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La alegrÌa de servir

Espíritu de servicio:
actitud que se aprende en casa

  • Un tesoro que tenemos aún en México
  • Hacer pequeños servicios que ayuden a los demás
Aguascalientes, MÉXICO, a 27 de abril del 2010

 

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Por Carlos Fonz

Tengo unos amigos españoles viajan a México con frecuencia para pasar aquí sus vacaciones. Desde que planean el viaje contratan con líneas aéreas mexicanas, aunque en ocasiones encuentren mejores tarifas por compañías de otros países. Una vez les pregunté por qué les gusta América Latina y en concreto México , y me respondieron algo que me dejó pensativo:

  • Es que aquí encontramos gente que sonríe, y que cuando pides algo en el hotel, en el restaurante, en el taxi o donde sea, te responden ¡”Con mucho gusto”, o “Me da gusto atenderles”, o frases parecidas. Esto no es frecuente verlo en los países europeos.

No saben la riqueza de contenido, me dicen, que encierra una mentalidad así: son personas que se desviven por atender, por ayudar, por hacer que el huésped o el paseante se sienta contento aunque en lo personal implique un cierto afán o un trabajo adicional.

Ni se te ocurra pedirlo, te dirá que no

Hace poco tuve ocasión de comprobarlo en un viaje de pocos días a un país europeo donde me reuní con varios colegas. Sucede que al final de una sesión de trabajo decidimos irnos a cenar todos a la cafetería del hotel, pero surgió un problema: el grupo rebasaba la capacidad de una mesa. Sugerí pedir al personal que nos juntara otra mesa para así dar cabida al grupo, pero uno de mis colegas me hizo cambiar de idea al decirme que eso era imposible, que el personal no está dispuesto a salirse de lo que tiene establecido y que mejor ni lo pidiéramos.

Recordé que en otro viaje nos ocurrió lo mismo en un restaurante de carretera en ese mismo país y cómo prácticamente nos echaron por atrevernos a pedir algo que no está en el esquema. En esa ocasión tuvimos que seguir hasta ya tarde en la noche llegar a nuestro destino al final del día cansados y hambrientos.

Una cena memorable


En esa ocasión con el agravante de que en el pueblo donde pasaríamos la noche ya habían cerrado los restaurantes y no había manera de ahuyentar el hambre como no fuera con bolsitas de cacahuates que compramos en una máquina automática. Finalmente el problema se resolvió cuando encontramos a un encargado de bar con espíritu de servicio que nos dijo:

-No dispongo ya de alimentos, pero en unos minutos les puedo ofrecer tortillas de huevo con baguette. Y pidió a su casa que le mandaran elementos de la despensa para atender a esos viajeros hambrientos.

No recuerdo un omelette tan sabroso como el que cené en ese bar de pueblo luego de un largo y cansado viaje por carretera. Y entre las cosas que me han hecho regresar a aquel país ha sido el recuerdo de ese buen samaritano que se apiadó de nosotros y lo hizo de tan buen modo que pese a las limitaciones, aquella cena es memorable.

Y es que el espíritu de servicio restaura espíritus, revive de cansancios, permite cargar baterías para seguir con la vida diaria. Desde entonces recordamos en familia esa anécdota y estoy seguro que a todos nos ayuda a esforzarnos más en el espíritu de servicio que es indispensable en cualquier casa y que se manifiesta en detalles tan pequeños como poner la música que les gusta a los hijos y que ellos se decidan a poner la que nos gusta a los padres, en servirle a alguno la bebida preferida, en acompañar mientras cena al que tuvo que llegar tarde por cuestiones de trabajo, o en no ocupar el mejor lugar de la sala para ver una película y dejárselo a otros.

Me sorprendo al comprobar que en los barrios, pueblos y ciudades de México, existe el afán de servir que se aprecia en la respuesta a la pregunta que se hace en la calle por una dirección, o en el auxilio ante alguna avería mecánica o en una necesidad momentánea.

Esa actitud es una de las grandes riquezas de los países latinoamericanos. Cada vez más visitantes aprecian el gesto y regresan a gastar sus ahorros y pasar sus vacaciones aquí.

Pues esas actitudes se aprenden de manera natural en la familia y después surgen de manera espontánea en la universidad, en la empresa, en la vida pública. El servicio es una de las profesiones y de las actitudes más nobles que existen. Finalmente todos tenemos que servir, ya que de no hacerlo así seríamos inservibles.

Enseñar a hacer y a pedir pequeños servicios


Pedir pequeños servicios a los hijos no los afecta en nada y hacer nosotros ese tipo de servicios en casa lejos de humillarnos nos llena de satisfacción. Incluye el hecho de que podamos hacer algo concreto y específico para ayudar a las personas que ayudan en el trabajo de la casa: alguna gestión, un consejo, una sugerencia, un encargo… en fin, que hay mil maneras de demostrar que todos podemos ser útiles a los que están cerca de nosotros.

Porque no hay mejor aditivo para el buen ambiente en el hogar que el espíritu de servicio. Todo es cuestión de decidirse a iniciar esa cadena de atenciones y detalles, ya que posteriormente los hijos habrán de continuarla y el ambiente se llenará de optimismo y de alegría.

Pocas cosas son tan grandes motivos de alegría como el hecho de saber que se es útil.

 
 
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