Durante los 26 años 168 días de pontificado, Juan Pablo II, el único Papa polaco en la historia de la Iglesia Católica, realizó fuera de Italia 104 viajes apostólicos que lo llevaron a 129 naciones diferentes.
El primero de esos viajes internacionales no lo hizo a su natal Polonia, sino a la República Dominicana, México y las Bahamas.
Pocas horas después de que besara el suelo mexicano aquel 26 de enero de 1979, el Papa encabezó una Misa en la Catedral de la Ciudad de México. En su homilía, dijo aquellas palabras que ya son parte de la relación íntima que labró con el pueblo mexicano: “De mi Patria se suele decir: Polonia semper fidelis. Yo quiero poder decir también: ¡Mexico semper fidele, siempre fiel!
Y es que siempre reconoció que la recepción que le brindara el pueblo mexicano marcó de una manera decisiva su pontificado y lo impulsó a recorrer el mundo.
Entre el 26 y el 31 de enero de aquel año de 1979, pronunció 25 mensajes en su recorrido por las ciudades de México, Puebla, Oaxaca, Cuilapan, Guadalajara y Monterrey. Habló ante el cuerpo diplomático acreditado en nuestro país, campesinos, obreros, empleados, universitarios, religiosas, familias, enfermos, seminaristas, sacerdotes diocesanos y religiosos, polacos radicados en México y ante los asistentes a la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se realizó en la ciudad de Puebla a partir del 28 de enero.
En el segundo viaje estuvo en Aguascalientes
El segundo de sus viajes, durante el que pronunció 26 mensajes, arrancó el 6 de mayo de 1990 en la Ciudad de México. Ese mismo día beatificó a Juan Diego en la Basílica de Guadalupe.
Un día después, el 7 de mayo, estuvo en Chalco y después se dirigió a la ciudad de Veracruz, en cuyo malecón ofició una Misa.
El 8 de mayo saludó a la población de la diócesis de Aguascalientes en el aeropuerto, para continuar su viaje a San Juan de los Lagos y por la noche reunirse en la ciudad de México con el cuerpo diplomático acreditado en nuestro país.
En este segundo viaje, el Papa estuvo el 9 de mayo con los detenidos del Centro de Readaptación Social de Durango, ciudad en la que también se reunió con empresarios y después con los fieles convocados a la Catedral.
El 10 de mayo celebró la Palabra ante las familias reunidas en la ciudad de Chihuahua, y ese mismo día, pero más tarde, habló en Monterrey a obreros y trabajadores.
El 11 de mayo estuvo en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y en Villahermosa, Tabasco. De ahí voló a Zacatecas, para reunirse en la mañana del 12 de mayo con campesinos, mineros e inmigrantes. Terminó el día en la Ciudad de México, primero con los asistentes a la Conferencia del Episcopado Mexicano, y después con el mundo de la cultura. Se despidió de México el 13 de mayo.
En el discurso que pronunció ante los intelectuales, el Papa los exhortó a dar prueba de lucidez ante la complejidad en el que el mundo estaba inmerso tras los acontecimientos ocurridos en 1989 en Europa del Este (la caída del Comunismo).
Dijo: … “no podemos dejar de constatar que son muchas las incertidumbres del camino a seguir. Se están superando ciertamente no pequeños obstáculos, pero, al mismo tiempo, se descubre la ausencia de válidos proyectos culturales capaces de dar respuesta a las profundas aspiraciones del corazón humano”.
“Os toca – dijo a los intelectuales- cooperar intensamente para dar vida a un proyecto de desarrollo cultural que lleve a los pueblos de Latinoamérica a esa plenitud de civilización, a la que deben aspirar”.
Y estableció como reto: “América Latina ha de reafirmar su identidad y ha de hacerlo desde sí misma, desde sus raíces más genuinas. Las diversas dificultades que la afectan, de orden económico, social, cultural, deben ser resueltas con la colaboración y el esfuerzo de sus mismas gentes”.
El tercero, un viaje corto
En su tercer viaje a nuestro país, Juan Pablo II sólo visitó la ciudad de Mérida, donde el 11 de agosto de 1993 tuvo un encuentro con comunidades indígenas de América y con fieles reunidos en la Santa Misa que encabezó en la capital yucateca. Se le despidió en el Aeropuerto Internacional de Mérida un día después, y de ahí se dirigió a la ciudad de Denver en Estados Unidos, para encabezar la VIII Jornada Mundial de la Juventud.
Dos décadas después del primero, se da el cuarto viaje
En enero de 1999 se cumplieron 20 años de que Juan Pablo II pisara por primera vez tierra mexicana.
El 22 de enero de ese año de 1999 sería la cuarta vez, y así lo dijo: “Como hace veinte años, llego hoy a México y es para mí causa de inmenso gozo encontrarme de nuevo en esta tierra bendita…”
Si bien sólo estuvo en la Ciudad de México, los lugares en que se presentó (el autódromo Hermanos Rodríguez y el Estadio Azteca) permitieron el encuentro con cientos de miles de personas. Se despidió de México el 26 de enero en lo que se creyó que sería su última visita.
“Me voy, pero no me voy…”
Cuando Juan Palo II visitó México en 1999 se creyó que ese sería el último de sus viajes a nuestro país, ya que para entonces se hacía evidente el deterioro físico causado por la enfermedad de Parkinson.
Sin embargo, realizó un viaje más, el que sería su quinto y último a México. Vino a canonizar a Juan Diego en una ceremonia que tuvo lugar el 31 de julio de 2002 en la Basílica de Guadalupe.
El jueves 1 de agosto se dio el último acto oficial de Juan Pablo II en nuestro país, con la beatificación de Juan Battista y de Jacinto de los Ángeles. Después de pronunciar su homilía, sus palabras fueron: “Al disponerme a dejar esta tierra bendita me sale de muy dentro lo que dice la canción popular en lengua española: Me voy, pero no me voy. Me voy, pero no me ausento, pues, aunque me voy, de corazón me quedo. ¡México, México, México lindo, que Dios te bendiga!”. |