Mucho ha sido el interés que se ha generado en torno a la boda real, la unión del príncipe Guillermo con Kate Middleton. La historia, que parece sacada de un cuento de hadas, ha llamado la atención de millones de personas alrededor del mundo.
¿Qué vestido usará la novia? ¿Qué tiara? ¿Quiénes están invitados al evento? ¿Cuál será el gasto final?, éstas son sólo algunas de las preguntas que la gente se hace. El evento, que se llevará a cabo el día de mañana –29 de abril– ha sido calificado como "la boda del año", y no es para menos.
Sin embargo, más allá de lo espectacular de la unión entre el príncipe y la joven, del revuelo mediático que ha causado y de la mercadotecnia que hay en torno al evento, subyace un tema de gran trascendencia que, no obstante, ha sido poco tratado: el de la permanencia de la monarquía en Reino Unido.
La boda real ha servido para reavivar el debate, entre monárquicos y republicanos, sobre el destino de la monarquía. ¿Tiene la monarquía un papel importante en la democracia moderna? ¿Debe permanecer, o se debe optar por la República? ¿Desaparecerá en el futuro o, simplemente, evolucionará? ¿Qué quieren los ciudadanos de Reino Unido?
Aunque las encuestas de opinión favorecen a la monarquía, existe un sector de la población que la desaprueba. El analista Gabriel Gatehouse, en entrevista para la BBC, afirmó que "las encuestas de opinión muestran que el apoyo de los británicos a la monarquía oscila entre el 70 y el 75 por ciento, y que éste se ha mantenido estable en tales porcentajes.
Por otro lado, continúa Gatehouse, existen activistas republicanos que esperan que "para 2025 la realeza haya desaparecido o esté en proceso de hacerlo".
De acuerdo con los partidarios de la república, la monarquía es incompatible con la democracia pues, al ser hereditaria, los ciudadanos no tienen la oportunidad de elegir a los monarcas. Los activistas republicanos creen además, según Gatehouse, que "el Reino Unido necesita arrancar la monarquía del sistema para lograr que los políticos sean más responsables de sus actos".
En contraparte, están aquellos que defienden la existencia de la monarquía. Phillip Blond –filósofo británico que realizó un escrito para la BBC– asegura que en la actualidad, el monarca usa el poder que tiene para "mantener a raya" las posibles arbitrariedades del primer ministro.
"El rey o la reina impone el bien común sobre el partidismo de las organizaciones políticas, protege del extremismo y del fundamentalismo de aquellos que sólo se aferran a sus creencias", aseguró.
Según Tristan Garel-Jones, político británico, "El monarca representa los valores permanentes en un país y además, al ostentar la jefatura del Estado, coloca a los políticos donde les corresponde estar –como servidores temporales de su país y su pueblo–".
El debate se amplía entre aquellos que son partidarios de la monarquía, pues algunos desean que quien suceda a la reina Isabel II sea el príncipe Carlos y otros, desean que sea su hijo, el príncipe Guillermo.
Se habla también de ciertas modificaciones a la monarquía, como la de eliminar la norma de que sólo el primogénito varón, y no el primogénito, será el rey.
Mañana es el gran día de la boda real, y el debate sobre el futuro de la monarquía británica está más vigente que nunca. Más allá de un espectáculo, la boda representa las dificultades que enfrenta este sistema en la actualidad, sobre todo porque un sector de los contribuyentes no está dispuesto a mantener los gastos de la familia real.
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