Lienzo de flores en tu cuerpo dibujo
de Salvador Pliego
Del lienzo emerge tu cuerpo
esbelto, bello, impredecible.
Pinceladas de agua en aceite.
Brochas de púrpura beta.
Niqueladas marmóreas
de paisajes y curvas.
Te quedas pintada en la orilla del alma,
del pecho excelso donde pinto las obras,
y te extraigo de noche
para darte un toque
cual devoto maestro,
perdurando la esencia
de un supremo deleite.
Entonces disfruto la noche
pincelándote el alma,
olvidando la brocha
y seduciendo el retoque.
Lienzo que vibra
en la superficie misma
de mis agonías.
Cuadro de ensueños
pintado en el lecho
de la tela mía.
Lienzo perfecto
en que brega mi alma
pintando su dicha,
como la caricia misma
deleitándose en la obra viva.
Lienzo del alma,
de tu alma encendida.
Cuadro sublime tejido brotando en mi entraña.
Dibujo singular del alba prendida,
de la lira atrapada que musicaliza
mi mente embebida.
Obra perfecta
en mis manos pulida.
Del alma, la noche encendida.
Disfruto los trazos
de un óleo impecable,
cerdamen plasmado
en un rostro afilado.
Te bebes colores, te nutres de amores.
Irrumpes en besos, pigmentos de azahares.
Brotas del lienzo a mis ansiedades.
Devoras gemidos.
Atrapas movimientos fieros, voraces,
e incalculables.
Avivas las ansias de mis tosquedades.
Devuelves tintes de tus mocedades,
frenéticas auras de tus voluntades.
Atrapas los mares en cinceles dorados.
Engulles el roce mezclada en mi ego.
Te diluyes entera bajo mi cobijo.
Y un solo respiro te vuelve a mi nido,
estampando en mi alma
el más bello lienzo jamás redimido:
tu cuerpo de óleo en satín florecido. |