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José de Jesús CastellanosJosé de Jesús Castellanos:Licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva. Periodista desde 1968. Maestría en Desarrollo Humano y Diplomado en Filosofía Política. Catedrático universitario. Participa en diversas organizaciones sociales.
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México, secuestrado por el Estado
 
  Por José de Jesús Castellanos  
Aguascalientes, MÉXICO, a 27 de septiembre del 2010
 

Estamos por terminar el mes de la patria. Conmemoramos el inicio de la lucha por la independencia de la Nación, que engendrada en el remoto 1531, a través del tiempo fue moldeándose con una personalidad propia, mestiza física y culturalmente. La nación mexicana fue creciendo poco a poco. De la mano de la España del Siglo de Oro abrevó saberes y valores que gracias a la labor misionera incorporaron también el sentir y el querer de los indígenas.

La conquista cruenta y el choque violento entre el español indígena hubieran terminado en una mala experiencia de no haber sido por el bálsamo religioso, que encontró en la Virgen de Guadalupe la figura maternal de la reconciliación que parecía imposible.

La aparición guadalupana de 1531 fue el momento fundante de la nación. Católicos o no, quienes intentan profundizar en el ethos nacional no pueden menos que reconocer que el guadalupanismo vino a penetrar y configurar la esencia nacional. El ser mexicano se fue moldeando así a través de la historia para generar una cultura propia de múltiples expresiones pero diferenciada de otras, no igual en toda la geografía nacional, pero siempre hermanada en las particularidades regionales que se nutren del pasado indígena.

En 1810, el padre Hidalgo no llamó a fundar la nación mexicana, sino dio el primer paso para luchar por su independencia. La nación ya existía, pero a diferencia de lo ocurrido con los Reyes Católicos, primero, y los Habsburgo, después, había dejado de ser parte de España, en unidad con ella. Sin quererlo, los Borbones contribuyeron a la formación de la conciencia nacional cuando dejaron de ver a los territorios novohispanos como una unidad con la Península y nos rebajaron al tratamiento colonial. El sentimiento nacional convivía, entonces, con el Estado Español, pero en una condición disminuida.

Así, pues, el territorio colonizado ya se fue configurando en el patrimonio de los nuevos nacionales, hasta convertirse en patria. Una patria disputada por un Estado que la poseía desde lejos, la explotaba, pero no la amaba. Así se produjo el divorcio entre la Nación, la Patria mexicanas y el Estado Español. Por eso llegó la lucha por la independencia. Los medios para alcanzarla no fueron consensados ni aceptados unánimemente, pues si bien los hispanos no querían la separación de España, los criollos y los mestizos coincidían en que era necesaria.

El grito de Hidalgo se enraizó en lo que representaba a la Nación, en lo que la unificaba: la Virgen de Guadalupe. Lo mismo Hidalgo que Allende recurrieron a Ella como primera bandera que nos congregaba. Las palabras del Cura Hidalgo no han sido repetidas siempre fielmente, pero intuitivamente están en el corazón de los mexicanos: “¡Viva la Religión Católica!... ¡Viva la Patria y viva y reine por siempre en este Continente Americano nuestra sagrada patrona, la Santísima Virgen de Guadalupe!” En esta expresión se concentró la conciencia de nuestra nacionalidad.

Pero así como el Estado Español secuestró a la Nación Mexicana, después de haberle dado vida, el Estado Mexicano ha oscilado entre la fidelidad a la nación y el respeto a la Patria. Alguna vez los voceros hablaron de “la disputa por la Nación”, y es verdad.

México ha vivido en un estira y aflora histórico, que ha fortalecido nuestro ser cultural, entre los que reniegan de los hechos fundantes de nuestra nacionalidad y por admiración o consigna de otros Estados u otras nacionalidades, han querido transformarnos y plantear nuevos “proyectos de Nación” que impliquen el abandono de lo que somos, para pasar a ser otra cosa. Por eso el Estado Mexicano, carente en ocasiones de la base nacional que lo sustente, vacila, se extravía e, incluso, ha llegado a la pretensión de implantar un nuevo secuestro de la Nación.

El Episcopado Mexicano publicó una carta pastoral titulada “Conmemorar Nuestra Historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra Patria”. En ella hace un llamado a la reconciliación necesaria para superar las divisiones del pasado. Las grietas que han surcado a la patria poniendo frente a frente a mexicanos en guerras fratricidas, han sido producto de la manipulación del Estado contra la Nación. La consecuencia de ello ha sido que la Patria, lejos de ser el territorio de nuestra prosperidad, ha sido regada con sangre y la pobreza la puebla.

La falta de unidad ha cobrado mucho a la Patria y nos tiene postrados. Por ello es urgente establecer la unidad con respeto y amor a la Nación lo mismo por parte del pueblo que del Estado, para que el grito actual que llena las voces: ¡Viva México!, no sea meramente gutural, sino que salga del corazón y lleve las voluntades y los corazones a la unidad.

Se reproduce con la autorización www.yoinfluyo.com
 
 
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