Varias son las ciudades brasileñas que han dado al mundo ejemplo de que mucho se puede hacer cuando la sociedad y el gobierno caminan de la mano en lograr el éxito de proyectos definidos en común acuerdo. Basta con mencionar a Brazilia, Curitiba y Piracicaba.
A estas tres ciudades está por sumarse Río de Janiero, cuya sola mención evoca tres imagénes. La primera es el famoso Carnaval que cada año marca el comienzo de la Cuaresma. Otra, más reciente, es que en el 2014 será sede del Mundial de Fútbol y en el 2016 de las Olimpiadas. Y la tercera, que dista de la espectacularidad de las anteriores, son las “favelas”, esos barrios que son el vivo retrato de la pobreza en aquellas latitudes.
El gobierno de Río de Janeiro ha lanzado un ambicioso proyecto urbanístico para resolver un problema que empezó a gestarse hace casi 200 años, cuando familias enteras comenzaron a levantar construcciones que difícilmente pueden llamarse viviendas en las laderas de los montes.
Tan sólo en Río de Janeiro, en estos espacios conocidos como “favelas”, viven hoy alrededor de un millón de personas. Se estima que en todo Brasil, las favelas albergan a unos 5 millones de individuos.
El proyecto para transformar a las favelas en lugares dignos para vivir, contempla duplicar el presupuesto anual que se destina a la cultura, para abrir en esas zonas marginadas espacios que acerquen a la población de todas las edades a actividades culturales.
Esos espacios no sólo serán lugares donde el gobierno patrocinará eventos musicales, teatrales, cinematográficos y dancísticos, sino contarán con la participación activa de sus habitantes que ya se están organizando para participar en estas expresiones del Arte.
“No queremos que las favelas sean consideradas como una zona independiente de Río de Janeiro, sino como parte de la misma, y para ello hay que reconstruir esta comunidad”, expresó hace unos días el encargado de las cuestiones culturales de la ciudad. |