Hay siempre en la política una ola de esperanza que termina en un frente frío, si es que la comparación cabe. Con Luis Armando, las veladoras populares estuvieron prendidas desde el inicio de su sexenio: un tipo bien parecido, inteligente, con porte y personalidad, que avasalló en las urnas en el 2004 para convertirse luego en un político que cerró su ciclo entre luces y sombras, entre pairos y derivas, como dijera el trovador Delgadillo.
Este escarmiento democrático sucede y ha sucedido desde la historia romana, y sucederá así con esta democracia incompleta, a menos que algún día encontremos una forma de exigir más que con un “periodicazo” o con un chantaje a lo interno, como suele suceder. El día en que el político sepa que si no cumple en verdad se va a la cárcel, ese día los políticos pensarán dos veces antes de comprometer sus palabras y sus gobiernos.
Luis Armando se va y no pasa nada, pues como lo dijo en su programa de despedida “El gobernador contigo”, “…soy un hombre con suerte…” Refiriéndose a que es el que en menor tiempo pudo ser gobernador, “no como otros políticos profesionales” (quizás refiriéndose a su archienemigo Martín Orozco), y además dijo, pude instalar mi propia visión de gobernar.
Habría que recordarle que cuando lo eligieron, no esperaban que impusiera su propia visión de gobierno, sino que escuchara las voces de la sociedad para proponer la mejor visión para todos, pero bueno… ya para qué. A mí, me estorba ahora mismo, un estadio, un equipo de futbol lleno de corrupción, una pista de carreras, un velódromo y el despilfarro de un proyecto turístico que parece no tener rumbo. No sé a Usted, pero pienso que este gobierno reprobó su proyecto social, aunque seguramente el proyecto personal fue superado ampliamente respecto de las expectativas iniciales.
Por el lado de Carlos Lozano, otra vez vuelve a cundir la esperanza, misma que esperamos no se vea derrotada en el 2016 por lo mismo que ya dije antes, ya que entonces la gente otra vez diría: muy mal, nos equivocamos, etc., etc.,.
De Carlos, la fe que tienen las generaciones de los 60’s, es decir aquéllos que han superado los 50 años, es que traiga otra vez el progreso, ese que según algunos se fue cuando cambiaron las manos del poder. Si la gente supiera...
El progreso no se va ni regresa como los patos canadienses en invierno, o los marchantes de la feria de las calaveras. El progreso es la característica de una persona o de un sector social, y depende estrictamente del esfuerzo, la constancia y la mira hacia adelante puesta en las necesidades de todos.
Espero que al nuevo gobernador escuche todas las voces, pero no solo escucharlas, sino tomar buenas ideas aunque no provengan de su gobierno, para la mejora de Aguascalientes.
Los políticos actuales deberían distinguirse por dejar de lado la verborrea discursiva y la demagogia material. Hoy se requieren proyectos inteligentes, no solamente maquiladoras. Hoy necesitamos gente capacitada, no empleados “comisionados” ni otros que, un siglo después, esperan que les “haga justicia la revolución”. Hoy se requiere de estudiar los problemas y en base a ello proponer soluciones, no dar respuestas desde el escritorio.
Hoy necesitamos gobernantes que comulguen con la transparencia, pero más con la decencia. Hoy no queremos escándalo, queremos iniciativa. Hoy la gente pide desarrollo social y humano, no despensas o láminas. Hoy exigimos más, por ello, sabemos que el gobierno entrante se lo pensará dos veces antes de querer construir otro estadio.
Le deseo lo mejor al nuevo gobernador, y espero que todo su equipo de trabajo, se dedique a eso a su trabajo.
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