Al colaborador en temas familiares de una revista sudamericana dirigida a la familia le pidieron escribir acerca de los factores de éxito del matrimonio y encabezó su artículo diciendo que si tuviera las claves secretas del éxito en la vida matrimonial, ya hubiera recibido el Premio Nobel.
Y es que la Academia Sueca concede anualmente premios generosamente dotados a quienes abogan por la paz en el mundo y en las naciones, pero ¿alguien duda que la paz en los hogares es tanto o más importante que la paz entre las naciones?
Algunos pensamos que si hubiera paz en los hogares, muchos de los conflictos entre países se resolverían cuanto antes o tal vez ni siquiera llegarían a darse, pues la familia es una escuela eficaz de actitudes que evitan o resuelven problemas pequeños y grandes lo mismo en las empresas, que en los países.
Dígame usted si no sería prudente un dirigente de empresa o un gobernante que tenga una actitud de comprensión, de saber ceder en pequeñas cosas, de ponerse en los zapatos del otro y de algo que va mucho más allá de la tolerancia que está de moda, y que se llama amor a los demás aunque no piensen como nosotros.
Las dificultades ayudan a fortalecer el proyecto común
Pues esas actitudes y esos valores que se adquieren y se fortalecen en la familia no son algo espontáneo. Esta misma semana, un amigo me comentó que en su casa plantó varios cactus y que a una de esas plantas le llega humedad del sistema que riega la otra parte del jardín que tiene pasto, en tanto que los otros reciben sólo el agua de lluvia y muy ocasionalmente algún riego ligero. Pasados los años, los cactus que apenas reciben agua están grandes, rozagantes, llenos de salud y fortaleza mientras que el que se riega con frecuencia está flacucho, pálido, enfermizo y sujeto al ataque de cuanta plaga aparece.
A veces pienso que con el matrimonio y con los hijos sucede algo parecido; los matrimonios más sólidos y los hijos más destacados son aquéllos que han pasado por dificultades y apuros de todo tipo: incomprensiones, enfermedades, estrecheces económicas, pero han tenido la capacidad de resolver uno a uno esos problemas en lugar de enfadarse, ofenderse y separarse o divorciarse a las primeras de cambio en el caso de los esposos. Porque cuando no se es capaz de enfrentar la adversidad, se tiene la tendencia ante las primeras dificultades a salir huyendo de cualquier problema, la mayoría de las veces … para caer en un problema mayor.
Diferencias y puntos de vista distintos los habrá siempre, aunque se trate de evitarlos. Los expertos en cuestiones matrimoniales recomiendan ser previsores desde el noviazgo y antes aún, para no relacionarse en la medida de lo posible con personas de mentalidades y creencias tan diferentes que hagan imposible una convivencia estable y el logro de un proyecto común. En ese sentido, dicen con razón, que cuando se parte de mentalidades tan diferentes por el origen, la cultura, los valores, las creencias y los ideales resulta muy difícil que una sociedad, como es el matrimonio, tenga éxito. Y hay muchos casos que lo demuestran. Pero eso lo trataremos en una próxima ocasión.
Sin embargo, todos sabemos que tampoco es garantía el hecho de que las personas que se unen en matrimonio sean de la misma ciudad, tengan las mismas creencias, costumbres parecidas y vengan de estratos culturales o económicos similares. Aún así siempre habrá entre ellos una gran diversidad.
Los factores de éxito son otros: el entendimiento, el apoyo...
El factor de éxito del matrimonio está más bien en otras cuestiones. Por ejemplo, en que logren ponerse de acuerdo en aspectos básicos de la convivencia, en que exista la confianza entre ellos, en que no se dejen llegar lejos las diferencias y los enfados, en que haya sinceridad.
Cuando no se ofende a la otra persona al reclamarle algo que no nos gustó o que no entendemos de su comportamiento, cuando los conflictos pequeños se resuelven de inmediato o antes de que pase el día, cuando se es capaz de decirle lo que consideramos que está mal y lo decimos en un tono moderado, sin enojo y sin aumentar la magnitud del problema, entonces estamos en camino de resolver esos conflictos y de consolidar el matrimonio día tras día. Algunos recomiendan no dejar que los enojos vayan más allá del momento en que cualquiera sale de la casa, porque no hay certeza de que se regresará. Y desde luego no dejarlos para mañana, ya que tampoco hay la certeza de que se despertará al día siguiente.
Lo grave es dejar los problemas sin atender
La permanencia del matrimonio por años se consigue a base de pequeñas victorias diarias sobre los pequeños problemas diarios, que de esa manera nunca los dejamos llegar a ser grandes. Y desde luego, el matrimonio se templa con las dificultades de cualquier tipo: económicas, de salud, de desempleo.
Pensar que todo en la vida del matrimonio es fácil es ilusorio y especialmente en nuestro tiempo. No tenemos que salir a buscar las dificultades, ya que ellas se encargan de buscarnos a nosotros y nos llegan de todo tipo. Pero eso no significa el fin del matrimonio, sino el principio de un entendimiento sólido, bien cimentado que permitirá edificar encima una casa capaz de resistir después cualquier embate. Por ello, no tengan miedo de que los problemas y dificultades se presenten a diario.
Lo peligroso de esos problemas y dificultades es rehuirlos y dejar que se acumulen sin resolverlos. |