Por Oscar Fernández Espinosa de los Monteros ofem59@yahoo.com.mx 2012-03-16 Aguascalientes, Ags.
Con la próxima visita de Benedicto XVI a México resulta casi obligado traer a colación sus palabras, máxime tratándose de un verdadero intelectual y a la vez un hombre de gran riqueza espiritual, muy difícil de reunir en una sola persona con esos calificativos.
En la Encíclica La caridad en la verdad el Papa recuerda la Doctrina social de la Iglesia, se trata de una aportación cristiana a la sociedad, cuya finalidad es hacerla más auténtica y, en consecuencia, más humana. Tomemos por caso estas palabras: “No puede tener bases sólidas una sociedad que –mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz- se contradice radicalmente aceptando y tolerando las más variadas formas de menosprecio y violación de la vida humana, sobre todo si es débil y marginada”.
Un ejemplo lo tenemos en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, órgano que interpreta las leyes, en cuyo nombre aparece el término justicia y cuya definición clásica es “dar a cada uno lo que es suyo”, ha declarado que se puede abortar al no nacido. Por eso cabe la pregunta ¿matar a un ser humano inocente e indefenso es justo? ¿Con el aborto se le estará dando o se le estará negando lo suyo?
“La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social. La acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la ayuda recíproca”.
Respecto a la vida, la Madre Teresa de Calcuta señaló: “hoy en día el mayor destructor de la paz es el aborto, porque es una guerra en contra del niño, la muerte directa de un niño inocente, asesinado por la propia madre. Y si aceptamos que una madre puede matar hasta a su propio hijo, ¿cómo podemos decirle a otras gentes que no se maten unos a otros?”. A una madre le pertenece su hijo, pero no en propiedad, sino en responsabilidad.
“La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica (…) En esta perspectiva, los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad”.
Proteger los hogares, preservar las familias. No se trata de dar dinero solamente, porque es insuficiente, las instituciones privadas que ayudan, proporcionan mucho más, dan la comprensión que esas personas necesitan.
Indica la Declaración Universal de los Derechos Humanos que “la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad; y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”.
Un comentario humorístico, refleja lo anterior. Un niño expresa en voz alta su inquietud: papá trabaja 12 horas diarias para darnos casa, vestido y sustento, para poder estudiar y pasear; Mamá nos lava la ropa, hace la comida, cuida de nosotros y nos ayuda en todo. ¡Estoy preocupado de que un día salgan huyendo!
Muchos madrugan, se desvelan y sacrifican, dedican los mejores años de su vida, y destinan sus recursos; y lo hacen con el convencimiento de que vale la pena. ¿Quién sirve así a su gente? Nadie, excepto la familia.
Ninguna comunidad humana está tan bien dotada para educar como la familia, ella transmite no una enseñanza cualquiera, sino un mensaje de vida. Las expectativas para las nuevas generaciones son mejores cuando los hijos son criados por sus padres, por eso han de existir leyes y políticas públicas que apoyen la institución familiar. Todos dependemos durante un largo período de tiempo del cuidado de los padres, siendo la familia el único lugar donde las personas son amadas no por lo que tienen, lo que saben o producen, sino por su condición de miembros.
La coordinadora del Programa de Familia de Naciones Unidas, Renata Kaczmarska, lo dijo en Madrid el 24 de octubre de 2011: ¿Tiene el poder político algo qué decir respecto a la familia? Los gobiernos están para ayudar a las familias a cumplir sus funciones; unas veces creando condiciones para que ellas solas actúen y otras, ayudándoles donde éstas no pueden llegar. Queremos apoyar a la familia en sus funciones y difundir las buenas prácticas en políticas familiares. Un principio orientativo para diseñar políticas sociales destinadas a mejorar el desarrollo de los padres es atender a las familias como unidades en lugar de tratar a sus miembros de forma individual, por ejemplo, apoyando a las familias monoparentales, a las familias numerosas, a las que atienden a personas con discapacidad, a las familias de emigrantes, etc.
“En las escuelas pueden aprenderse oficios, mientras que en la familia se aprende, cuando se aprende, el más alto y fundamental: el ser del hombre”.
Únicamente una sociedad que respete y defienda incondicionalmente la dignidad de cada persona, desde la fecundación hasta la muerte, puede llamarse humana.
Por ejemplo, se habla mucho de ecología. No podemos menos de admirarnos por la proliferación de acciones a favor de la flora y la fauna, sin embargo, continúa la ignorancia y desaprensión de la ecología más importante, la humana. “Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ella el de ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas. El libro de la naturaleza es uno e indivisible, tanto en lo que concierne a la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, en una palabra, el desarrollo humano integral. Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se puede exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad”.
“Este desarrollo exige, además, una visión trascendente de la persona, necesita de Dios: sin Él, o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la autosalvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado” tal y como, por desgracia, se ha visto. “Los mesianismos prometedores, pero forjados de ilusiones basan siempre sus propias propuestas en la negación de la dimensión trascendente del desarrollo, seguros de tenerlo todo a su disposición. Esta falsa seguridad se convierte en debilidad, porque comporta el sometimiento del hombre, reducido a un medio”.
“Los aspectos de la crisis y sus soluciones (…) requieren nuevos esfuerzos de comprensión unitaria y una nueva síntesis humanista (…) La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso (…) De este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo”.
Finalmente señala: “sin Dios el hombre no sabe donde ir ni tampoco logra entender quién es”.
Como se puede apreciar, lo que dijo Benedicto XVI en junio del 2005 tiene plena actualidad y hay mucho que aprenderle.
BENEDICTO XVI, Encíclica Caritas in veritate, 29-Jun-09, nº 15
BENEDICTO XVI, Encíclica Caritas in veritate, 29-Jun-09, nº 28
TERESA DE CALCUTA, Intervención en el Desayuno de la Oración Nacional en Washington D. C., 4-Feb-94
BENEDICTO XVI, Encíclica Caritas in veritate, 29-Jun-09, nº 44
Declaración Universal de los Derechos Humanos, art. 16-3
Cfr. MESEGUER, Juan, “Renata Kaczmarska: Queremos apoyar a la familia en sus funciones” en ACEPRENSA, Madrid, España, 26-Oct-11.
LLANO CIFUENTES, Carlos, en www.yoinfluyo.com, octubre 2007 y “Carlos Llano ideas para llevar”, Istmo 311, México, Nov-Dic- 2011, p. 154
BENEDICTO XVI, Encíclica Caritas in veritate, 29-Jun-09, nº 51
BENEDICTO XVI, Encíclica Caritas in veritate, 29-Jun-09, nº 11
BENEDICTO XVI, Encíclica Caritas in veritate, 29-Jun-09, nº 17
BENEDICTO XVI, Encíclica Caritas in veritate, 29-Jun-09, nº 21
BENEDICTO XVI, Encíclica Caritas in veritate, 29-Jun-09, nº 78