California, uno de los estados de la Unión Americana que inició el consumo masivo de la marihuana en los años 70´s., probablemente se oponga a que ese consumo se convierta en algo legal en su territorio. El 2 de noviembre, día que en México se celebra a los muertos, en el estado más rico de nuestro vecino del norte, sus ciudadanos decidirán si permiten legalmente consumir ese producto o continúa su prohibición.
Al parecer, según encuestas realizadas hasta ahora, los votantes por el No pudieran superar con amplitud a los que están a favor de que su consumo sea legal.
Los argumentos para que sea legal el consumo son básicamente de orden monetario: actualmente, la encarcelación de los detenidos por esa causa cuesta al estado de California el equivalente a unos 4,000 millones de pesos anuales.
En caso de considerarse legal el consumo, se dejaría de gastar esa suma y se pudieran cobrar por impuestos al consumo algo así como 18,000 millones de pesos al año.
Pero el asunto no sólo tiene implicaciones económicas, o mejor dicho, medirlo solamente por el ahorro que supondría o por la probable recaudación sería un planteamiento simplista.
Organizaciones de negros se oponen a ella, a pesar de que en la actualidad casi la mitad de quienes purgan condenas por ese motivo son justamente de raza. Argumentan es que el hecho de legalizar su consumo llevaría a incrementarlo, lo cual, dicen, tendría efectos desoladores para la población de color, especialmente para aquéllos menos favorecidos por la fortuna.
Y es que una de las consecuencias de la legalización sería la inmediata baja de precio del alcaloide, con lo que el consumo quedaría más al alcance de grandes sectores sociales, con las inherentes consecuencias entre quienes de alguna manera pueden considerarse como marginados sociales en ese estado.
Por ello mismo, asociaciones de latinos o de hispanos se han manifestado igualmente contra la aprobación, ya que se dan cuenta de que esa sería otra de las comunidades más afectadas con la legalización.
Y al unirse estas dos fuerzas sociales, su influencia es muy alta. No hace mucho tiempo demostraron ya el músculo que tienen al ser factores determinantes de que se revocara el matrimonio entre homosexuales. Pues ahora, a poco más de tres meses del referéndum para legalizar lo que se ha llegado a considerar como la puerta de acceso a las drogas duras, la marihuana pudiera enfrentarse a la oposición de las comunidades que han sido ya las más afectadas por el consumo: los negros y los de origen latino, especialmente hispanoamericanos, con alta preponderancia de inmigrantes de origen mexicano.
A todos aquéllos que parecen promover que se legalice la marihuana para no afectar a negros e hispanos, ellos mismos parecen decirles “no me defiendas, compadre”. |