En realidad, este mundo actual. Este mundo posmoderno, es feminista. Las mujeres han llegado a un punto que no soñaron hace medio siglo. Hoy, prominentes empresarias dirigen los destinos de la economía. Es el caso de Mariasun o María Asunción Aramburuzabala Larregui de Garza, flamante directiva de Grupo Modelo entre otras empresas, quien ha descubierto al papel de ser mujer, con un perfil de exitosa sin perder el toque de la elegancia y la feminidad.
Asimismo, en el ámbito internacional se podría mencionar a la presidenta de Argentina apenas viuda Cristina de Kirchner, quien ha conducido la política de un país entero. Las mujeres están en todo y con todo. Y sin embargo, queda mucho por hacer.
Las mujeres están de moda y como dice la canción de Edgar Oceransky “…si existiera un Dios, preferiría que fuera mujer, y así hablarle de tú y de ti y que me aconsejara. Preferiría que fuera mujer y que fuera mi amiga…” porque yo me considero admirador de las mujeres.
En fin, el mundo del buen feminismo, ese no radical y equilibrado, ese que busca privilegiar los talentos de la mujer a su máxima expresión, antes que tratar de aplastar a los hombres en cualquier campo, ese mundo ha perdido a alguien muy especial y que merece ser nombrada. Me refiero pues a Jutta Burgraff, esta filósofa, teóloga y pedagoga, que habló siempre del lugar de la mujer y la necesidad de educar para incluirlo con dignidad en la sociedad.
Jutta Burggraf nació en Hildesheim Alemania en 1952. Estudió Pedagogía, psicopedagogía y Teología. Su desempeño en el tema del feminismo ha sido fundamental e importante, tanto en la investigación teológica sobre la temática femenina como en los argumentos para la vida matrimonial y la vida de la mujer de familia y el trabajo.
Su influencia permite reconocer los cambios ideológicos en la vida social, a partir de la inclusión del feminismo. El feminismo argumenta “…ha cambiado profundamente nuestra convivencia, tanto en la familia como en la sociedad.” Concluyendo que estos cambios que podrían tener en un momento determinado un sustento ideológico y de justicia, terminaron por convertirse en armas destructivas por aquellos radicales que sugieren la anarquía de los equilibrios hombre-mujer, para competir en un sistema de mercado que no tiene entrada ni salida.
Es pues su colaboración, un conocimiento que se toma en serio. Y su fallecimiento repentino deja un hueco difícil de llenar.
Hacen falta feministas como Jutta y hombres que admiren a las mujeres y las respeten. Por lo pronto, debemos seguir construyendo una sociedad más equilibrada y más integradora de los distintos talentos tanto de mujeres como de hombres, así como Jutta Burggraf lo hizo en vida, cuyos pensamientos permanecerán a lo largo del tiempo. |