La Arquitectura, a diferencia del resto de los géneros artísticos, satisface la primordial necesidad humana de seguridad. En la prehistoria, los edificios ofrecían protección ante el clima y los animales salvajes; sin embargo, también las necesidades espirituales y anímicas jugaron y juegan un papel primordial en la construcción, de tal forma, que en donde habita el ser humano se crean una serie de testimonios de su forma de vivir, de construir modificando el espacio exterior y creando pueblos y ciudades, o ambientes artificiales.
Así pues, mucho se puede conocer sobre el pensamiento y el sentimiento, tanto de los habitantes, como de los constructores de un edificio, a partir de la configuración, de la relación entre el espacio interior y el exterior.
En ocasiones, basta con preguntarse: ¿los muros exteriores están hechos de materiales gruesos o son de cristal?... Los portales, las escalinatas, los antepatios ¿marcan una apertura o un distanciamiento?.
Además, se plantean otras cuestiones: ¿quién mandó construir... quién dirige la obra... para qué o para quién fue hecha... de qué manera fue construida... con qué materiales...?
Resulta claro que no todas las construcciones de asentamientos humanos son representativas, ni pretenden impresionar por su magnitud, volumen, estilo o decoración. Sin embargo, en su conjunto reflejan inequívocamente el espíritu de su época, o como mínimo, el pensamiento de su arquitecto y de su mecenas. Además, manifiestan, más que cualquier otra creación humana, la manera en que los hombres se relacionan y conviven, sus costumbres y preferencias. Por lo tanto, la construcción es un acto social que casi siempre se realiza en público.
Así pues, no es casualidad que la historia de la arquitectura, entendida como construcción, esté marcada o definida por obras religiosas. Tal y como muestra la historia, la religión atiende a las que quizá sean las necesidades espirituales más importantes de los humanos: conferir un sentido más elevado a la propia existencia, explicar lo misterioso o la existencia de un ser superior y de la muerte, tal vez con la esperanza de una vida posterior, de un renacimiento o resurrección.
Es así como la arquitectura llega a concebirse como un acto social que además de describir el acontecer de la historia del ser humano, salvaguarda el arte y lo enaltece, para beneplácito de toda la humanidad. |