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De mentiras y promesas
 

Jorge Uribe Ugalde
jsuribe@prodigy.net.mx

 
26 de enero del 2012
   

Aguascalientes, Ags.- Una mentira es una afirmación que se hace a sabiendas de que carece de veracidad y es casi imposible que lo sea, por los antecedentes o circunstancias de la misma. Toda mentira es mala de suyo, ya que siempre trae aparejada una irresponsabilidad en el mejor de los casos y en ocasiones una intención perversa, que de una u otra manera provocará daño a quien se le dice.

Existe el concepto de mentira piadosa o blanca, que quiere suavizar la mala acción a través de la supuesta buena intención de evitar un dolor innecesario. Esto a mí me parece una hipocresía que se usa casi siempre con fines aviesos, aunque se disfrace de acto piadoso.

Un elemento indispensable en el discurso de un político, independientemente de su filiación partidista, es la mentira o en ocasiones la verdad a medias, que a fin de cuentas viene a ser lo mismo. Cuando un político se encuentra en campaña, evade la verdad de lo pasado y de lo presente y miente en cuanto lo porvenir, pues no hay que olvidar que es un vendedor de futuros ideales, llenos de bonanza y felicidad.

Muy pocos discursos de los actuales aspirantes a la Presidencia de la República resistirían un análisis de fondo en cuanto su veracidad , ya que necesariamente se tendrían que ver sus propuestas en función de sus relaciones, sus obras y de manera muy especial, el comportamiento de su partido de pertenencia. Los candidatos del PRI, del PRD y los aspirantes del PAN tienen antecedentes por los cuales se les puede calificar y en su momento aventurar un voto por cualquiera de ellos.

Las promesas constituyen otro elemento fundamental de los discursos de campaña y vienen a complementar las mentiras, de modo tan natural, que es difícil separarlas unas de otras. La acción política de cualquier gobernante debe tener como fin el bien común de la sociedad a la que debe servir y este tiene que sustentarse en promesas previas a su elección, dicho de otra manera, tiene que hacer creer a sus electores en situaciones de amor, bondad y justicia, solamente alcanzables con él.

La mentira y las promesas no son de ninguna manera nuevas en el quehacer político; son tan antiguas como el ser humano, por lo que no deben sorprendernos su actualidad. Tampoco son patrimonio exclusivo de algún partido, todos ellos hacen uso intensivo de tan magnífica pareja y la disputa por el virtuosismo en su uso está a la orden del día.

Las propuestas que comienzan a mostrar los aspirantes a gobernar el país tienen los componentes ya mencionados y quiero pensar que son de una u otra forma bien intencionadas, pero sin duda falaces y explicaré por qué afirmo esto.

El modelo neoliberal que hemos padecido durante varios sexenios ha demostrado su inoperancia, y en ciertos aspectos, su fracaso. En los dos últimos sexenios el crecimiento ha sido muy pobre, propiciando el aumento de la pobreza por un lado, y por el otro, la concentración de la riqueza en un segmento minoritario de la población. Tenemos un sistema de corte liberal, pero con la aberración de monopolios en sectores clave de la economía, que ahogan la competitividad y por lo tanto limitan el crecimiento y un mejor reparto de la riqueza. Al PRI y al PAN se les puede decir que han instaurado y conservado este sistema y por lo tanto, poco puede esperarse de ellos en lo que hace a un verdadero cambio en el modelo.

En el caso del PRI, descorazona ver la estructura que rodea a su candidato y que seguramente ocuparía buenas posiciones en su gabinete. Me refiero a políticos de pasados sexenios, con marcada manera de pensar y actuar del más recalcitrante y añejo partidismo de tan ingrata memoria para México.

Del PAN estamos viendo que en dos sexenios ha mostrado su falta de cohesión partidista y en algunos casos su carencia de oficio, situaciones de las que está sacando amplio provecho el PRI. A lo que habría que añadir la disputa entre sus pre candidatos, confrontación que tratan de presentar como democracia interna y que no hace si no confundir a sus propios partidarios.

Por el PRD, la actitud conciliadora y amorosa de su candidato trata de hacer olvidar su pasado rijoso y virulento, presentando una propuesta de gobierno bastante aceptable, misma que parece ser le fue elaborada por un empresario de Monterrey, al que invitó a sumarse a su proyecto. El riesgo de ganar la Presidencia lo constituyen los que podrían formar su gabinete, nada más pensemos en el señor de las ligas y en más de algún violento correligionario suyo, como hay varios.

Como ciudadanos, antes de dar nuestro voto, debemos analizar al menos dos aspectos: primero el comportamiento como gobierno de los partidos y el de sus candidatos, y en segundo término, las necesidades del país. ¿Quien en su sano juicio votaría por más de lo mismo?

 
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