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Hacia una gran presidencia
2013-01-09

Aguascalientes, Ags.- Por buenas y malas razones, los norteamericanos no son precisamente la nación más querida en el mundo; menos aún sus gobiernos ni, muchísimo menos, con escasas excepciones, sus presidentes. Pero es probable que Barack Obama vaya en camino de ser muy bien valorado cuando se escriba la historia de su presidencia.

Aunque seguramente contarán de manera importante las singularidades de su biografía y lo que ella simboliza en el siempre acariciado sueño americano, Obama parece estar demostrando que el oficio presidencial es, ante todo y sobre todo, un oficio de política profesional pura y dura, pero que parte de algo más.

Obama ha tenido desde el principio una idea muy clara de que el rasero con que la historia mide a los estadistas, en especial en tiempos críticos, reside en la capacidad de ofrecer una visión compleja y de largo aliento y de encarnar un liderazgo que permita alcanzarla. Es decir, no está en la tesitura de sólo saber manejar o administrar problemas —la crisis financiera y sus secuelas; el retiro de tropas de escenarios de guerra o la mayor polarización social y política dentro de la sociedad americana— sino de condensar cada uno en la idea de que, por encima de ellos, hay una misión que cumplir y es conducir al país en un siglo y un contexto global e histórico, cuyos perfiles aún son poco claros.

No es menor que Obama, como recuerda la revista Time (diciembre 31, 2012/enero 7, 2013), sea el primer demócrata desde Franklin D. Roosevelt que haya ganado con más del 50 por ciento de los votos en elecciones consecutivas o con una alta tasa de desempleo o en medio de cambios demográficos y culturales inéditos en el tejido social de EU.

Hacer una presidencia exitosa y eficaz requiere, ciertamente, una visión poderosa, un enorme talento ejecutivo, un diseño conceptual que le dé sustancia a las acciones y, por supuesto, una gran capacidad de operación política.

En la entrevista que Obama dio a Time, que lo nominó en diciembre pasado como el personaje del año, se le pregunta lo que sintió al ver Lincoln, la recientemente celebrada película de Spielberg. Obama responde: “Lo que Lincoln nos enseñó es que debemos intentar alcanzar nuestros más altos ideales, y es algo que implica un gran trabajo moral, requiere compromiso y que nos ensuciemos las manos. Hay ventajas y desventajas (tradeoffs) y hay cesiones…Y lo que hace excepcional a un presidente es su capacidad para equilibrar algunas verdades eternas con el hecho de que vivimos en el aquí y ahora, y ese aquí y ahora es desastroso y difícil”.

Una buena política, es decir, aquélla que se realiza hoy pero que sabe que sólo recogerá las nueces en el largo plazo, suele ser la más intensa, la más perdurable y la que recogerá positivamente la historia.

Obama parece ir en esa dirección.

 

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Reproducido con autorización del periódico La Razón
 

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