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Aguascalientes, Ags.- “El debate político en nuestras democracias liberales está mayoritariamente referido a cuestiones acerca de la búsqueda de la prosperidad material, el mantenimiento de la paz civil, el respeto por la libertad y la justa distribución de la riqueza y los privilegios” ( Creating Citizens, E. Callan, Clarendon Press 1997 ).
De los cuatro candidatos a la presidencia, debe esperarse que en sus próximas campañas contemplen estos aspectos, de manera que conozcamos lo que en teoría se puede esperar de ellos en caso de triunfo.
Las promesas de los políticos nacionales han sido repetitivas y muy generales. Es raro el caso de planes concretos de acción, con fechas, logros medibles y beneficios económicos tangibles. Estoy consciente de que en algunos resulta difícil precisar acciones y los respectivos indicadores de avance, de modo que se pueda apreciar los logros.
Siendo el presidente de la Repíblica la máxima autoridad en el país, no es su papel el ejecutar directamente en todos los casos las acciones prometidas; su papel es la de diseñar grandes objetivos y las políticas requeridas para llevarlas a cabo. Trabajo de sus secretarios de cada rama es implementarlas y vigilar su buen cumplimiento, dando reportes a su superior y demás autoridades del gobierno así como informes al pueblo; sería lo deseable.
Analizando cada uno de los grandes conceptos enunciados en el inicio, se puede empezar con el relativo a la prosperidad material. Este concepto es quizá el más usado en el amplio repertorio de las promesas políticas ya que es ansiado por todo el electorado y siempre se buscará tener algo más. Si nos atenemos a las estadísticas, se puede decir que en efecto la riqueza ha aumentado, aunque no en la forma que podría haberse esperado. Existen otros países que han crecido mucho más que el nuestro, que únicamente lo ha hecho al 1.9% anual en promedio durante la primera década de este siglo. Esta cifra es fruto de un neoliberalismo absurdo, que permite monopolios que impiden la competencia y con ello las mejoras en calidad y precio que beneficien al consumidor.
Si bien es cierto que el ingreso per cápita ha aumentado en México, esto no ha impedido que el número de pobres se incremente. Algunas fuentes hablan de cincuenta millones y otras de más, pero independientemente de la cifra verdadera, esta es vergonzante para el gobierno.
El segundo concepto, el de la paz civil, en nuestro país viene a ser una especie de fantasía. Los muertos que a diario se conocen ponen en evidencia la inexistencia de este concepto. El poco afortunado manejo de la confrontación con los señores del narco y los ajustes entre bandas por los territorios, aunado a la complicidad de algunas autoridades, evidencian la gran falla en este campo. Declarado por las autoridades federales, existen zonas que bien pueden decirse que están fuera del control de las policías, en las que la violencia es la pauta de todos los días. El origen de estas situaciones se remonta a varios sexenios atrás y según se puede pronosticar, van a más.
En lo que hace al respeto de la libertad de expresión de los ciudadanos, a mi parecer sí se ha avanzado notablemente, pero en lo que toca a la de acción rotundamente no. Los ciudadanos podemos expresar nuestras ideas, pero nos encontramos imposibilitados para actuar en campos que son básicos para una verdadera democracia. Me refiero al poder del señorío feudal que los partidos políticos ejercen sobre la ciudadanía. Esta se encuentra imposibilitada de pedir cuentas a sus supuestos representantes y estos hacen y deshacen a su antojo o mejor dicho en función de sus intereses partidarios y personales. Como muestra están los sueldos y prestaciones que tienen y el poco respeto a la ciudadanía. Otro ejemplo han sido las elecciones internas de un partido, en las que se mostraron ampliamente todas las mañas de las que se acusaba al partido dominante por largos años.
Por último, en lo que hace a la justa distribución de la riqueza y de los privilegios, todos los políticos han fallado de manera estrepitosa. Independientemente de su partido no han hecho más que enriquecerse ellos mismos y favorecer a los dueños del capital que campan a sus anchas en el absurdo neoliberalismo a la mexicana, que les permite condiciones casi monopólicas y amplias facilidades fiscales, todo ello en detrimento de la competitividad, y a fin de cuentas, del bienestar del ciudadano.
Es conocido el hecho de la concentración de la riqueza en pocas manos y la tendencia a incrementarse, lo que pone de manifiesto la inequidad del sistema y la existencia latente de un problema social de gran magnitud, que los distintos gobiernos de los últimos años han tratado como asunto de asistencia social y no yéndose a fondo.
En marzo veremos las promesas de campaña de los aspirantes a la presidencia, habrá que analizalas con cuidado para ver si hay alguna de ellas con solidez y con un viso de verdadero compromiso. Sería muy lamentable que fuera más de lo mismo.
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