Reflexión 2012: campañas negativas
Recientemente, el PAN difundió un anuncio señalando algunos compromisos incumplidos de Enrique Peña Nieto. El PRI reviró denunciado la falsedad del contenido de los spots y, ante esto, Luis Videgaray, coordinador de la campaña priísta, prepara la denuncia contra Acción Nacional por difusión de campañas negativas. ¿Es esto realmente el inicio de una etapa de campañas de “contraste”?
Las campañas propositivas (positivas) fueron inicialmente el corazón de la democracia moderna pero, con el tiempo, los sistemas electorales fueron dando entrada a las campañas negativas. En México y el mundo, la discusión alrededor de las campañas negativas se mantiene dividida entre dos posturas. Por un lado, aquellos que abogan porque éstas añaden información relevante al análisis del ciudadano políticamente activo y, por otro lado, aquellos que aseguran que éstas sólo promueven una pérdida de confianza en la eficacia de los políticos y socavan la autoridad de las instituciones.
En México, la experiencia más cercana que tenemos al respecto sucedió durante la contienda electoral de 2006. A pesar de que sólo 23.6 y 33.3 por ciento de los mensajes de las campañas de Calderón y López Obrador, respectivamente, fueron ataques al adversario, en aquellas elecciones reinó la percepción de que había una predominancia de críticas y enfrentamientos entre los candidatos. Esto contribuyó a que se generara un clima de polarización social que devino en cuestionamientos sobre la compatibilidad de este tipo de campañas con la construcción de un entorno democrático y de paz social. Por esta razón, en 2007 se llevó la prohibición de las campañas negativas a la Constitución. El objetivo del legislador fue reforzar la norma para evitar el descrédito entre candidatos y, con ello, favorecer un nivel de debate de mayor calidad a las campañas.
En 2008 se establecieron distintas prohibiciones y sanciones para todos los posibles emisores de campañas negativas. En adelante, partidos, coaliciones, candidatos, concesionarios o permisionarios de radio o televisión y particulares "deberán abstenerse de emitir/transmitir/contratar expresiones que denigren a las instituciones y a los propios partidos, o que calumnien a las personas". En este sentido, el Instituto Federal Electoral (IFE) es la autoridad a cargo de revisar contenidos, administrarlos y distribuirlos en tiempos oficiales. Sin embargo, la norma enfrenta tres problemas. Primero, la regulación solamente se aplica a medios masivos tradicionales como radio y televisión, dejando fuera otros medios alternativos como redes sociales/Internet. Segundo, el actual sistema de multas para partidos políticos parece no ser un factor de disuasión efectivo para partidos y concesionarios de radio y televisión. Los partidos tienen incentivos para lanzar sus campañas negativas y no preocuparse demasiado por las multas consecuentes. Tercero, ¿cuál será el criterio para determinar si un anuncio denigra o solamente describe hechos?
En suma, el Cofipe deja brechas importantes en términos de una normatividad efectiva que le dé al órgano electoral las herramientas adecuadas para limitar el comportamiento de los partidos políticos en materia de campañas negativas.
Lo anterior no debe distraer de un factor relevante en la actual contienda: la respuesta del equipo del candidato del PRI que, según las encuestas, lleva una amplia ventaja, fue extraordinariamente dura, lo que sugiere que la percepción de ese equipo es que la contienda está lejos de haber sido resuelta.
Golpe de timón pero sin rumbo
El relanzamiento de la estrategia electoral de Josefina Vazquez Mota, anunciado el pasado lunes 9 de marzo, responde, entre otras cosas, a una serie de errores cometidos durante los primeros días de su campaña y a la caída de la panista en las más recientes encuestas. Josefina y su equipo no han sido capaces de llamar aún la atención de los no panistas. Sin embargo, no queda claro que estos cambios vayan a ser suficientes, por el contrario algunos de ellos se perciben complicados.
Los cambios realizados el pasado fin de semana se concentran en tres ámbitos. Primero, hay un viraje radical en la relación con los medios de comunicación, donde entra un equipo mucho más experimentado a administrar esos procesos y, presumiblemente, a asegurar que la cobertura de los medios sea equitativa. En segundo lugar, se incorpora un grupo de panistas y calderonistas "duros" al cuarto de guerra, claramente dedicados a una etapa mucho más contenciosa y negativa de la campaña. En tercer lugar, se incorpora un conjunto de líderes sociales no panistas que se enfocarán al segmento de los votantes indecisos. En adición a lo anterior, la campaña incorporó dos sub coordinadores que le reportarán al jefe de la campaña, uno dedicado a los asuntos estratégicos y el otro a la administración interna. Finalmente, la candidata anunció tres líneas de mensaje mucho más nítidas de lo que había hecho hasta ese momento.
Hoy, Josefina ve amenazada su posición en el segundo lugar, incluso cuando López Obrador parece haber alcanzado su tope de preferencias. Por lo tanto, el tiempo para rectificar ha terminado y desde ahora la candidata panista deberá empezar a reflejar ante el electorado mexicano una imagen triunfadora que la convierta nuevamente en una opción viable para ganar la presidencia. Más que hablar e interactuar con el electorado panista, Vazquez Mota debería asegurarse de apelar a un público más amplio. Para esto es indispensable evitar que la atención se desvíe en errores y deslices y hacer que se concentre en las propuestas panistas, que el votante todavía no ha tenido oportunidad de escuchar.