Por Carlos Fonz
En el grupo de matrimonios amigos que con cierta frecuencia nos reunimos para cenar, surgió el tema de los celos. Todo comenzó porque la hija de unos de ellos cortó recientemente con un noviazgo que en apenas un año se había convertido ya en una pesadilla debido a los celos de su novio.
A últimas fechas, la hija de mis amigos prácticamente ya no convivía ni con las amigas ni con las compañeras de estudios por la presión del novio. Las discusiones entre ellos comenzaron a ser frecuentes por reclamos tan simples como: "¿Por qué le saludaste a ese compañero de la universidad?" o "Te arreglaste mucho, ¿ a quien quieres impresionar?" … y otras por el estilo.
La situación llevó a esta joven a un estado de angustia que afortunadamente fue capaz de superar al romper la relación de noviazgo.
Los celos, lejos de ser una manifestación de amor, son expresión de una inseguridad enfermiza de quien los padece. Aunque en el noviazgo hay un compromiso tácito de mantener una fidelidad al otro, ese compromiso no es definitivo ya que el noviazgo es justamente la etapa para conocer a la otra persona. Los novios deben hacer lo posible para que el amor crezca y arraigue entre ellos mediante detalles de atención, de respeto y de afecto que los lleven a conocerse. Y desde luego que en esa relación de conocimiento se puede apreciar si con aquella persona se puede establecer un vínculo permanente, si tiene las condiciones para ser un compañero o una compañera para toda la vida, si es capaz de ser fiel, si podrá ser un buen padre o una buena madre de los hijos, y si se considera uno capaz de enfrentar la vida al lado de esa otra persona.
El hecho de ser novios, como tampoco el hecho de ser esposos, implican que aquella persona nos pertenezca. Indudablemente que el esposo es para la esposa, pero no se trata de una relación de posesión sino de una donación de amor que se da libre y voluntariamente cada día del uno para el otro.
Los celos , especialmente los casos extremos que en ocasiones llegan al ridículo y que se manifiestan tanto en el noviazgo como en el matrimonio, son por lo general manifestación de algo enfermizo y patológico, y más que el sometimiento pleno a sus caprichos, piden que la persona reciba una atención especializada para superar esa situación.
Además de ser manifestaciones de la inseguridad de una persona acerca de lo que es y de lo que tiene, por lo general esa persona suele ser también insegura en otros aspectos de la vida. Pero además, el celoso suele estimarse en muy poco y no se siente lo suficientemente inteligente, simpático o atractivo.
Y por si fuera poco, el celoso suele ser egoísta, manipulador, iracundo y con poco dominio sobre sus emociones.
Cuando desde el noviazgo se percibe en él o en ella una situación de celos llevados a la exageración, deben hablar de ello y convencer a la persona celosa que busque ayuda para superar esa patología, porque de no corregirla será imposible que haga felices a las personas que estén cerca. Y si aquella persona no muestra disposición para dejarse ayudar, lo mejor será alejarse cuanto antes ya que las situaciones en vez de mejorar tenderán a ser cada día peores.
Ni en el noviazgo, ni en el matrimonio ni en cualquier tipo de relación se puede ser “propietario” de otra persona, ya que cada uno es libre de pensar y de hacer lo que quiera. En el caso de los esposos, de manera libre hicieron el compromiso de quererse y respetarse toda la vida, pero esa decisión se formalizó el día de la boda, se refrenda cada día y se fortalece de manera libre.
En el caso de los novios, ya decíamos, hay el compromiso tácito de amarse y respetarse con vías a ver si esa persona conviene como esposo o esposa en el futuro. Pero ninguno se anula ni pierde su libertad o su voluntad: cada día se confirman en la decisión de conocer mejor a esa persona con la que pudieran compartir la vida.
En resumen: la hija de aquellos amigos hizo bien en romper su noviazgo con el celoso que no quiso dejarse ayudar. Una persona así suele ser fuente de conflictos y de problemas siempre, porque los celos (la inmadurez, la inseguridad, la baja autoestima) no se curan con el paso del tiempo. Es una enfermedad y como tal hay que atenderla.
|