-México vive horas aciagas:
Presidente Calderón
-La esperanza ayuda a cambiar la vida: Benedicto XVI
México le brinda una entusiasta bienvenida
Cientos de miles lo aclaman por las calles
2012-03-23
Aguascalientes, Ags.- De acuerdo al programa establecido, el avión en que viajaba el papa Juan Pablo II desde la ciudad de Roma, aterrizó poco antes de las 16.30 horas en el Aeropuerto Internacional del Bajío. Al pie de la escalerilla lo esperó el Presidente de la República Felipe Calderón Hinojosa y su esposa Margarita Zavala.
En su discurso, el Presidente Calderón le dijo que la visita tiene un significado enorme en horas aciagas en las que México atraviesa por situaciones difíciles y decisivas por la violencia despiadada y descarnada de los delincuentes. El crimen organizado, añadió, infringe sufrimiento a nuestro pueblo y muestra hoy un siniestro rostro de maldad como nunca antes.
Además, dijo el Presidente, en los últimos años hemos sufrido sequias e inundaciones sin precedentes, además de epidemias y terremotos. "No sé si estos desafíos hubieran sido capaces de quebrantar la voluntad y firmeza de otros pueblos, pero a pesar de todo, México está de pie, porque los mexicanos somos un pueblo fuerte, perseverante en la esperanza, en la solidaridad. Un pueblo que tiene valores y principios, que cree en la familia, en la libertad, en la justicia, en la democracia y en el amor a los demás. En valores que son fuertes como la roca. Y es por ello que su visita nos llena de alegría en momentos de gran tribulación".
Po su parte, el Papa, al decir que viene como Peregrino de la Esperanza pidió no entristecerse como los que no tienen esperanza, ya que la confianza en Dios ofrece la certeza de encontrarlo, de recibir su gracia y sabiendo esto se esfuerza en transformar también las estructuras y acontecimientos presentes poco gratos que parecen inconmovibles e insuperables ayudando a quien no encuentra en la vida sentido ni porvenir. "Sí, la esperanza cambia la existencia concreta de cada hombre y de cada mujer de manera real".
Finalizó diciendo que “en estos días pediré encarecidamente al Señor y a la Virgen de Guadalupe por este pueblo, para que haga honor a la fe recibida y a sus mejores tradiciones; y rezaré especialmente por quienes más lo precisan, particularmente por los que sufren a causa de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia. Ya sé que estoy en un país orgulloso de su hospitalidad y deseoso de que nadie se sienta extraño en su tierra. Lo sé, lo sabía ya, pero ahora lo veo y lo siento muy dentro del corazón”.
Al terminar la ceremonia, el Papa se trasladó hasta el Colegio Miraflores donde se hospedará durante los días de su estancia en México. A lo largo del recorrido recibió el entusiasta saludos de cientos de miles de personas por las calles de la ciudad de León.