Por José de Jesús Castellanos 2012-03-22 Aguascalientes, Ags.
Es común que los políticos sean acosados por peticionarios. Hay quienes piden trabajo, otros quieren subsidios, ayudas, obras, casas, etcétera. La lista podría ser interminable. Y, por su parte, los políticos prometen y prometen y prometen… Pero no siempre cumplen. Más bien, poco es lo que suelen cumplir muchos.
Pero, un Papa, ¿qué puede pedirle a los políticos? ¿Acaso también se forma en la fila de quienes quieren favores? Aunque no lo parezca, los papas sí hacen peticiones a los políticos, pero no de favores. Su discurso suele ser todo un planteamiento de exigencias mucho más profundas y trascendentes, que no siempre son debidamente escuchadas o atendidas por los políticos, incluso muchos católicos.
El Papa Benedicto XVI tiene su agenda y suele sacarla a relucir en diversos momentos, tanto en encíclicas como en mensajes durante su encuentro con ellos. La lista es amplia, pero repasemos algunos de sus planteamientos.
Purificar la razón y revivir fuerzas morales
En la encíclica “Deus Caritas est”, el Papa Benedicto XVI señala que el establecimiento de estructuras justas en el Estado y la sociedad no es un cometido inmediato de la Iglesia, sino que pertenece a la esfera de la política, “de la razón auto-responsable”. Sin embargo, puntualiza que la tarea de la Iglesia en torno a ese cometido, es mediata, pues ella contribuye a la purificación de la razón y a revivir las fuerzas morales, “sin las cuales no se instauran estructuras justas, ni éstas pueden ser operativas a largo plazo”.
Así pues, existe una solicitud implícita para que los políticos se dejen iluminar por los principios que purifican la razón y por las directrices morales que dicta en materia social y que forman parte de la doctrina social de la Iglesia. Ya luego corresponde a los laicos “participar en primera persona en la vida pública”, tanto en la acción económica, social, legislativa y administrativa, como cultural, a fin de promover el bien común. Se trata de una invitación a los católicos para que se comprometan en la vida política configurando, rectamente, la vida social en su legítima autonomía y en colaboración con otros ciudadanos, “bajo su propia responsabilidad”. La caridad, dice el Papa, debe animar su actividad política, vivida como “caridad social”.
Políticos con coherencia moral
En su última encíclica “Caritas in veritate”, el Papa Benedicto XVI hace una amplia referencia a los problemas del desarrollo y las condiciones no sólo al interior de las naciones, sino a nivel internacional para que se pueda avanzar en la justicia social. Cada cual tiene una responsabilidad vocacional en esta tarea y los políticos no son la excepción, sino que sobre ellos recaen graves responsabilidades.
Recuerda la encíclica, que el Papa Paulo VI advertía en la “Octogésima adveniens” contra las visiones utópicas e ideológicas que comprometen la calidad ética y humana de la política. Lamentablemente, agrega el Papa Benedicto XVI, las ideologías negativas surgen continuamente. La autosuficiencia del hombre que se cree capaz de por sí mismo el mal de la historia o de plantear la autonomía de la economía, respecto de la moral, han provocado sistemas económicos, sociales y políticos que han tiranizado la libertad de la persona y de los organismos sociales y que, precisamente por eso, no han sido capaces de asegurar la justicia que prometían. Esto es consecuencia de que se olvida que el hombre está herido por las consecuencias del pecado original.
Afirma el Papa que el desarrollo de los pueblos es imposible sin hombres rectos, sin agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común, lo cual implica tanto la preparación profesional como la coherencia moral. Y trabajar por el bien común, inspirados por la caridad, da un valor superior al compromiso meramente secular y político.
Asimismo, advierte la encíclica Caritas in veritate”, que la gestión económica no puede ir separada de la acción política orientada a conseguir la justicia mediante la redistribución, a fin de evitar desequilibrios. Sin embargo, ello implica que existan leyes justas y formas de redistribución guiadas por la política, además de obras caracterizadas por el espíritu del don.
Que el Estado no sea una banda de bandidos
De gran impacto fue el discurso del Papa Benedicto XVI en el Reichstag de Berlín, ante la Cámara alta del Parlamento alemán. El escenario no sólo resultaba importante por su importancia legislativa, sino por la remembranza de implícita sobre los oscuros momentos del nazismo, que no sólo afectaron al pueblo alemán directamente y a otras naciones de modo indirecto. Aprovechó el momento para abordar los fundamentos del estado liberal de derecho. Pero su punto de partida fue la opción de Salomón ante la oferta de Dios de otorgarle lo que quisiera, que lejos de buscar riquezas, larga vida o ser librado de sus enemigos, pidió sabiduría para juzgar a su pueblo y distinguir el bien y el mal.
Para el Papa, ese relato indica lo que debe ser importante para un político. Más allá del éxito que requiere para tener posibilidad de acción política efectiva y, mucho menos del beneficio material, la política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz.
Además, advirtió el Papa, el éxito político está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho, pues también puede ser una seducción que desvirtúe el derecho y destruya la justicia. “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”, dijo el Papa citando a San Agustín.
Explicó que gran parte de las materias a regular jurídicamente, el criterio de la mayoría puede ser un criterio suficiente. Sin embargo, “en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación.”
Al hacer referencia al gobierno nazi, recordó que para quienes le resistían, el derecho vigente era en realidad una injusticia. Pero en las decisiones de un político democrático no es tan evidente la cuestión sobre lo que ahora corresponde a la ley de la verdad. Recordó entonces, que en la historia, los ordenamientos jurídicos han estado casi siempre motivados de modo religioso. Sin embargo, afirmó que el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha remitido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios.
Respetar la vida y la familia
Por ello, se ha optado por el fruto del encuentro entre el derecho natural social, desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano, del que nació la cultura jurídica occidental, de gran importancia para la cultura jurídica de la humanidad y que ha desembocado en la Declaración de los Derechos Humanos.
En cambio, advierte, donde la razón positivista es considerada como la única cultura suficiente, reduce al hombre y amenaza su humanidad. La razón positivista, que se presenta de modo exclusivo y que no es capaz de percibir nada más que aquello que es funcional, se parece a los edificios de cemento armado sin ventanas, en los que logramos el clima y la luz por nosotros mismos, sin querer recibir ya ambas cosas del gran mundo de Dios.
A los políticos cristianos, además de lo anteriormente señalado, les ha recordado los puntos irreductibles respecto de los cuales no se puede ceder, a pesar de que sean posibles diversas opciones políticas: el respeto a la vida desde la concepción hasta su muerte natural, y la protección de la familia entre un hombre y una mujer. Esos criterios respecto de los políticos también valen para quienes votan por ellos.