Por Arq. Cuauhtémoc García Ledesma.
Catedrático de la universidad Cuauhtémoc, Campus Aguascalientes.
Colaboración de la Universidad Cuauhtémoc, Campus Aguascalientes
En 1900 México era básicamente rural, con una población de 13.6 millones de habitantes, de los cuales sólo 1.4 millones vivían en 33 ciudades. Para el año 2000 el número de ciudades se elevo de 33 a 350, e igualmente impresionante fue el crecimiento de cada una de estas ciudades, principalmente de la ciudad de México que se expandió de 345 mil habitantes en 1900 a 18 millones en el 2000, convirtiéndose en la segunda megaurbe del planeta, después de Tokio.
En 1930, sólo la capital tenía más de 1 millón de habitantes, pero al final del siglo XX se le agregaron otras ocho metrópolis que superaron esa cifra: Guadalajara (3.7 millones), Monterrey (3.2), Puebla (1.9), Toluca (1.4), León (1.3), Tijuana (1.3), Ciudad Juárez (1.2) y Torreón (1). La característica principal del sistema de 350 ciudades en el 2000 fue la elevada preeminencia de la ciudad de México, cuyo máximo dominio había sido en 1950 cuando fue 7.1 veces mayor que la segunda, pero en el 2000 aún era casi cinco veces mayor que ésta y absorbía 35.4% del total de la población urbana nacional.
Al final del siglo XX se visualizó nítidamente la transformación de un sistema urbano preeminentemente monocéntrico, con la ciudad de México como polo principal, a otro policéntrico de aún mayor nivel de concentración, donde destacan nueve metrópolis con más de 1 millón de habitantes. De las cuales Puebla y Toluca, al igual que Querétaro y Cuernavaca, están fuertemente articuladas a la megalópolis de la ciudad de México, la cual seguirá expandiéndose en la medida que vaya incorporándolas durante las primeras tres décadas del Siglo XXI.
Pero esto no sucede solo en México; en todo el mundo existe la tendencia hacia la conurbación de las ciudades y a que la población se concentre en unas cuantas ciudades con una buena economía de mercado.
Lo anterior nos lleva a suponer que para el Siglo XXI existirá una falta de suelo, tanto urbano como agrícola, ya que las ciudades al crecer lo hacen sobre el suelo agrícola. Lo que nos obligará a la construcción de edificios cada vez más altos, pero no solo para habitación y oficinas, sino que por la falta de terreno, la mayoría de las instalaciones tendrán que construirse verticalmente, como escuelas y universidades, comercios, industrias, e incluso la producción agropecuaria. Probablemente se llegue a los “edificios ciudades”, o los “barcos ciudades”, que ahora nos suenan a ciencia ficción.
Actualmente existen propuestas para que la producción agrícola se traslade a las zonas urbanas, mediante la construcción de granjas verticales, y a construir industria ligera en edificios verticales; estas propuestas están fundamentadas en el supuesto que para la primera mitad del Siglo XXI, un total de dos tercios de la población mundial (aproximadamente 6,000 millones de personas), vivirá en ciudades y que se requerirá un aumento aproximado del 70% de la producción y se tendrá una escases de terrenos para hacer frente a esta demanda.
Algunos despachos de arquitectos ya han comenzado a proyectar granjas e industrias ligeras, como pudieran ser talleres de costureras agrupados en edificios, donde compartirían los almacenes y los servicios, e incluso podrían compartir las oficinas. Y por supuesto son edificios sustentables donde se propone tener producción de energía, captación de agua de lluvia, tratamiento y reutilización de aguas residuales, etc.
Como puede apreciarse, la arquitectura tendrá mucho que aportar en los años futuros. |