Recuerdo claramente cuando el 20 de julio de 1969, mis hermanas y mis padres veíamos en la pantalla del televisor en blanco y negro las imágenes del primer hombre que llegaba a la luna. Había asombro, silencio y admiración y durante muchos años seguí con verdadera pasión e interés cada uno de los vuelos espaciales que rusos y norteamericanos realizaban, soñaba con ser astronauta y algún día poder viajar a la luna, a Marte, a las estrellas.
El accidente del transbordador Columbia ocurrido el 1 de febrero del 2003, debido a la vertiginosa velocidad que los medios de comunicación dan a los sucesos, nos parece ya lejano, y sin embargo, en su momento fue una noticia de gran impacto y de importancia mundial, que por un instante nos obligó a volver los ojos al cielo, a pensar en los vuelos espaciales y acaso intuir que allá arriba hombres y mujeres también están construyendo el futuro.
La serie de transbordadores que iniciaron sus vuelos en 1981 representa la cúspide del desarrollo de la aeronáutica, en un lapso que cumple un poco más de 40 años. Su construcción significó en la historia de las naves espaciales la posibilidad de despegar como cohete y aterrizar como planeador. Su capacidad de carga les ha permitido transportar hasta 12 pasajeros, sondas o satélites y hasta un laboratorio espacial y permanecer en órbita desde una semana hasta un mes, para en dos semanas estar listos para despegar nuevamente.
El mayor proyecto en la aplicación de la ciencia y la tecnología
Con más de 20 años, la serie de transbordadores Columbia, Challenger, Atlantis, Discovery y Endeavour, han colocado docenas de satélites en órbita y otros se recuperaron para repararlos. Se han lanzado varias sondas interplanetarias para explorar los planetas Venus y Júpiter. Se instaló el telescopio Hubble, el más poderoso con que actualmente el hombre observa el espacio y se ha estudiado el comportamiento del cuerpo humano en preparación a futuras largas travesías espaciales.
Estas naves han sido el lugar donde científicos, técnicos y especialistas de diversas partes del mundo han desarrollado múltiples investigaciones de carácter científico y seguramente algunos de ellos serán de carácter militar y de seguridad nacional. Otra importante función de los transbordadores ha sido su vital papel como abastecedor de toneladas de materiales para la construcción de la Estación Espacial Internacional, la cual es sin duda en este momento el más audaz y visionario proyecto que el hombre ha emprendido en la aplicación de la ciencia y la tecnología.
Pero, ¿Qué aportan estas misiones al hombre?, ¿Cuál es la importancia de los viajes espaciales?
Impulso al desarrollo del conocimiento humano
Cuando la Unión Soviética, el 4 de octubre de 1957 lanzó el Sputnik 1, el primer satélite artificial que orbitó la Tierra para sorpresa de todo el mundo, significó un impulso sin precedentes en el desarrollo del conocimiento humano, dado que inició así una era de importantes descubrimiento científicos e innovaciones tecnológicas
Derivado de la investigación espacial, actualmente gran cantidad de productos se elaboran en el sector industrial, están presentes en nuestra existencia cotidiana: el radio de transistores, las calculadoras ligeras, métodos de conservación de los alimentos y sistemas de medidas. Así como la generación de nuevos productos como las instalaciones eléctricas, medicinas, procedimientos de soldadura, medios de comunicación, entre otros.
Estos productos y tecnologías se emplean en diversas industrias, entre las que se pueden señalar: la electrónica, de los metales, de la maquinaria, de la cerámica, de la construcción. Y la generación de nuevos productos como: carburantes, materiales sintéticos, textiles, entre otros.
Se ha acentuado la inminente revolución técnica que resultará del disfrute de fuentes de energía compacta y ligera desarrolladas para los viajes espaciales, las cuales sirven para alimentar a diversas máquinas, medios de transportes y en sistemas de iluminación y calefacción.
Los viajes espaciales han significado también la posibilidad de poder dar fin a ciertos nocivos hábitos industriales que llevan a la producción de bienes de consumo de breve duración, lo cual está en evidente contraste con los productos que requiere la industria astronáutica, encaminada a fabricar objetos de alta resistencia, duraderos y que ofrezcan gran seguridad.
A la memoria de los astronautas del transbordador Columbia: Rick H. Husband; William C. McCool; Michael .Anderson; David M. Brown; Kalpana Chawla; Laurel Clark; Ilan Ramon. |