciones de Alemania 2005, hace ya cuatro lejanos años, que no lo hacen. Por ello es tan importante jugar bien, para que la afición vuelva a creer en un proyecto que parecía perderse junto con una gran generación de futbolistas.
Desde hace tiempo he escuchado en el medio futbolístico que el “jugar bonito” conlleva a capitalizar muchos goles, pero México debe y tiene la necesidad de por fin lograr sacar ventaja de local y aumentar la diferencia de goles. Al finalizar el Hexagonal, pudiera resultar importante quedar en un primer o segundo puesto, lo que ayudaría al momento del sorteo del Mundial a no tener que enfrentar a dos potencias europeas en la etapa de grupos.
Pero no hay que olvidar el objetivo principal del sábado, el cual es de una vez por todas asegurar el boleto a Sudáfrica y no tener que esperar otros resultados. Es el momento de que Ochoa, Guardado y Juárez demuestren que son jóvenes pero con un futuro tan prometedor, quizá como el de Hugo Sánchez, el más grande futbolista de nuestro país.
El sábado hay que dejar de lado a los que no están como Zinha, pero no hay que dejar de exigirles a los once futbolistas que inicien y que, para bien de nuestro fútbol, realicen un gran partido, que jueguen bien, goleen y aparten su sitio para Sudáfrica 2010.
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